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En noches como estas era cuando más se acordaba de Doris, el cielo no estaba tan oscuro la luz de la luna entraba por las aperturas de su ventana, con un blunt en mano tomo la maleta que estaba llena de recuerdos entre ellos se encontraban viejos casettes de su difunto amigo, encendió su radio y se dispuso escucharlos notando a primera instancia las letras oscuras, llenas de remordimiento que se acompañaban con ritmos suaves pero densos Teniendo todo este talento Doris pero inclusive eso no evito que acabaras enterrado en la tierra las mismas noches donde maldecía al aire pidiendo algún tipo de explicación del porque se llevó a su única familia.
Cuando acabo la pista se paró deprisa sabía que si seguía un segundo más en su departamento todo el dolor que llevaba guardado iba explotar destruyendo todo a su paso. Salió a la calle con un cigarro en la boca y una chamarra tapando su cara y camino por las calles tratando de olvidar a Doris, la cárcel, sus padres tantas cosas en su mente que se olvidó por completo de su entorno esto ocasiono que tropezara con la persona enfrente suyo al instante regreso a la realidad “Venia distraído una disculpa”
Como todo el mundo, Anna tenía sus días buenos y sus días malos. Los buenos se caracterizaban por salir de compras, citas con la manicurista e ir a la peluquería. Los malos... Bueno, pensar en toda su vida. Había muchas cosas mal en su vida y lo sabía. Comenzando por ella misma, por su manera de ganarse la vida, por los gustos que tenía y por ella en general. No estaba donde quería estar; eso no era lo que se imaginaba cuando era una niña, pero claro, habían pasado demasiadas cosas en su vida que le impidieron seguir los planes que tenía. Como siempre que estaba en ese estado, no prestaba mucha atención a la realidad, lo que provocó que tropezara con otra persona—. N-no, fue mi culpa. Discúlpame, también venía distraída —explicó sin poder quitar ni su expresión melancólica ni su tono neutral y vacilante.



















