nichlcs. / flashback.
Sabe que ha caído a un punto sin retorno, uno donde va a tener que responder a las preguntas ajenas con más detalles que precisión, eso si quiere que el tema muera allí mismo sin posibilidad a renacer. Toma una profunda inhalación y se deja resbalar en el asiento, ignorando cualquier etiqueta que el evento requería en favor de dejar descansar la cabeza en el respaldo de la silla. “Experiencia propia.” Inicia, mirada parando en el techo del salón, lejos de la mirada inquisitiva de la mayor y su tendencia a captar hasta los más mínimos detalles que su personalidad propia dejaba ver. Con ella, nunca se trató de ser o no un libro abierto, sino de cuánto podría mantener sus páginas ocultas, pues tenía su manera de conseguir las cosas. Como ahora, que ahí se encuentra, soltándolo todo. “Se me han acercado más personas de las pensadas para decirme que no es bueno para mí,” cuenta, vista enfocada en sus manos, “y a veces siento que va a romperme el corazón, y otras no. Es– extraño.” Menea la cabeza y se acomoda, por fin, quitándose el blazer de encima, de repente más acalorado de lo que puede soportar. “Como estudiante de actuación puedo decirte que todo es posible,” admite, aplazando un mechón del cabello foráneo tras la oreja, en un gesto que pretende ser cariñoso, incluso si él está lejos de saber de afecto físico. Ha aprendido mucho últimamente con Sangmin, parece, “te sorprendería las cosas que he visto aquí.”
El gesto sonriente crece con suavidad, cincelado tenue sobre sus carmines y aquella misma dulzura poco y nada demora en alcanzar su mirada. Ha decidido cocerse la boca y no emitir juicio (al menos, no en el futuro inmediato), abocándose enteramente, y por vez primera y a voluntad propia, a guardar silencio. Podría echarle rienda suelta a su lengua, a su mente / imaginación si así quisiera, mas de qué le serviría cuando las breves vivencias contadas parecen sacadas de una mismísima historia de ápices románticos y trágicos, de fantasías adolescentes que ella, y a diferencia de él, no ha experimentado realmente fuera de las paredes de sus ensueños. Tararea bajito en correspondencia al gesto afectivo, y de igual modo que su hermano, se olvida de dónde se encuentra y abandona formalidades, echando la cabeza sobre la mesa, entre aburrida y somnolienta. “¿Y es bueno para ti?” Murmura con clara expectación, mas habla lo suficientemente alto como para poder ser oída por él— su interés principal. “Tú mismo lo dijiste: todo es posible. Podría romperte el corazón como no. Aunque si lo hace, tendrá que vérselas con estas manos.” Eleva apenas la zurda al aire, y no la deja caer al instante, como si esperara que fuese tomada ahí mismo. “No soy quién para opinar, pero ya sabes lo que dicen. Si no te arriesgas, no puedes ganar.” Mas no es ella realmente ávida practicante de la doctrina. Sólo predica. Y desvía también el tema de la charla hacia él, porque ahondar en sí misma no es siempre entretenido. “¿Tienes miedo de que pueda hacerlo? Por más extraño que sea.”
















