No sabía cuántos días llevaba caminando sin hallar un refugio seguro. La falta de sueño había hecho que el tiempo se volviese confuso y aunque sabía que no descansar la volvía débil, desde que había visto los carteles anunciando aquél sitio; ofreciendo un techo, un plato caliente y lo más importante, muros de cemento… No había querido parar. Cuándo la prisión se hizo visible, en su rostro se dibujó una sonrisa. Sus pasos se apuraron hasta la entrada del lugar y luego se detuvo allí, sin saber exactamente qué hacer. “¿¡Hola!?” exclamó. El sol le daba en el rostro y no podía divisar si en las torres alguien la observaba o no. “Por favor” murmuró. Estaba cansada.
llevaba una cubeta con agua hacía una de las entradas adyacentes al edificio principal. queriendo cubrir camino pasó a unos metros de las puertas principales. sabía que había sujetos cuidando en las torres, e incluso unos tipejos haciéndose creyentes de tener el puesto de seguridad a unos metros más. parada ahí, espero alguien notara a la mujer recién llegada, pero no. cinco, diez, quince minutos pasaron mientras iba & regresaba de dejar el agua, la ajena seguía ahí & los vigilas no parecían preocuparse por dejar pasar a la contraria. con pasos firmes caminó hacía uno de ellos, exigiendo casi a gritos la razón por la que negaban el abrir la puerta. las razones eran vagas & estúpidas. no, no abrirían la puerta & claro, igualmente, ella no se quedaría de brazos cruzados. esperó cinco minutos más para acercarse a la cerca, a unos metros alejada de las torres & de los tipos aquellos. ❛ ey, ven aquí. ❜ gritó en cuclillas, seco el tono esperó fuera suficiente para captar la atención de la morena.









