Ladeó un poco su cabeza hacia el muchacho y sonrió con cierta dulzura, mezclada con nostalgia al recordar las hermosas tierras de su reino. Luego se le escapó un suave suspiro, distrayéndose de comer la siguiente galleta.— Lo sé, no cambiaría esos paisajes por nada. — Musitó. Tras advertir lo muy débil que sonaba, aclaró la garganta y cuadró de nuevo su espalda, colocándose repentinamente muy seria.— Deberías visitar Egipto de nuevo y quedarte más tiempo… Claro — Viró los ojos con diversión, aunque también con malhumor.— Cuando logremos salir de aquí. A todas estas, Príncipe Konrad, ¿Puedo saber la razón por la que su Majestad está encerrado en esta prisión? — Le miró con el ceño fruncido y los ojos entornados por la curiosidad.— Tiene un aura muy diferente a la de los demás, a mi parecer.
--Claro que debería, me encantaría ir de nuevo. Pero no a atender asuntos reales, ya sabes, sino unas buenas vacaciones.-- comentó con bastante cansancio en su voz, si no fuese porque entró en la academia posiblemente nunca hubiese tenido un día libre. Ante la pregunta de la morena, soltó un fuerte suspiro, para luego mirarla con una sonrisa, --Mi problema, princesa, es que tengo un severo problema con la gente maleducada, y lamentablemente no lo puedo controlar.-- dijo junto a una leve mueca, --Estaba en un bar y detrás mío había un hombre, si se lo puede llamar así, créeme que pocas veces he escuchado la cantidad de barbaridades que dijo ese hombre en un par de minutos. Como podrás observar, suelo ser muy tranquilo, por lo que le pedí que se callara y todo quedó allí. Pero cuando salí del bar, este hombre me golpeó, por lo que yo claramente le devolví, aunque no suelo ser violento, debo admitir que tenía un par de cervezas de más. Para mi mala suerte, su cabeza golpeó el cordón de la vereda y, bueno, casi muere. Y varios problemas posteriores, pero básicamente eso...-- le relató la historia con en ceño levemente fruncido, para luego relajarlo, --¿Y qué hay de ti? ¿Qué te trajo a este lugar?