“Buscaba mi cielo en tus besos, buscaba sentir a flor de piel tus deseos, quise volar en tu cuerpo, perderme en el infinito de tu mirada y envolverte con mi fuego, quise encenderte la ganas, quise que a mi universo me acompañaras, y si, mi amor también te buscaba...”
Ella siempre lo esperaba despierta, aún sabiendo que la distancia era una gran barrera en sus vidas, y que nunca compartirían en la intimidad el mismo lecho.
.... y él, él la soñaba todas las noches, amando su cuerpo, su piel...esa piel que jamás sentiría el roce de sus manos..de sus labios, sin embargo el sentir en ambos llenaba sus corazones.
La distancia impide sentir el tacto de una caricia, el roce de un beso, el palpitar de dos corazones unidos en un abrazo... pero ésta no puede evitar que cuando dos se aman, las palabras tengan la suficiente fuerza para tocar la sensibilidad del alma.
Elegimos el contacto cero mientras atravesamos el duelo de lo que fue nuestro noviazgo.
No porque queramos borrarnos de la vida de la otra,
sino porque algunas historias necesitan espacios para poder transformarse.
Cuando hubo amor, la transición no siempre es sencilla.
El corazón necesita tiempo para soltar lo que fue,
para entender que algo cambia,
y para aprender a querer de una manera distinta.
Por eso elegimos la distancia por ahora.
No como un final, sino como un espacio para sanar,
para ordenar los sentimientos
y para cerrar con respeto la etapa que vivimos como pareja.
Y si después de ese proceso seguimos reconociendo el cariño que nos tenemos,
podremos volver a encontrarnos desde otro lugar.
Tal vez no como antes,
pero sí como dos personas que se aman, se valoran
y desean seguir presentes en la vida de la otra.
Porque hay vínculos que no desaparecen.
Solo cambian de forma para poder seguir existiendo.
— Yls
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Reflexión
Cuando una relación termina, lo más difícil no es aceptar que el noviazgo llegó a su fin, sino aprender a transformar el vínculo que aún existe entre dos personas que se aman. No todos los finales nacen del desamor; algunos nacen de la necesidad de crecer o a veces es la vida la que dicta un final.
En esos casos, el contacto cero puede convertirse en un acto de respeto profundo. No es una forma de borrar al otro ni de negar lo que se vivió. Es una pausa consciente para atravesar el duelo que deja una historia compartida. Porque cuando hubo amor, la transición no siempre puede hacerse de inmediato. Las emociones necesitan tiempo para acomodarse, para dejar atrás la costumbre, la expectativa y la forma antigua de quererse.
Tomar distancia durante ese proceso permite que cada persona cierre la etapa del noviazgo con honestidad. Ayuda a sanar lo que todavía duele, a soltar lo que ya no corresponde y a mirar el vínculo con una perspectiva nueva.
Con el tiempo, si el cariño permanece y el duelo ha sido realmente atravesado, puede surgir otra forma de relación. Una más tranquila, más consciente, donde el afecto ya no está ligado a lo que fue la pareja, sino a un amor distinto: el de dos personas que se valoran y desean seguir presentes en la vida del otro.
Hay relaciones que no están destinadas a desaparecer, sino a transformarse. Y a veces, el contacto cero no es un final, sino el espacio necesario para que ese vínculo encuentre una nueva manera de existir.