los últimos tres días fueron el ojo de la tormenta que la presencia de yohan trajo a su vida. tras el encuentro con lee taehan, seonghan recibió una sorprendente paga por su cometido en un gesto cuyo significado el joven comprendía casi del todo: aunque seonghan no conociera los detalles de la reunión entre yohan y su superior por el momento, sabía que aquel estímulo sólo podía significar que su ‘ ayuda ’ con el mayor sería necesitada nuevamente.
pero desconocía el cuándo y el por qué. quizás cualquier otro en su posición se relajaría y disfrutaría de aquella momentánea calma y prosperidad, pero el muchacho se encontraba a sí mismo trayendo de vuelta el recuerdo de yohan una y otra vez, y la falta de obligaciones fuera de pequeños y rápidos encargos del señor lee le dejaron aún más tiempo para que su vecino invadiera cada memoria que aparecía en su mente. las sílaba que formaban su nombre pronunciadas en su interior lo ahogaban en el aroma a nicotina y evocaban la imagen del mayor rodeado por el humo, aquel que le impedían ver más allá de su dura faceta… el chico se daba una y cien vueltas en su cama mientras decenas de preguntas le negaban el onírico descanso que su cuerpo tanto deseaba. exhausto, seonghan se rindió ante la única solución posible para su congoja, solo necesitaba una buena excusa para ejecutarla.
así fue como acabó encontrándose una vez más frente a la puerta de su vecino, esta ocasión sosteniendo una bolsa con comida dentro de un par de tupperwares. tan pronto llama a su puerta, la misma inquietud que lo perturbó días atrás vuelve a inquietarlo… sin embargo, en ese instante la aflicción parece durar menos, pues pronto la figura de yohan aparece bajo el umbral — sombrío, rudo y con un intoxicante aura de la cual seonghan no puede permanecer muy lejos. ‘ yohan-ssi… ’ alza la voz y pronuncia su nombre como si aquello lo hubiera regresado a la vida, y tan contento se siente con su presencia que hasta pasa por alto la aspereza de sus palabras. ‘ es— es bueno verlo otra vez. ’ agrega. ‘ yo… yo le traje esto. hice una ración más de bibimbap y— es para usted. ’ la timidez lo abruma a medida que levanta la bolsa en donde cargaba la comida, ofreciéndola con una mirada que le implora en silencio que le dé una oportunidad a sus habilidades culinarias, y una sutil sonrisa que espera convencerlo.
yohan odiaba verlo . odiaba verlo por que cada vez que encontraba aquel par de ojos inocentes ... sentía que todo su mundo vibraba de una extraña manera , afectado por la juventud y la ternura de alguien que estaba rodeado de miseria . durante tres días lo pensó y ahora más que nunca tenía la respuesta : seonghan era , de alguna extraña forma , una flor que había nacido en tierras contaminadas . floreciendo entre las gritas que la injusticia y la violencia provocaban en un mundo donde una belleza como tal resultaba un objeto fuera de cuadro ; una peculiaridad , una excentricidad donde todo era color blanco y gris pero él brillaba como el mismo sol y en todos los colores , sin importar qué ... sin importar quién . yohan se sentía hastiado cada vez que lo veía , por ello que con sus ojos clavados en los del menor fue que llegó a la conclusión de que destetaba tenerlo frente a su puerta luciendo así : como un cachorro que a pesar de vivir en las peores condiciones y ser tratado con mano firme y ruda , seguía moviendo la cola de felicidad .
sus orbes desvían la atención de los del menor cuando la bolsa aparece frente a su panorama , manteniendo una expresión impávida y fría . ¿qué se suponía que debía de hacer? ¿darle las gracias y cerrarle la puerta en la cara después? muy probablemente esa era su mejor opción ... más como quien es adicto a la belleza ajena , yohan no pudo evitar sino cerrarle la puerta por un momento para luego abrirla de par en par, tras haber retirado cuidadosamente el pestillo y liberar la débil cadena que mantenía una abertura mínima por la que apenas podía ver su sonriente rostro . ‘ ¿por qué haces esto? ’ sus ojos volvieron al rostro de su vecino , con las cejas arqueadas en una interrogativa que se marcó en pequeñas arrugas sobre su despejada y pálida frente . no quería ser un grosero , puesto que la comida olía bastante bien y aquel era un gesto que nadie había tenido con él quizás en años o toda su vida pero , ¿por qué? ¿qué era lo que quería este crío de él , al aparecerse así como así luego de haber cocinado algo para él? y en primera instancia , ¿por qué se había tomado esa molestia? la cabeza del pelinegro no paraba en formular preguntas , aunque finalmente terminó por tomar la bolsa tras un largo y pesado suspiro apestoso a cigarro.
‘ asumo que no está envenenada o algo así , ¿verdad? ’ sus pies giraron sobre su eje , dándole la espalda al chico para internarse al departamento ... dejando la puerta abierta en una muda invitación a que pasara también . ‘ si es que tu jefe te mandó para que me envenenes , dile que va a necesitar más que raticida para matarme. ’ se mofó , dejando las cosas sobre la mesa antes de volverse a seonghan .