choiscngmin:
Solo han pasado unos 30 minutos en aquella oficina, pero siente como si el tiempo se hubiera alargado a más no poder. Amenazas de expulsión, de sanciones severas, es todo lo que recibe de parte de una de las autoridades de la universidad, y el que ni siquiera tuviera muchas marcas visibles sobre la piel solo agrava el hecho de reconocerlo a él como el incitador de todos los hechos, como el gestor de una pelea absurda y violenta que fue finalmente terminada por la acción de algunos profesores que pasaban por el lugar.
Luego de aquel despliegue de ira, lo único que sentía era una especie de entumecimiento, su mente apenas haciendo sentido de las palabras del consejero. Ni siquiera procesaba el dolor fisico que está seguro debería estar molestándole en ese momento, a juzgar por las marcas en sus nudillos, y las que sentía en las rodillas. Después de ofrecer una tregua, y de un par de promesas de no volver a cometer semejantes acciones otra vez, abandona la oficina, y es cuando su falso estado de paz se ve interrumpido por el rostro ahora conocido de aquél que le ha hecho perder los estribos. Lo mira molesto, sus ojos fijándose en las heridas de su cara. “¿A quién engañas con esa cara toda inocente? Juro que no he conocido a nadie tan desesperante como tú en este lugar, y eso es decir mucho.” Detestaba esa doble cara que habia visto en él, lo desesperaba. Aparta de uno de los asientos la mochila que asume es del otro estudiante, arrojándola con desinterés al suelo para poder ocupar el lugar, dejándose caer sobre la silla. Ahora que no tiene a nadie juzgándolo, sus pensamientos se pierden en las graves consecuencias que podría tener su arrebato para él. Cuando su padre se entere… de seguro estará encantado, piensa, con un bufido de sorna abandonando sus labios. Una oportunidad más para intentar que abandone la universidad de artes. “Si esperas una disculpa, no la obtendrás jamás. No me molestes.” añade malhumorado, mirando hacia el frente y no al otro muchacho.
“¿Porqué querría una disculpa? En todo caso lo que ameritaría sería recibir una felicitación. Logré en tan poco tiempo saber cómo hacerte explotar y que me jugase a mi favor. Pero bueno si no te nace tampoco te voy a presionar, cada a uno a su tiempo. ¿Mhm? No quiero seguir jugando con tus limitaciones” repuso, por demás sobrador, apoyando el brazo sobre el borde del asiento y luego su mentón sobre este. Inspeccionó al chico antes de volver a hablar, queriendo ver si podía sacar alguna pista en su actitud corpórea que le dijera cómo era que le fue al hablar sobre lo ocurrido. Más calmo estaba, pero no por eso menos frustrado. Al parecer Heejun conseguiría puntos a su favor si seguía practicando sus ojitos lastimosos. “Ahora bien, ¿por qué no vuelves a esa parte en que dices que no has conocido a nadie como yo aquí? Me gusta que hayas encontrado algo que me destacase y me hiciese ver único a tus ojos. A ver si así no te olvidas de quien te puso en tu lugar”.



















