Se dedica a beber lo último que le quedaba en el vaso mientras escucha sus palabras, la contraria claramente disfrutando de molestarlo a pesar de su estado. “Siempre te he dicho que piensas demasiado mal de mí. Soy capaz de eso y mucho más, sabes, no soy realmente un monstruo. Pero eres libre de regalarle lo que quieras a Nico,” añade, su sonrisa más abierta esta vez. “¿Quién? Oh,” pregunta, recordando unos segundos después a quién se refería la contraria. “¿Él? es aburrido, Chanying,” añade, más por impulso que por certeza, no conocía realmente bien al mencionado. “Por supuesto que tiene alcohol, ¿Ya no puedes distinguir un vaso de agua de uno de vodka? Solo bébetelo,” le miente con naturalidad, esperando que le hiciera caso. Luego sonríe, viendo la oportunidad perfecta para seguir molestando a la muchacha. “¿Así que ese es tu tipo de chico? ¿Segura que te alcanza para tomarle la mano siquiera? Porque yo no estoy muy seguro.” Añade, recordando que el otro muchacho es bastante alto. “Aunque si fuera por altura, creo que no habría nunca una media naranja para tí, abeja, lo siento.” Dice tras una expresión de tristeza fingida. “Te vas a tener que conformar con admirar a los chicos lindos desde la distancia. Como lo estás haciendo ahora,” le guiña un ojo, esta vez apoyando una mano en la orilla de la mesa, relajándose para seguir bromeando con ella. “Vamos, admite que soy guapo, al menos una vez. Lo olvidarás en la mañana, y te dejo en paz por el resto de la noche. Vamos, vamos,” pide, claramente entretenido.
“Sí, sí, bueno. No eres la persona más agradable al principio y eso ni porque te paguen puedes negarlo--- pensaré en invitarlo a comer alitas conmigo. Cuando tenga dinero y me haga falta compañía.” Inclusive, en medio de su estado de embriaguez, Chanying logra reconocer que tal cosa es la recompensa más importante que ella puede ofrecerle a alguien más; de paso logra notar que cierto muchacho con cabello rosa anda con las patas metidas hasta el fondo por alguien. “Él es lindo. Y muy buena persona... pero igual no importa porque está bastante feliz con alguien más. No me queda más que zumbar por ahí e intentar el hecho de que me confesé en el peor esc---” Y como por arte de magia, sus ojos se abren como plaos. “¿por qué te estoy diciendo esto?” Es una pregunta más que nada para ella misma y en la que no piensa ahondar porque pronto está tomando lo que el chico le ha ofrecido momentos atrás. No se siente en condición mucho menos con ganas de discutir sobre el contenido de la bebida de una fiesa cualquiera. “Oye, de verdad no sabes cómo funcionan las cosas--- las pulgas como yo lucen muy bien al lado de chicos altos, como en los dramas. Altos, con cabello negro y solteros.” Bufa. “Mira, Choi Sangmin. Te conozco taaaaaaaan bien que incluso si no estoy en todos mis cabales sé que no habrá un día sin que menciones que te dije guapo en medio de una borrachera. Aparteeeeee, por muy guapo que seas, espantas a todo el mundo con esa personalidad fastidiosa.”