Teo estaba muy aburrido en su casa y después de tomarse tres tazas de café para poder terminar su maldita tarea de matemática aplicada, se puso a pensar en qué podía hacer y mientras estaba bajando en su propio perfil de instagram —porque la puta madre, qué gracioso que era — se acordó que el trolito de Tomás Nam lo había bloqueado por pasarle un video gracioso. “Listo el pollo, pelada la gallina, ni nos vimos flia” dijo saliendo de su casa cómo si nada con dos cartones de 24 huevos llenos. Así que con una idea ingeniosa, un tanque lleno de nafta y mucha cumbia en su playlist, salió a buscar a su compañera de maldades, Gigi. Ella siempre estaba dispuesta a ayudarlo, sobre todo cuando sus maldades se trataban de hacerle algo al trolazo descarriado de Tomás Nam.
“Boluda, dale que te pesa el orto” le dijo mientras ella trataba de salir por la ventana, quejándose que si fuera por ella ya estaban en el piso hace treinta segundos “Mirá que te suelto y estás en el piso en menos” le retrucó y ella le pegó una mini patada en la cara “¡Pará un poco cornuda!” dijo molesto. Cuando los dos estuvieron en el piso, se escaparon hasta su auto y al subirse el puso pablito lescano “Ahora vamos a lo de Gianna y de ahí a lo del cronopio, venganza acá vamos”.
Gigi no había dudado antes de cagar a pedo a Belén por pasársela concentrada en danza, pero la verdad era que ella no se quedaba atrás porque había estado ensayando desde las siete de la tarde y no paró hasta que escuchó su teléfono sonando con el ringtone que le había puesto a Teo en whatsapp. “¿Qué? Ah no, ah n… ah re que sí” dijo riéndose de lo estúpida que estaba sonando hablando sola, y le contestó que viniera a buscarla antes de salir corriendo a darse una duchita rápida —porque obvio no iba a ir toda chivada, qué asco— y cuando él llegó, después de un pequeño intercambio que había involucrado las manos de él en su culo —nada mal, tenía que admitirlo— salieron hacia lo de Gianna.
“Dale nena subí… ¡Dale, te llevo una vueltita!” gritó al mismo tiempo que la canción que le había hecho poner a su inseparable compañero de maldades, y en cuanto empezó la parte buena se puso a bailar en su asiento mientras Teo se reía y Gianna seguro la juzgaba por ridícula. “Vení vení, subite a mi gilera, si vamo’ despacito finito a la vereda… Hola wacha, bienvenida a una noche de esas locas con Teogi” dijo subiendo y bajando las cejas mirando a su mejor amiga, antes de mirarlo a Teo y guiñarle el ojo.











