Día internacional del Sindrome de Down… Porque la vida les dio una sobredosis de amor!!!
Alisa U Zemlji Chuda
art blog(derogatory)
Game of Thrones Daily

tannertan36
Mike Driver
almost home
Claire Keane

titsay
will byers stan first human second
No title available
No title available

JBB: An Artblog!
todays bird
RMH

shark vs the universe
Cosmic Funnies

★
sheepfilms
Stranger Things
styofa doing anything
seen from Brazil
seen from Colombia

seen from United States
seen from Singapore
seen from Brazil

seen from Brazil

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from Australia
seen from Türkiye

seen from Canada

seen from Jamaica
seen from Pakistan

seen from Chile
@gravedad-zero0
Día internacional del Sindrome de Down… Porque la vida les dio una sobredosis de amor!!!
Heroes Definitivamente!!!
In a region of the world where amputees number upward of 50,000, it was Daniel Omar’s story that started a movement, one … Continued
INGENIERIA APLICADA AL SERVICIO DE LA HUMANIDAD
Por: Juan David Duque
www.gravedad-zero.com
Mi nombre es Juan David Duque Arcila, soy ingeniero mecánico de profesión apasionado de ver como la mente humana es capaz de pensar, conceptualizar y materializar productos y servicios para el beneficio de la humanidad.
Soy un fiel creyente que la ingeniería es la fusion perfecta entre la forma y la función pero como un académico/emprendedor apasionado por la ingeniería aplicada considero que las universidades (tuve la oportunidad de estudiar en dos pregrado/master II) cada vez mas están perdiendo el enfoque de la educación centrada en el usuario y se están limitando a dar los conceptos básicos de la ingeniería, termodinámica, transferencia de calor, transferencia de masa, mecánica de fluidos son algunas de las materias importantes para adquirir los conceptos básicos de como funciona el mundo físico pero muchas veces se pasa por alto que los profesionales en ingeniería debemos de pensar, diseñar y reinventar el mundo “con" “para" y “por” las personas.
Es por esta razón que en los últimos años he venido trabajando en descubrir cual es el potencial máximo de la mente y el cuerpo, en este proceso me he encontrado con un grupo de personas excepcionales que por desconocimiento de la sociedad los llaman “discapacitados”, personalmente prefiero llamarlos personas en situación de discapacidad o diversidad funcional por que he encontrado en ellos habilidades, talentos e ideas que en otros nunca había visto, la capacidad de tener un pensamiento disruptivo y generar soluciones frente a problemas del día a día me sorprende y todos los días entreno mi mente para aprender la mayor cantidad de información que puedo.
"La ingeniería como tal no es una ciencia, para mi es el arte de generar y materializar ideas que permiten a los seres humanos vivir mejor "
No es falta de ayuda, es dependencia.
www.gravedad-zero.com
Por: Valeria Jimenez
Twitter: cerezina212
Para esta semana decidí escribir algo más dulce, con lo que mis lectores estuvieran de acuerdo, y es que la reflexión que hoy traigo es tan evidente que no creo que tenga muchos detractores, salvo quizá los encargados del presupuesto para las obras arquitectónicas, el transporte público y los mismos arquitectos, enfocados al diseño simple, de baja inversión e inaccesible.
Sí, vengo a hablar de la vieja y consabida accesibilidad de los espacios, ese mal necesario pero ignorado y tomado a la ligera en las construcciones. Ahora, más allá de la inaccesibilidad, hablaré de las consecuencias que puede traer para nosotros, los de la silla de ruedas el hecho de encontrarse las escaleras.
No me adentraré en las legislaciones pero existe una que dicta la necesidad de que todos los espacios públicos, como universidades, colegios, empresas, restaurantes y centros comerciales sean incluyentes con las personas que hacemos uso de silla de ruedas; pero por alguna razón no lo son y ahí es cuando vamos al restaurante o al teatro y no podemos entrar, vamos a cine y nos toca quedarnos abajo "comiendo pantalla", salimos a la calle y nos toca dar las vueltas para llegar al sitio por donde podemos pasar, y así sucesivamente con muchos de los lugares de la ciudad.
Aclaro que no todos los lugares son inaccesibles, de hecho conozco una universidad incluyente (la mía), un colegio incluyente (el mío), varios centros comerciales y otros lugares que no enumeraré aquí. Son muchos, pero faltan muchos también, y no es el hecho de no poder ir pues al fin y al cabo uno siempre termina encontrando quien lo "cargue" escaleras arriba, el problema es esa dependencia que se genera de los que andamos sobre ruedas a los que andan sobre sus pies.
Necesitar encontrar quien nos ayude tan a menudo, no nos permite ser seres humanos independientes y autónomos ni quitarnos esa imágen de carga y persona necesitada de asistencia permanente. La inaccesibilidad de espacios nos dificulta acceder a instituciones educativas y a empresas, incluso a algunos servicios de salud (recuerdo que hace algún tiempo, un ortodoncista me quería atender en la sala de espera porque no podía entrar a su consultorio, siquiera no me operé con él). Aparte de la inaccesibilidad en espacios internos, está también las calles excluyentes, esas donde las aceras son estrechas e irregulares, además toca bajar la escala para pasar la calle. Si bien también se ha invertido un poco en ese tema, todavía faltan kilometros en inversión de espacio público y kilometros de aceras y calles accesibles a todos.
Por otro lado, está también el asunto del transporte público accesible, y es que en nuestra ciudad, para poder salir a la calle sin problemas, las personas usuarias de silla de ruedas requerirían tener su propio carro pues no podemos montar en bus, el metro es absolutamente ineficiente con su pequeño sistema de accesibilidad y a muchos los taxistas les habrán dicho, como muchas veces me lo han dicho a mi: "Niña, ¿la silla también va? Ah no, no cabe". El transporte es necesario, como es bien sabido, para salir de la casa e incluirse en los espacios de interacción social.
La reflexión es que la inclusión es un asunto de todos los actores sociales y tanto los espacios accesibles como el transporte público accesible, son un paso fundamental para empezar a salir a la calle, autoafirmarnos como personas sujeto de derechos y obligaciones y sobre todo, empezar a demostrar a la sociedad que de verdad no somos tan raros, que tenemos capacidades para hacer lo que queramos hacer, para ser productivos y dignos de caber en esta sociedad, urgida de desintoxicación.
EMPIECE POR DEJAR EL COMPLEJO DE LAS RUEDAS
Por: Valeria Jimenez
Twitter: cerezina212
www.gravedad-zero.com
Fotografia por: http://tinyurl.com/943j3y2
La semana pasada, luego de que algunas personas leyeran mis dos anteriores entradas, alguien me preguntó: "¿Entonces tu lo que quieres es defender a las personas con discapacidad?", a lo que yo respondí: "No, yo no soy activista social ni mucho menos, no estoy para defender a nadie, empezando porque solo se defiende a quien no puede hacerlo por sí mismo como los animales y los árboles, y las personas con movilidad reducida claramente se pueden defender, mi idea es solo modificar conciencias".
A lo que esto me lleva y conectándolo con el tema de la semana pasada, es a pensar si la manera como la sociedad ve a las personas con movilidad reducida no es más bien una consecuencia, llámese directa o indirecta, de la concepción que tenemos acerca de nosotros mismos.
Tenemos la capacidad mental de hacernos valer como personas y como ciudadanos, sujetos de los mismos deberes y derechos. Sin embargo, muchas de las personas en silla de ruedas se autoconciben como sujetos de lástima, de limosnas, de privilegios, de pleistesías infundadas, por no mencionar cuestiones como la ridícula autocompasión y falta de autonomía.
Peor que la exclusión, la indiferencia respecto a los sesgos sociales y que aquellos espectáculos tan "arraigados en el corazón de todos los colombianos", está eso, la autoexclusión por considerarse diferente, la autocompasión, por repetirse la idea de "pobrecito yo que no puedo caminar", y por creerse merecedores de la ayuda, de los privilegios, de los subsidios, basadas en esa idea de lástima, "tan arraigada en la mente de todos los colombianos".
No somos dignos de defensa de un tercero, ni de salir a la calle con pancarticas, cuando nos empecemos a creer la idea de que somos igualmente dignos de derechos y deberes, habrá un verdadero cambio. La inclusión la proyectamos, al atrevernos a salir a la calle, a mandar una hoja de vida, a hacer algo nuevo y diferente, a salirnos de nuestra minúscula zona de confort, a salir a rumbear, a estudiar y hacer lo que queramos, a quitarnos el complejo de las ruedas. Solo ese día, nos estaremos incluyendo en la sociedad verdaderamente, lo verán las empresas, los colegios, las universidades, los niños, los hombres y las mujeres llenos de parámetros pre establecidos.
Si no hay personas con movilidad reducida autoincluídas en la sociedad, no surge la necesidad de volver las aceras y el transporte público accesibles, no surge la necesidad de cambiar en las mentes los parámetros de lo socialmente aceptable, no surge la necesidad de emplearse ni de estudiar al igual que el resto, y no surge la necesidad de crear una sociedad incluyente con todos.
No sobra decir que al decir estas palabras, quizá incómodas para algunos, no estoy diciendo que todos seamos así. De hecho, conozco muchas personas que se autoincluyen como yo, pero también hay una grandísima mayoría de personas que no lo hacen, si son niños, sus padres o cuidadores los tienden a excluir, si son adultos se autoexcluyen solos al creerse verdaderamente discapacitados y receptores de ayuditas.
El resultado de la autoexclusión, son políticas públicas y medidas tan deficientemente diseñadas, la exclusión social de la que tanto nos quejamos, la poca inclusión laboral y educativa que tanto nos afecta, a nosotros y a la misma sociedad. ¿Será que necesitamos quién nos defienda o más bien necesitamos dejar las discapacidades a un lado?
DE LA DOBLE MORAL Y AQUELLO DE LA TELETÓN
Por Valeria Jiménez Hernández
Twitter: @cerezina212
El fin de semana pasado se llevó a cabo en todo el país el espectáculo mediático más conocido como Teletón. Más de 24 horas de transmisión ininterrumpida por los canales nacionales, invitando a los colombianos a ayudar a las personas con discapacidad, aunque sea con una monedita. Tales donaciones impulsadas por casos conmovedores, padres orgullosos y con los ojos aguados hablando de las luchas diarias que enfrentan sus hijos, éstos por su parte, sonrientes y llenos de esperanza, con el "libreto aprendido" e invitando a los colombianos para que den sus aportes, en pro a sus sueños futuros.
Personalmente y desde mis ruedas, no estoy para nada de acuerdo con esta iniciativa, por una razón muy clara: Nos ven como sujetos de lástima, con el fin de recoger dinero para construir centros de rehabilitación, que finalmente beneficiará a pocos, empezando porque solo hay cinco centros en todo el país y hay más de un millón de personas con discapacidad en todo el territorio. No nos ven como sujetos de capacidades, y a pesar de que muchos de los que piden plata en televisión sean niños, porque son muy pocos los adultos con discapacidad en ese papel, tampoco están pensado que pueden desarrollar capacidades que los hacen aptos para ser útiles, salir adelante y sin necesidad de paternalismos aún más incapacitantes que la misma discapacidad.
Como dijo un amigo en mi misma condición, Gabriel Montoya, “ la Teletón produce un efecto similar al de una "pastilla para la conciencia" con el que se conjura la gran deuda que el Estado colombiano, y en él su ciudadanía, tiene con las personas con discapacidad en temas como el acceso a servicios de salud, de educación, empleo y, sí, relaciones interpersonales de calidad.”
Grupos empresariales, multinacionales, bancos, canales de televisión y ciudadanos de a pie donan en un esfuerzo por limpiar sus conciencias y contribuir a su imagen de “socialmente responsables”; sin embargo, cabe plantear la siguiente reflexión: ¿Son lo suficientemente accesibles las instalaciones de todas y cada una de las entidades donantes?, ¿Reciben entre sus empleados a personas con movilidad reducida?. Al ciudadano de a pie podría preguntársele: ¿Ayudan a subir unas escaleras a alguien que necesite subirlas en su silla de ruedas?, ¿Aceptaría salir con una mujer u hombre en situación de discapacidad o le atormenta el qué dirán?.
La respuesta a estas cuestiones está muy clara, pero lo dejaré para que cada quien reflexione. La doble moral que me referí en el título tiene que ver precisamente con esto, nos ven como necesitados de la ayuda de los colombianos pero cuando tienen la oportunidad de ayudar o contribuir de alguna manera a nuestra calidad de vida, son los más indiferentes, como quien dice “esto no es conmigo”.
La manera como nos ven y la manera como quieren hacerle catarsis a sus actitudes excluyentes, tiene que ver directamente con lo que nosotros le proyectamos a la sociedad, pues la exclusión comienza desde adentro, cosa que profundizaré más adelante. A los lectores les dejo la siguiente “moraleja”: No dé dinero, mejor cambie su chip.
Consecuencias de la exclusión
Desde mi perspectiva como ciudadana con movilidad reducida, hablaré sobre las implicaciones de la poca inclusión a la que se enfrentan las personas en mi situación, que afectan directamente lo social, lo económico y la conciencia colectiva. Señalaré además, los que considero requerimientos primordiales para la solución y creación de nuevas estrategias, desde la administración y las políticas públicas.
Antes de señalar el porqué de considerar esta cuestión, es de vital importancia traer a colación un dato revelado reciéntemente por la Escuela Nacional Sindical (ENS) y es que Colombia es el segundo país latinoamericano después de Brasil, en tener mayor número de personas con discapacidad, con un total aproximado de 1.050.000 personas; de las cuales solo alrededor del 15% tienen trabajo. Si bien estas cifras recopilan a todo el país, es un acercamiento al hecho de que falta mucho por hacer respecto a la inclusión laboral, comenzando por nuestra ciudad.
Es necesario abordar el tema de la inclusión porque esta se evidencia desde la base de desarrollo de toda sociedad. La exclusión educativa se evidencia en el hecho de que muchas instituciones educativas tanto públicas como privadas no admiten entre sus estudiantes a niños o jóvenes con movilidad reducida, con argumentos como la falta de accesibilidad en los espacios, la reacción de otros estudiantes, miedo a la responsabilidad que adquiere la institución al aceptar a alguien que no puede caminar, entre otras razones. Respecto a la educación superior, si bien ya hay mayor inclusión, existen aún muchas fallas en cuanto a la accesibilidad arquitectónica, dificultando el proceso en gran medida, pues la legislación que obliga a la inclusión del espacio físico, es usualmente omitida.
Si existen problemas en cuanto a la inclusión educativa, hay muchas más falencias en lo que se refiere a la inclusión laboral. Es un hecho de que las personas que han sufrido accidentes y han quedado en condición de discapacidad, pueden ser reubicados en sus puestos de trabajo más fácilmente que otras personas con discapacidades congénitas que buscan trabaja, que son comúnmente excluidos y donde se presentan mayores casos de discriminación. Los argumentos comúnmente utilizados tienen que ver igualmente con la accesibilidad, la responsabilidad que implicaría para el empleador, las condiciones de trabajo, la diferencia entre tener discapacidad y estar enfermo, entre otras.
No hay que negar que así como dicha ley, existen políticas públicas, incentivos y mandatos constitucionales que dicen garantizar los derechos de las personas con diversidad funcional, una nueva forma más incluyente de denominar a las personas con discapacidad; sin embargo, considero que lo que buenamente ha hecho la administración en pro a estas personas, no se ha hecho desde el punto de vista de las capacidades reales y de lo que podemos ofrecer al mercado, en lugar de ello, se ha tratado desde el punto de vista de la lástima y el sentimiento de ayudar a los menos favorecidos. Un ejemplo de ello, es la costumbre del gobierno de regalar pequeños subsidios y otro tipo de ayuda institucional a las personas con diversidad funcional, cosa que realmente no está solucionando el problema que planteé hace algunas líneas y que además está ocasionando que esta población no pueda desarrollarse íntegramente como personas, ni como profesionales en el marco de esta sociedad, que entre otras cosas se está quedando atrás a comparación de otras en las que la igualdad de condiciones ocupa un lugar privilegiado en la agenda pública.
La no inclusión repercute directamente en el ámbito social; si no hay un ejemplo desde las instituciones, tampoco habrá una inclusión dentro de la sociedad al haber cierto sesgo social, por los parámetros existentes de lo socialmente aceptable, lo visiblemente agradable y la normalidad. Las repercusiones económicas están marcadas por la dificultad para laborar de las personas excluidas que a su vez causa una disminución en la competitividad de la ciudad y en la posibilidad de mejorar la calidad de vida de la población.
Antes que trabajar en la inclusión, es en la sensibilización en donde se debe hacer mayor énfasis. Por poner un ejemplo, la Política Pública para la discapacidad es poco diciente y no genera un plan de acción bien enfocado a las necesidades de inclusión de nosotros, los habitantes de Medellín que andamos sobre ruedas, y que es necesario evaluar y reformar desde la raíz.
www.gravedad-zero.com