Un nudo se hizo presente en el interior de su garganta. El corazón le pesaba y sus pulmones se negaban a funcionar de manera correcta. El tener de frente a una persona que por tanto tiempo se había encargado de querer y proteger empapada en lágrimas cuyo causante era él mismo le provocaba un fuerte dolor en el pecho, como si tratase de una daga que se profundizaba cada vez más mientras sus intentos de ayuda eran claramente rechazados por la princesa. No se sentía él mismo, puesto que el Ian que solía conocer jamás le hubiese negado nada a la azabache y, por el contrario, ahora se proponía romper un código que ponía en peligro la vida de ambos. Era egoísta y absurdo, pero no lo supo hasta que cada lágrima resbalando por la mejilla de la austriaca le destruía un poco más el corazón. La quería, incluso más de lo que debería, pues bastaba resaltar que aquel cariño que había desarrollado por ella había iniciado como algo más allá de amistad, hasta que las circunstancias lo llevaron a aceptarla como una simple compañera de vida, misma por la cual debía ignorar todo sentimiento que alguna vez atravesó su persona. Su mirada estaba cristalizada y sus labios se entreabrían sin realmente tener argumentos para salir a la defensiva, porque muy en el fondo sabía que ella tenía la razón. “Sé exactamente a lo que te refieres, porque yo también lo sentí alguna vez, Ike, incluso mucho antes de que corrieras a los brazos de otro y te comprometieras con él.” Confesó después de tanto tiempo, dejando de lado el rodeo que podría continuar tomando lugar dentro de la conversación por horas, yendo directo al núcleo del problema, ese dolor que ni el tiempo o la forma en la que se había acostumbrado a ver a la princesa habían podido eliminar. . “P-pero eres mucho más que una simple relación que podría terminar con una simple falla, eres más que cualquier amorío capaz de destrozar mi corazón y es por eso que te consideré mi mejor amiga, mi compañera de vida, porque después de todos mis errores, no me perdonaría la vida si otro más me hubiese hecho perderte, porque te quiero conmigo para siempre. Me siento comprometido contigo, algo en mi cabeza que me obliga a protegerte sobre todas las cosas, a preocuparme por tus sentimientos incluso más que los míos y sé que de haber admitido lo que sentía por ti en aquel entonces, tú y yo no hubiésemos estado parados el uno frente al otro ahora mismo, seríamos una historia perdida y sinceramente preferí arriesgarme a verte como mi amiga a haberte perdido como lo ha sido en otros casos.” Palabras bañadas en veracidad brotaban de sus labios, acompañadas por el recuerdo de aquel dolor al cual tuvo que resignarse cuando la noticia del compromiso de la princesa llegaba a su conocimiento. A la vez, avanzaba pequeños pasos hacia la figura femenina frente a él, buscando una vez más el contacto aunque el miedo de ser rechazado continuase presente en cada centímetro de su piel. “Yo también te amo y, como lo he hecho anteriormente, sabes que pondría en juego mi propia vida por que estés bien. “