sus dedos atrapan la muñeca ajena antes de que pueda dar un sólo golpe más contra su pecho, alejándola con brusquedad de él, pero sin soltar el brusco agarre que tiene con el contrario. no tiene intenciones de dejarlo ir tan fácilmente, no cuando el contrario tiene toda intención de hacerlo enojar. “ ¿qué te hace pensar que mi vida no es un verdadero infierno ahora? — ¿de verdad crees que te tengo miedo, sangmin? ” una carcajada escapa de sus labios mientras niega con la cabeza, sus dedos presionándose con más fuerza alrededor de la muñeca ajena, no importándole si marcas de sus dígitos quedan impregnadas en la piel ajena. “ la diferencia es que ya te has metido con ella, supongo que si quieres hacer eso de ojo por ojo, entonces tengo que meterme al menos una vez con ese cachorrito al que tanto proteges para que estemos a mano, ¿no te parece? ” la rabia está fluyendo cada vez más rápido por sus venas, amenazando con hacer explotar una bomba en su cuerpo, aquella bomba que se ha mantenido apagada por tanto tiempo que le parece casi irreal que esté en funcionamiento ahora, contando los segundos para detonar y destruir todo a su paso. “ ¿cobardía? ¿en serio quieres hablar de cobardía? ” alza una de sus cejas, negando con la cabeza y soltando con brusquedad el agarre en la muñeca del contrario, sólo para así poder tener su mano libre y sujetar la camiseta del contrario, atrayéndolo a él e inclinándose un poco para que su mirada no se desviase de la contraria. “ si quieres llamarlo así, hazlo. pero, ¿en qué te convierte a ti eso? — has dicho que no le has prometido nada a tu perrito, sin embargo, sigues ilusionándolo, sigues haciéndole creer que tienes intenciones de pasar el resto de tu vida con él. ¿seguro que yo soy el cobarde? lo tienes en espera, pero aún no le prometes nada porque eres incapaz de hacerlo, ¿no es así? ” sonríe burlón, acercando su rostro al contrario como si tuviera intención de besarlo, pero manteniendo una distancia de pequeños centímetros, antes de que sus labios pudieran tocar los ajenos. “ ah, sangmin — a estas alturas deberías ya saber que no eres el tipo de persona que está destinado a tener una relación. de hecho, ¿qué te hace pensar que él se quedará a tu lado cuando vea de la mierda de la que estás hecho? ¿qué te hace pensar que te seguirá mirando con ojitos brillantes cuando le muestres lo que realmente eres? ” lo empuja contra la pared que se encuentra detrás del menor, riendo entre dientes. “ es una pena, estoy seguro de que hasta tú tenías esperanzas de que alguien pudiera quererte por cómo eres y no por la máscara que te pones encima cuando te conviene. ” da un paso hacia atrás, no teniendo ninguna intención de seguir hablando con el contrario. no después de lo que ambos se han dicho. “ ah, por cierto — ¿lo del show de caballero al rescate? tú eres peor, mira cómo tiemblas de miedo al no tener certeza de si podrás proteger bien a ese tesorito tuyo. diría que hasta me da ternura, pero no — no realmente. ”
Una risa vacía escapa de su garganta, la violencia que comenzaba a salir de entre los gestos del mayor algo que había esperado ver por mucho tiempo. No opone resistencia a su agarre hasta que siente la presión de sus dedos contra su piel, pero incluso así solo se muerde la lengua y lo escucha, apenas defendiéndose de sus gestos, inconscientemente queriendo sentir ese dolor, tanto o más como lo que le afectaban las palabras del otro. Porque era cierto, todo era cierto. No quería jugar con Nico, pero era la situación en que lo estaba poniendo, probablemente dándole esperanzas de algo que no estaba seguro de poder entregar. Las manos del otro lo manipulan hasta que su espalda choca contra la pared, y sus propias manos se posan sobre los puños aferrados a su camisa, listas para quitárselo de encima apenas pudiera. Su discurso aún no acaba, sin embargo, y puede sentir tensión en todos los músculos de su propio cuerpo, un estado de ira que urge por salir. Rueda los ojos con exasperación cuando lo escucha hablar de un aparente doble estándar, tratando de sacudíserlo de encima, pero el agarre del mayor era más fuerte. “Juego a muchas cosas, pero nunca he ocultado lo que soy, Jihwan.” Aclara. “Lo que ves es lo que obtienes. A algunas personas les agrada, a otras no. ¿Sencillo, no? Aunque si vamos a hablar de doble cara, empezamos por tu princesa. De seguro actúa toda inocente frente a ti, pero no le has visto su lado malo, quien realmente es.” Chasquea la lengua, su ceño frunciéndose al recordar sus encuentros con la muchacha, en donde ambos han terminado agrediéndose verbalmente, y con consecuencias físicas también, en su caso.
Al fin el mayor se aleja, y aprovechando que ha recuperado un poco de su espacio, no pierde tiempo en levantar sus manos y empujar al más alto, obligándolo a retroceder. No estaba listo para dejarlo en paz, no cuando el filo de sus palabras aún retumbaba en su cabeza. Quería hacerle algo, cualquier cosa que le dejara un mal sabor, tal como sentía él en ese momento. Está seguro de que todo ese intercambio ya será una memoria difícil de borrar, pero aún así, no quiere dejarlo ir tan fácilmente. No cuando el mayor ha amenazado en perturbar la paz de Nico, que es lo que realmente le hace hervir la sangre. “Te detesto en estos momentos como no tienes idea,” declara. La tregua entre ellos, después del último encuentro que habían tenido, apenas ha durado unas semanas. Prácticamente se había olvidado de que estaban en un lugar público, en uno de los lugares más concurridos de la universidad, las caras alrededor de ellos borroneándose como un confuso fondo. Lo empuja, como si ya no lo soportara encima, pero en realidad lo persigue; se acerca a él, después de cada empujón vicioso, pues ya no le importaban las consecuencias. “¿Tienes algo más que decir? Dilo, sabes cómo me gusta escucharte hablar.” Su mano toma la mandibula contraria con firmeza, para tirar su rostro hacia un lado, con violencia.