Algo consternado, se acercó con suavidad hacia el cachorro que le gruñía. A veces, cuando ocurrían accidentes en los campos de sembrado y lo llamaban para atender a un herido, veía perros vagabundos asechar en los límites de la ciudad, pero esta era la primera vez que veía un cachorro. Recordaba haber visto unos cuantos de niño, pero este era sin duda el más pequeño y fiero que había visto en su vida--. Tranquilo, no te haré daño --murmuró. Estaba prohibido que entraran perros a la ciudad, o cualquier otro animal. Sin embargo, no quería que lo descubrieran, no quería que le arrebataran aquel tierno descubrimiento. Heath vivía para estos momentos--. Tengo comida, ¿quieres un poco? --sacó de su bolsillo un pedazo pequeño de pan añejo. Era lo mejor que tenía. No obstante, cuando el cachorro pareció bajar la guardia y movió la cola, se oyeron pisadas y el perro comenzó a ladrar y se escapó, escondiéndose debajo de lo que quedaba de un auto oxidado. Heath se volteó con una mueca en los labios--. No es que te culpe, pero arruinaste una futura amistad --comentó sin prestarle atención a la persona que había aparecido.













