Me siento lejana, fría y distante. Por unos minutos no fui yo, me invadió el miedo, el llanto y el desconsuelo. La Soledad calo hasta lo más íntimo de mis átomos, mi bioquímica cambió y segrega las hormonas del dolor y la angustia, la adrenalina me hizo respirar rápido; mientras mis ojos se abrieron de par en par y tan solo pude pensar en dejarte.
Me caigo a pedazos, me lancé al vacío, me estoy desmoronando, mi tormenta crece, los truenos ensordecen y los rayos envejecen. No quiero que me veas así, no quiero aferrarme a ti y hundirte en este mar enojado, en este mar descontrolado.
Quiero protegerte de mi, pero una vez que me calmó, me imagino entre tus brazos, me quiero hacer pequeñita para sentirme más protegida. Me doy cuenta de que te amo, de que en mi mente eres mi lugar tranquilo, respiro bien por unos minutos, luego vuelvo a llorar. No estoy segura del significado que tengo en tu vida ¿soy el placebo de bienestar en tu vida o me amas sin medidas?
Se que le tienes aprecio a esta yo, la que está a unos o dos pasos de desaparecer y que cada día se vuelve más oscura. Dicen que más mujeres son como la luna, yo sé que al final de cada ciclo vuelves a brillar, pero mis fases son distintas y la luna nueva puede durar lo que dura una vida.
Ahora me ahogo en las palabras que no puedo decir, en los sentimientos que no debería sentir, hay una voz en mi cabeza opacada por la nueva canción que me encanta, me quedo en silencio ¿qué pasaría si muero? Le pido a Dios que me mate, se queda callado, no quiere ayudarme, al menos no de esa manera.
¿Será que ya he muerto y este es mi infierno? ¿A caso me he vuelto suicida? No, quizás si, quizás vivo una adolescencia tardía y me quema el aire que respiro. Me desprecio y no me amo, me quedo tirada en el suelo, pierdo sensibilidad en mi cuerpo.
Llega un mensaje en el momento adecuado, hablemos de una historia de amor, no la mía por supuesto, que yo no sé si la tengo. Respiro, las lágrimas corriendo, arriba el ánimo que morir aún no debemos. Quizás mañana lo olvidaremos.