el eco de su propia respiración llena el pasillo mientras trata de controlar el temblor de sus piernas. no recordaba cómo había llegado tan rápido — solo sabía que había dejado el café sin mirar atrás, que sus dedos aún olían a vainilla y que el delantal seguía atado a su cintura, con la plaquita dorada que decía ares golpeándole suavemente el pecho con cada zancada frenética.
el miedo había llegado primero, desbordándose por la línea telefónica como una ola fría. la voz de atsushi al otro lado del auricular, temblorosa, fragmentada. ares lo había sentido en los huesos — ese miedo particular.
y ahora estaba ahí, en la puerta, con las manos apoyadas sobre los muslos, jadeando como si se le hubiese olvidado cómo funcionaba el aire.
" ¿ y . . . y estás bien ahora ? " la pregunta se le escapa entrecortada mientras se acerca.
sus manos, sin esperar permiso, enmarcan el rostro de atsushi. " ¿ no estás lastimado ? " la piel bajo sus palmas está tibia. ares inspira por la nariz, intentando no llorar. no aquí. no ahora. pero hay algo aterrador en tener frente a ti a la persona que amas . . . y saber que el mundo se le está apagando por dentro, centímetro a centímetro. " ¿ te asustaste mucho ? "