Había un chica linda, tan inocente que parecía que nunca antes había visto malicia, tan pequeña y frágil como si de cristal estuviera hecha, tan tierna que dan ganas de comérsela a besos, ¡vaya chica tan peculiar!
Era tan timida que no se atrevió a hablarle en persona al chico que le gustaba. Así que sus amigas fueron de embajadoras con aquél pedazo de patán. Una de ellas habló:
–Dice mi amiga ¿que si quieres salir con ella?
—¿Cuál amiga? —Preguntó el muchacho.
—Aquella que se esconde detrás del pilar, esta justo ahí. —Dijo y apuntó con el dedo a la dirección de aquella encantadora chica.
—No lo sé, es muy pequeña, seguramente es de nuevo ingreso y yo estoy a punto de salir. —Respondió con un tono serio, grosero y un tanto despectivo.
Realmente el joven sí quería salir con ella, sin embargo él era un patan en ese entonces, actuó a manera de supervivencia, él solo quería acabar con la situación incomoda y la tensión en el aire. No quería sonar prepotente, pero no pudo evitarlo.
Pequeña, te pido perdón por no tener modales, seria grandioso conocerte un poco mejor, al menos ves algo bueno en mi cuando nadie más lo hace.
Bueno, al menos ahora sé que tu color favorito no es solo uno, sino un dúo fantástico como el rosa junto al negro. ¡Vaya chica tan peculiar!