jakequentinâ:
âÂżAh sĂ? QuĂ© curioso, yo no la recuerdoâ se desentiende, sonrisa apareciendo en sus labios al sentir aquel empujĂłn que le impide dar una calada honda al cigarrillo entre sus dedos. âMala suerte para ti porque no volverĂĄ a pasarâ dice jocoso dejando salir una pequeña exhalaciĂłn entretenida entre dientes. âTampoco es para sorprenderse demasiado, era cuestiĂłn de estadĂsticaâ argumenta con un encogimiento de hombros. âÂżQuĂ© tal se sintiĂł, eh?â
âQuĂ© conveniente, Quentin, muy conveniente,â responde arrastrando palabras casi con perezoso tono de voz, aquel que se ve afectado por la pequeña sonrisa que se mantiene en sus labios. âVale, pero si vuelves a comportarte como imbĂ©cil lo mĂnimo que voy a esperar de ti va a ser una disculpa, para que lo sepas,â advertencia que carece de seriedad pero que, de alguna forma, parece ser fundamentada. A fin de cuentas, sabe lo difĂcil que es para cualquiera de los dos el disculparse, por lo que hacerlo cobraba un significado aĂșn mayor. âLo sorprendente es lo cerca que estuve de darte un puñetazo, eh... Tuviste suerte,â sugiere mientras da palmadas en la espalda del castaño, confianza que retoma antes de soltar un bufido desdeñoso. âDe la mierda, me sentĂ como mi padre, asĂ que no, no lo repitamos.













