wip
Mientras los cuatro amigos relataban sus horrores, otro se forjaba a solo unos metros. En la tienda que ahora solo Verbena ocupaba, entregada al sueño con el que una parte de su espíritu pugnaba para aplacar los demonios que punzaban sus sienes, un ángel negro e imprevisible la custodiaba. Tendido junto a la cremallera que la separaba de la brisa del lago, descansaba un dóberman con la mandíbula húmeda y la expresión vigilante. El animal no se separaría de su lado en los días siguientes.












