Carlos
En un paseo rápido por Concón, me tocó pasar por un pasaje que conecta las casas del sector alto con la playa. Me quedé pegado viendo a un hombre desplomado como si no existieran huesos en su congelado cuerpo. La composición era bonita y la imagen del viejo a mitad de camino me pareció muy fuerte, lo fotografié y seguí mi paseo que me llevó a conocer a Elba, otra linda Habitantes (publicada anteriormente aquí) que me regaló dos duraznos. Ya de vuelta de esa gran conversación, pasé nuevamente por la escalera y el anciano durmiente se había despertado, le pregunté si tenía hambre y le regalé uno de los dos frutos del jardín de Elba. Carlos Cáceres vive hace 9 años en la calle. Trabajando en la construcción tuvo un accidente que lo dejó completamente cojo y por eso no pudo continuar, quedó en la mitad de camino, se le acabó la plata, decidió vender todo y mendigar. Ese pasaje es su hábitat, confiesa haber vivido de todo en ese lugar, por eso lo considera su hogar. La brisa marina hace de las suyas en la costa, es por esto que tiene 5 frazadas para dormir. Una vez, se hizo amigo de unos santiaguinos que vinieron aperrando a vacacionar, les prestó abrigo, pasaron la noche conversando, pero al día siguiente le robaron todo. Sin embargo sigue confiando en la gente.












