La pequeña sonrisa que se encontraba en su rostro se acentuó cuando observó a la chica acercarse a tomar a su pequeña mascota. — No tienes por qué agradecer —le respondió con sinceridad y, una vez que la chica tuvo a su gato sobre su regazo, decidió acercarse a ver con detalle al animal. — ¿Lo tienes dentro de contrabando? —inquirió curiosa, y se inclinó un poco para acariciar el pelaje del felino, aunque se detuvo un segundo antes de hacerlo. — ¿Es inofensivo? ¿Va a arañarme? —frunció sus cejas.
Jugó con su mascota por un momento cuando la chica se acercó, y sonrió posterior a esa pregunta. --Claro que es inofensivo.-- dijo como si aquello fuese obvio, --Se llama Peluche, no puede ser malo.-- encogió sus hombros y luego le regaló una sonrisa, --Peluche, deja que la señora te acaricie, ¿Si?-- se dirigió a su mascota.















