(Ignacio Alcocer Cordero, 28 de mayo de 2026)
Antes del primer moisés y arrullo
del único destello y consuelo
de lo prerrogativo y lo definitorio
antes del yacimiento y la envoltura
de la inscripción pétrea y el cajón tórrido
uno suele cuestionarse...
¿Cómo inferir una semblanza
con estos deterioros prolíficos
en monólogo con el ayer,
con la sensatez jorobada
y entre giros teloneros de conciencia?
¿Cómo ese menoscabo inminente
esa mengua en lo facultativo
esa cascada en las sienes
permeadas con hieles y rizadas en sales?
¿Cómo platinar los cordones,
cómo recapitular lo que sigue afluente
como hacer de mis atrocidades, centinelas
que hagan virtuoso lo degradable
durmiente lo crematorio
e interrogante lo encantador?
¿Cómo empuñar esta soltura?
¿Cómo esa porfía por el despliegue
esa febrilidad por aluzar?
¿Cómo esas bocanadas líquidas,
celulosas con tramas predefinidas,
cómo las vertebras apilables
y los tejidos traslucientes?
¿Como guiarse solo de ecos,
drenando plenitudes flotantes
y perniles distensores?
¿Cómo ese delirio de oxígeno,
ese descenso suavizado a lo concreto?
¿Cuantas acuosidades desistidas,
impulsos dentados y bosques foliculares
¿Cuántas cisuras para desanidar lo exento,
para no duplicar lo expulsable,
y concatenar la cruz de la autonomía?
¿Cómo conciliar lo reciclado?
¿Cómo abrazar lo recién descubierto?
¿Cuál es tu relato menos torcido,
tu narcosis más gratificada,
lo único perfecto que te han cercenado
o lo más solano de tus holocaustos?
¿Qué se ratifica en la primer cacería,
en la única prohibición vulnerable?
¿Las verdades deambuladas,
las aventuras especulativas,
las congruencias disecantes
o los limbos rebasados de vacío?
¿Qué se paga por un sorbo de inocencia?
¿Qué tan lento cicatriza lo didáctico?
¿Cuán cercano lo displicente?
¿Cuán frecuente lo fidicinal?
¿Qué se extingue acreditando moralejas?
¿Cuánto por cosechar lo zafio?
¿Cuántos sufragios por indulgencia,
tempestades por un puesto,
y vendajes por un síntoma?
¿Qué tan alto amurallaron tu alcoba?
¿Cuántas lobos en vigilias no pactadas?
¿Cuantos días en franco subarriendo?
¿Cuantos créditos se firman por un bocado,
¿Cuántos clics por una gota de unión?
¿Cuantos desasosiegos en píldora,
elocuencias preambulatorias, y contactos impersonales?
¿Cuántas ideologías debutan al año?
¿Cuánta franqueza antes de lo compendiado,
aseveración antes de lo conveniente
y risas antes de la desvirtud?
¿Cuantos mitos después del alquiler?
¿Cuantos dividendos antes de la mortaja?
¿Cuántos amaneceres ignotos,
cuántas locuras de orígenes divinos
espirales insondables en gloriosa retirada
y flores invisibles pisoteaste?
¿Cuántas ópticas menospreciadas?
¿Cuantos adverbios en calidad de testigo?
¿Cuántos visajes, simulados por capricho
estridencias irrisorias por consuelo,
taxidermias consagradas al mejor postor?
¿Cuántas amenazas no detectadas,
cuantos remiendos por sastrería?
¿Cuántas indagaciones de lo sintiente,
experimentos manuales y amasijos de carne,
atavíos onerosos y cinismos encubiertos
¿Cuantos abrazos remoloneados,
qué olores escatosos permiten los intersticios,
qué tallas deja el hambre de éxito?
¿Cuántos remolinos en tu madeja,
cuantas comezones en la soberbia,
providencias en absoluta ignominia,
o concesiones en colusión con lo crediticio?
¿Quiénes son tus musas y discrepantes?
¿Quiénes tus látigos y altruismos?
¿Quienes tus patrocinios prescindibles
tus figurantes herméticos,
que no representaron peligro alguno
¿Quién fue tu primer catarsis,
quién tu última lagrima?
¿Cómó se sucedieron las prioridades
¿Cómo se abandonaron procuraciones,
¿Cómo esos viajes inter-cerebrales,
simbiosis adherentes con estrellas
impregnadas de cartesianismo?
¿Cómo explicas esa gracia pupilar
esas aspiraciones no teutónicas,
esa embriaguez ceremonial por lo aciago
redención perpetua, pero maniquea
devoción coital, pero hessiana
¿Cómo esa inquietud por lo sereno
comunicaciones super lumínicas
en colusión con la última palabra
esas paces categóricas
emisarias celestes de lo ingrávido
¿Cuando empiezan a callar las masas,
cuando a flaquear los escollos?
¿Como decretamos lo valquírico
cómo se atavía lo funerario?
¿Quién calibra esa bala de salida
esa línea de meta improyectable
ese último recuento, estatuado en filigrana
que nos embarga los parpados
recicla nuestros electrones
y nos confina a lo alimenticio?
¿Para qué las motricidades burdas
las co-dependencias vinculantes
tan apóstatas como congénitas
tan lactantes como andrómedas,
¿Para qué ese encantamiento mamífero
esa obnubilación por la inocentemente débil
por procurar desamparos?
¿Para qué los juegos de depredación
las tareas homologantes, dominios callejeros
y oscurantismo hormonal?
¿Para qué las causas marchantes,
el mutar de mensaje a emisario
y el exceso de remuneración?
¿Para qué devenir socio y contribuyente,
propietario, segmento, y adepto,
empleado, cliente y censo,
objeto de estudio, sujeto de crédito,
diplomante y candidato quirúrgico?
¿Para qué los traslados circulares,
las verbenas, satines y betunes,
querencias, divergencias y otros despilfarros?
¿Para qué los picos de certidumbre
los valles inquietantes, las cartas impresentables,
los ases tardíos bajo mangas harapientas
y el eterno retorno al descontrol?
¿Para qué las expectativas involutas,
los roles con amnesia de enano,
anécdotas abarrocadas
con barbas de Penélope
y estoicismo aureliano?
Y más tarde que temprano
¿Para qué ensalzar lo numantino
de proliferar en lo impalpable,
primero en amigables chispas
y fermentaciones báquicas,
luego en serenidad imposible
y finalmente en deconstrucción nuclear
de tu presunta identidad?
¿Cuántas semejanzas se oclusionan
para confabularse en tus andanzas?
¿Cuántos dolores fantasma te amilanan?
¿Cuánto tiene un memorial de instancia?
¿cuánto de militante lo cromado,
cuánto de draconiano la abnegación?
¿Cómo importunar al desamparo,
cómo deglutir lo rectilíneo,
besuquear lo ponzoñoso,
desatender lo concertable
y adjudicarse tormentos?
¿Cómo legar nuestros engendros,
momificar nuestras oprobios
matando tiempo aún con signos de vida,
venciendo duelos antaños y soterrados,
o destilando arrojo en copas de tristeza?
¿Qué tan desgreñados tus anhelos?
¿Cuán conscientes tus apegos alveolados
a la amputación y a lo co-pretérito
¿Para qué las cornadas de premura,
los presagios perdiendo el timón,
timando al tiempo, interrogando brasas?
¿Qué trayecto siguen los atisbos perdidos,
las reverencias no enmarcadas,
las secuelas no benéficas
de formas de vida irreproductibles
¿A quién corresponde lo ebanescente,
la claridad nacida demasiado tarde
¿A quién los lamentos deglutidos,
las epifanías ostracistas
y las colisiones no consensuadas?
¿A qué presbiterios lo no performativo
¿A quién las comisuras en tus partos?
¿De quién trató tu último suspiro?
¿De quién tus ultimas estocadas,
tus algarabías afectivas
tus carrouseles no diligenciados
y tus plañideras ausentes?
¿De qué sirvieron tus comezones de níquel
tus rescoldos sofocados en vida,
tus hectáreas de privacidad atrincherada,
tus catamaranes esteparios,
tus presas indigestas y tus faldas infelices.
¿Qué moldes tomaron tus recipientes
tus ceniceros vicarios dentro de cajas,
morando nichos, en criptas rodeadas de crisantemos
y bajo un ejército de granito,
de remuneraciones insubordinadas,
pronunciamientos postlúdicos
y desatinos macabros con letradez.
¿Cuánto tiempo de este automatismo
estos cleros de lamentos melódicos,
esos perfiles que piensan brumoso,
victorias ápodas, carruajes sisífeos
tan suntuosos como esqueléticos,
¿Cuánto tiempo veremos reptando
ese saltimbanqui impercepto,
esa herencia desfilante, pero remisa
absorta, de humor corrosivo
de vientre angosto y agrurado
expedita, pero contenida?
¿Cuántas misiones difuminadas?
¿Cuántas congruencias salpicadas de luna?
¿Como publicitaron tus filias?
¿Cuántas mercedes deprecó el corazón,
cuántos quebrantos aun fidedignos,
cuántas pulsaciones camelopardas?
¿Con qué designios no has querido hablar?
¿Desde cuándo las proscenios estriados,
desde dónde las reminiscencias de hocicos
las dermias que ni abrigan ni suenan
por más etílico que sea el incendio?
¿Cuánto resiste una amigo sin respirar,
cuanto un consanguíneo en archivarte
o un merodeador en buscar leña?
¿De qué sirvieron esos ademanes condolentes
esas aventuras de moraleja medrosa?
¿De qué esas estrellas arremolinadas
con los aparejos en repliegue
los calamos desencerados
crepitando derivas renuentes
y sofocando pabilos sin cejas?
¿Cómo retar a ese jurguneo de orbes,
estas misofobias disuasoras?
¿Cómo desnutrir cada sesgos?
¿Cómo renombrar lo epiceno?
¿Cuántas veces te sonríe lo yacente?
¿Cuántos calumnias elogiaste en secrecía?
¿Cuántas epopeyas inconclusas?
¿Cuántas con lujo de lágrimas?
¿Por qué las memorias de acceso aleatorio,
la cohesión binaria y los mundos verticales,
las secuelas que cuelgan de lo no advenido
y los figurantes que no representan peligro?
¿Por qué los paradigmas en sinergia,
las abundancias sin descorchar
las clepsamias sin gravedad
impregnadas de cartesianismo
balbuceando golondrinas
que no hacen verano?
¿Por qué ese canibalismo asteroidal,
esas prerrogativas inescrutables
esa subsidencia lazariana
frente al oráculo de lo subjetivo?
¿Por qué esos barqueros sobornables
esos rolidos que columpian apetencias
que endiosan anomalías y desaciertos
con la misma pericia y celo
con que se arrulla un infarto de ojos?
¿Cómo puedo rebatir al silencio,
cómo con esa promesa orgánica
con este final uróborico?
¿Con estos moretes sin amnistía,
esta biopsia de lo mineral
y esta putrefacción garante?
¿Cuándo prescindir de pugilismos
de negligir remos y descolgar zarcillos?
Felicidades, te salvaste de ti mismo...
Amén de socavarte en tus danzas
en tu propio sueño sempiterno,
ínfima calamidad evolutiva,
carambola de elementos providenciales
o un desliz progenitorio con el pasto.
Malaventurado lo prevalente,
bienvenido a tus propias fauces,
al vertedero de tus voluntades,
al purgatorio de tu alardeada conciencia
aunque las sotanas ardan
y los necrógafos se atiborren,
hasta no ver el epigrama ilegible,
el desenlace de tu primer dogma
y de qué estas entrelíneas no catalizen
ni siquiera el vaticinio clínico
de la última pregunta formulada
antes de sucumbir al humo
de los cometas...
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