NZ: Las Wanakas - El rumbo no existe
Es martes 15 de junio. Estoy en el living de mi casa de turno. El roommate de Iván y Angie se volvió por un mes a la India, y su cuarto quedó para subalquilar. Desde acá, tenemos una vista increíble del lago, pero por otro lado, el olor a curry de lo que cocinan los dueños no deja que termine de ser una linda experiencia. Dios te da, dios te quita.
Los sillones verdes hacen juego con las cortinas. La alfombra beige apaga un poco, y el marrón clarito de los muebles y la puerta que da al resto de la casa le dan el toque de sobriedad. Hay un gran ventanal que ocupa casi toda la pared - por ahí es que se ve el lago (y por ahí entra la luz, bastante luz, que en este momento es lo único que ilumina). De fondo suena el partido de Nueva Zelanda contra Irán. Y la conversación entre Iván y un amigo de él que vino a verlo.
Yo estoy con la compu, porque tuve que vincular el Whatsapp de LF con Lean, y porque quería escribir un poco la situación que me aqueja ahora que, como buena capricorniana, sigue siendo el trabajo.
Por un lado, cuando le conté a Agus que SC me había dicho por tercera vez que después del mundial iba a buscar a otra persona, ella me dijo que la familia de su marido estaba abriendo un negocio nuevo, y que iban a necesitar una persona para atención al cliente. Me dijo que había pensado en mí porque le gustó trabajar conmigo, que soy buena compañera, que hago bien mi trabajo. Me hizo mucho bien ese audio. Me dijo que si podía seguir siendo asistente de SC me convenía agarrarlo, porque así, eventualmente, tal vez podía volver a trabajar para LF. Pero también me dijo que a ella ya le habían dicho que iba a cobrar el doble de lo que ganaba en donde estaba ahora. Si me dieran los tiempos, y me ofrecieran más que SC, creo que agarraría lo nuevo. Tal vez, pienso, entré a LF para conocer a Agus. Y para salir de la depresión del 2025, que no fue poco. No puedo dejar de estar agradecida con SC y LF... pero no se puede vivir del amor.
Por otro lado, el fin de semana tuvimos un detonante de cosas:
Todo, en realidad, empezó el jueves, cuando John (el bigotito que me quería mandar con pesto hasta que se afeitó el bigote) se puteó con Stella (la barista que está embarazada; no Nao, sino la otra). Yo llegué el jueves y Ángel me contó que John había salido del local dando portazo, y que lo habían visto sentado afuera, hablando una hora con Nacho, el dueño. Le pedí a John que urgentemente me contara todo el chisme, y me dijo que había gente con la que no le gustaba laburar, que el local estaba condenado al fracaso, y que seguramente iba a renunciar.
Al día siguiente, estaban Luciana y Jessica, que en un momento dijeron que se iban a tener una meeting con él. Cuando volvieron, nos contaron que "había sido de mutuo acuerdo"; que John había renunciado y que ellos le habían rescindido el contrato.
Recordemos, que John y yo le habíamos pedido a Jessica que nos cambiara los horarios (que a mí me diera los de él de la mañana, y a él los míos de la noche). Jessica me había dicho que no podía hacer eso, porque John era supervisor, y que los turnos estaban hechos para que siempre hubiera un supervisor. Yo le había retrucado con que por qué no me hacía supervisora a mí, y me había respondido que ya había suficientes supervisores por el momento. Entonces, por más que me apenó que John no viniera más (porque aún sin bigotito me caía muy bien), me dije "ahora falta un supervisor").
El sábado fue uno de mis días largos, en los que hago doble turno (de 8.00 a 14.00 y de 16.00 a 21.00). En el turno de la mañana, me tocó con Ángel, el español que me enloquece a la nena. Me había dicho que había tenido una cita con una uruguaya, y cuando le pregunté qué onda, me dijo "me parece que se va a Queenstown; hoy salgo con otra". Con eso, ya arranqué como el orto; toda la onda que pensé que había se aplanó. "Bueno, me chupa un huevo", pensé. Es que si no es Dani, medio que ninguno me va a afectar tanto... CUALQUIER EXCUSA para nombrarlo, no? BUENO, BUENO.
A las 14.00, salgo a mi recreo, y me fui a dormir la siestita a la biblioteca. Me despertaba porque me sentía roncando (bajito, pero ya eso no da).
A las 16.00, vuelvo a Fresca. Estaba Luciana. Ella y Jessica estaban entrevistando a una chica. Se me acerca Ángel, que acababa de hacer clock off, y me dice "esa es la uruguaya con la que tuve la cita". Mi cabeza, automáticamente, me dijo "seguro la contratan".
Luciana le contaba del puesto. Me extrañó que después de hablarle de las tareas y de los horarios, le dijera que estaban buscando un supervisor porque el que estaba se había ido. Yo, desde atrás de la barra, a espaldas de la chica, le hacía señas a la dueña. "YO", yo quiero eso. Luciana se rio, y siguió contándole sobre el puesto.
Cuando la uruguaya se fue, entró una española. Pasó exactamente lo mismo con esa, pero como Luciana se había sonreído, pensé "es una formalidad".
Más tarde, Jessica vino a chusmear con Nao, con Stella y conmigo. Nos dijo que las dos habían venido con aliento a alcohol. Y dijo que ella sabía que los backpackers se ponían en pedo seguido, pero que eso no significaba que fueran a trabajar mal al día siguiente. Le pregunté se habían elegido a alguien y, lógicamente, me dijo que sí: a la uruguaya, obvio.
Lo primero que pensé fue que qué garrón, porque en algún momento, iba a tener que compartir shift con ella y el español. Me los imaginé chapando contra la puerta de la pantry, en algún punto ciego de las cámaras.
Pero lo que pasó fue peor. Solo unos minutos después, cuando yo había salido al break, me llegó el mail con el roster: no sólo le habían dado a la nueva los horarios de John, sino que también tenía el puesto de supervisora. Cuando volví del break, muy afectada, me fui a lavar los platos para no estar frente a la clientela, y me largué a llorar.
Jessica vino a preguntarme (e insistirme en que le dijera) qué me pasaba. Yo, acordándome de John, solo trataba de mantener la calma, de no decir nada, y de no sacarme. Tenía el alma por el piso. Me sentí totalmente destratada. Que me habían faltado el respeto poniendo a una chica que ni había empezado como supervisora mía, y en los turnos que me habían negado por no ser supervisora yo.
Me repetí varias veces "no digas nada, cerrá el orto, mañana vas a estar más tranquila", pero ante la insistencia de la manager, terminé contándole (todavía sin salir de ese cuidado), que me parecía que habían sido injustos con esa decisión. Minimizando al 100% lo insultada que me sentía. Que me siento.
"Ya se me va a pasar. Es un momento. Mañana voy a estar mejor".
Y de verdad lo creía, hasta la mañana siguiente, que me desperté a las 7.00 para entrar a las 8.00. A las 7.40 le mandé un mensaje a Luciana. "Hola, Lu. Me levanté con conjuntivitis..." MENTIRA, "...y no puedo ni abrir los ojos. Me voy a quedar". No podía ir. No quiero verlas. A ninguna de las dos. No me dan ganas de volver. Siento como si me hubieran traicionado. Como si me hubieran dado esperanzas y me las hubieran arrancado de cuajo. Me iba a tomar estos días (el sick day y mis days off) para tranquilizarme y volver en un mejor estado; pero con el paso del tiempo, estoy cada vez más convencida de que no vine a tener una experiencia a la otra parte del mundo para que me forreen en el laburo. No me suma quedarme. No les quiero ver la cara. No quiero que me expliquen nada. No quiero que traten nada, ni que me ofrezcan nada.
Tiré dos curriculums ayer, y le mandé mensaje a los del Pinewoods de Queenstown, donde tenía la otra entrevista la semana que llegué al sur (que rechacé por aceptar el trabajo en Wanaka).
Quiero renunciar, pero tampoco quiero esforzarme mucho por conseguir otro trabajo acá. Mientras pensaba en qué puedo hacer de mi vida (cuándo renunciar, cómo, y qué pasos dar después), me di cuenta de tampoco quiero estar en un lugar donde haga tanto frío. No la estoy pasando bien ni física, ni mentalmente. Me gustó conocer a los chilenos. Me gustó juntarme con Iván y Angie, me gustó esa vez que me dormí una horita al sol. Listo. En Tauranga la pasaba mejor... y hasta ahí. Tal vez es tiempo de aceptar que no tengo que quedarme acá. Dejar creer que no le di chance a esto, y que todavía me falta darle más tiempo.... pero si o hago, qué hago.
Estuve pensando en tratar realmente de probar en la industria audiovisual. Algo me dice que en España tendría chance. Juan dice que si me voy para España, podríamos vivir juntos (porque él tiene una chance allá con un laboratorio). Tendría que hablarle a chat GPT para que me ayude a armar un portfolio. Tendría que sentarme a escribir. Volver al formato guion. Leer más. Y meterlo todo ahora. Y llegaría para empezar de nuevo, para tener un trabajo en gastronomía hasta poder conseguir un puesto de pichi, para poder empezar a hacer carrera.
Estuve pensando en hablar con los del voluntariado de Tailandia, para irme a hacer buceo, y meterme en lo de conservación de corales.
Estuve pensando en irme de turista a Australia, y buscar un cash in hand. Es lo que más me tienta. Pero al mismo tiempo, es lo que menos me conviene si eventualmente tengo una chance con el pasaporte italiano para hacer las cosas de manera legal.
Estuve pensando en irme a Brasil, a Florianópolis o a Búzios, a trabajar con la familia política de Agus de manera remota, yendo seguido a la playa, tomando caipirinha in a regular basis.
Estuve pensando mucho en Cristina, y en la obligación de buscar el disfrute en la vida, porque todo se puede acabar en el momento menos pensado. Para qué me voy a quedar cagándome de frío en un lugar donde no se me respetó. No quiero migajas nunca más. Quiero salir del estado de pasividad en el que siento que estoy, y "agarrar mi vida por las riendas"; decidir a dónde voy en vez de que me lleve la corriente.
Y me da miedo. Y no escucho nada de lo que pasa en mi cabeza, porque todos hablan al mismo tiempo. Lo único que tengo claro es que no quiero volver a Argentina. Saber qué no quiero es empezar a saber qué quiero?, supongo.