El sexto me lo pido (de Brux Bilis)
(un relato escalofriante de cerdos, gochos y marranas)
- Dígame
- En ocasiones veo puercos.
- ¿Puercos?
- Puercos, cerdos, gochos, marranos, cochinos, cochinillos…
- Pare, pare, ¿pero qué dice?
- Si, si, es la leche, los veo por todos los sitios. Me despierto por la mañana y allí tengo un gocho dándome besitos y arrumacos, voy a desayunar y un puerco tiene la leche fría otro el café, un marrano me pasa las tostadas…, voy al trabajo y llega una cerda con documentos ,sonriéndome, diciéndome que tenemos que ir al despacho del de informática, que tenemos examen de conocimientos, para flipar; en el test un cochino me chiva las respuestas, y después me dice, el cochino, que tengo que cuidar mi aseo personal, que me corte mejor las unas, y él con unas pezuñonas de espanto…
- Pero usted está obsesionado
- Obsesionado no, que los veo a todas horas. Mire, cuando voy al gimnasio hay un marrano en la bicicleta sudando a rabiar, con toda la grasona temblando, y va el faltoso y me suelta que si voy a bajar la barrigona, otro que está levantando pesas y tiene tocino hasta en los parpados, se ríe de la bromita y me dice que ya puedo darle a la bici que estoy como un hipopótamo, !cagondiez! el gocho de las narices, si pesará él 200 kilos…, marcho para la ducha con un cabreo de la de mi madre y !más cerdos!, ya ni me ducho, pongo la ropa para ir a una empresa de visita y... .¿a quién me ponen de compañero? !a un gochón!, entrado en años, de por allí, de los que ya conoce bien la zona, claro, para que influya bien, pero un cerdo, y va el tío, el cerdo, y me dice que cuidadito que no me va a permitir ni una que llevo todo el día muy revuelto llamando marrano a todo el mundo, !encima chulo!, y venga con el cochino a la empresa, después al Centro de Salud, alJuzgado, a tomar un café, y va y se pone a dar el palique con la camarera y cuando quiero intervenir yo que si estoy mejor calladito, pero !hay que ser cerdo!, volví rechinando hasta que llegó la hora de comer; ya fue el colmo, !parrillada!, costillas, chuletas, chorizo, criollo, todo de gocho, y en la mesa tres puercos y dos marranas estupendas ellas, que se daban un festín con sus congéneres, a lo caníbal,
Relamiéndose y todo, encima me decían a mi que comía como un gochín !habrase visto! más que marranas son unas zorras las tías... tuve que ir al baño porque me echaba humo hasta los sobacos... !Mecagondiez!
- Tranquilo hombre, relájese, está usted sudando a chorros.
- Pero esto no fue lo peor, lo peor fue el fin de semana, el sábado, cuando invite a mi hermano a comer. Estábamos en Casa Loli, esperando que vinieran a atendernos, cuando de pronto se me nubló la vista y empecé a ver camareros relucientes con enormes bandejas, y en ellas cochinos, cochinillos, con manzanina en la boca y todo, uno, dos y tres, y yo sudando en frío, salivando, con un hambre canina, masticaba en el aire, cuatro y cinco cochinos, aquella capina crujiente por encima, aquel olor, me volví loco…, no podía más y le dije al camarero “yo el sexto me lo pido”, pero el camarero me contestó que estaba reservado y era el último, entonces la locura se hizo dueña de mi y ataqué al camarero y cogí el gocho y comencé a bocaos allí mismo, un mordisco grande al cuarto trasero, un mordisquin a la orejina, y así alternando con mordiscos al camarero para que me dejara en paz…
- Usted está muy mal…
- Meca, otra, !marrrrrrana!, !gocha!, a ver quién te paga esto, !gochona!, !que cruz me cayó!








