Prometí leerte.
Aquí estoy juntando palabras unas al lado de las otras porque no puedo hacerlo mientras te veo a los ojos.
Nunca he dudado de que el lenguaje está a la altura de los sentimientos sin embargo, hoy siento temor de no ser certera con las letras que aquí riego; dudo pero no del lenguaje sino de mi capacidad (inexplorada) para comunicarme sin querer desplomarme pues no suelo escribir antes de los finales.
Pero hoy me arriesgo a escribirte y leerte aún en la distancia porque tengo dentro una urgencia que me palpita desde el estómago hasta la garganta; como si mi niña interior quisiera salir y jalarme el cabello para que la escuche y la deje ser.
Amado C, si nos vamos al presente podríamos decir que no te conozco, pero yo que creo en la reencarnación y en la verdad de tu voz cuando me sonríes; créeme cuando te digo que venimos unidos de otras vidas y que mi alma juega con la tuya mientras dormimos es cierto.
No he sabido decírtelo de otra forma.
Siempre ando en puntitas cuando empiezo a sentir que alguien le quita distancia a respiración, no alcanzas a imaginarte como se hace un hueco en la mitad del pecho cuando me mira justo antes de cerrar la puerta.
Por eso estoy acá, leyéndote - escribiéndote.
Te mereces la verdad de mis emociones, en honor a las veces coges mi mano y la aprietas con fuerza y yo siento caballitos galopear dentro mío; de ahí que abra los ojos a mitad de madrugada y me pellizque en secreto para entender que no estoy viviendo un sueño.
Me expongo ante ti de la manera más honesta y no para pedirte el final feliz con el que fantaseo en silencio; sino para hacerte saber que la parte más bonita de esta historia es el camino a tu casa, tu labio inferior mordido mientras tocas la batería, el paisaje, las risas, tus besos. Eso.
Y no contestes ya, esto es para ti y para mi. Para sabernos verdaderos ante las circunstancias, para que entiendas que no importa la respuesta yo estaré desde cualquier parte a tu lado.
Gracias por venir.















