Es dueño del azul, todo el azul que se extiende desde Brooklyn hasta el Golfo de México, desde la lejana edad del cielo hasta las constelaciones de estrellas submarinas. Su espalda es el puente que atraviesa la juventud de América vestida de powhatan. Ama el mar, por eso duerme con marineros de espalda ancha y permite que éstos lo penetren hasta el crepúsculo, que le cuenten historias de navíos y le besen la frente antes de dormir. (La verga de los marineros mexicanos tiene escamas).
Es adicto a los labios volátiles del whisky; si el mar fuera alcohol, lo bebería todo en una zambullida. Hoy camina en la cubierta de una noche ebria. Se inclina sobre la borda y le cuenta a las olas que él hubiera convencido a Whitman de rasurarse, que desearía cortarle el cabello a Pocahontas, que el amor entre hombres es un buque sin rumbo. Pero las olas de Veracruz no hablan inglés. Él quiere que le digan si sobrevivirá esta noche. Las olas no responden. Y él baja a preguntarles al oído.
-Hart Crane interroga olas a bordo del buque Orizaba., de Christian Peña.













