“Good one, Goyle. You’re absolutely right.”

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“Good one, Goyle. You’re absolutely right.”
&&.Las cejas de la muerta se elevaron curiosas ante la elección de palabras por parte de Malfoy, el siquiera responderle parecía algo de más pues más pronto que tarde sus labios se vieron aprisionados por los de la fémina, al instante un dulce sabor se apoderó de sus sentidos y aceptó aquellos labios gustosa, saboreando hasta el último rincón de aquellos labios rosados. Podía sentir su respiración acelerarse conforme sus pulmones le pedían a gritos un poco de oxígeno, se separó de ella. “quizás sólo los suba a cien, no me has sorprendido lo suficiente” suspiró sobre los labios contrarios conforme una sonrisa que denotaba picardía se instalaba en sus facciones, resaltando entre su tétrico maquillaje.
Se relamió los labios al momento que la otra comentaba aquello, y una sonrisa, fiel imitación de la ajena en cuanto a picardía, se desplazó por el largo de sus rosados labios. ---Todavía no me juego los otros cincuenta ---le aseguró, sus ojos recorriendo el rostro femenino hasta detenerse nuevamente en esos labios marcados de líneas negras que pronto volvió a probar gustosa. No importaba nada en ese minuto más que el hecho de que esos labios se le hacían tan o más sabrosos que otros masculinos que hubiese tenido la oportunidad de saborear como aquellos.
Al final de ese ataque de risas descontroladas, se tomó un momento para renovar el aire de sus pulmones y después lo liberó en un profundo suspiro.— Una bruja malvada y… agresiva —quizá con eso sólo le estaba diciendo que le iba bien aquel disfraz. Con cuidado, volvió a aproximarse a la bruja como si tramara algo, pero pronto dejó de actuar y sólo le regaló una nueva sonrisa.— Eres débil, debí de haber jalado de tu cabello como pensé en un primer momento —chasqueó la lengua.— Se suponía que debía hacerte llorar, pero sólo he conseguido un golpe y casi llorar de risa yo mismo —otras risitas salieron de sus labios tras esas palabras.
Ella reaccionó como si el otro hubiera atacado, medio doblándose de un lado, riendo al darse cuenta que no había sido más que una falsa alarma. Se pasó la mano por el pelo, para dejárselo estirado hacia atrás. ---Has conseguido más de lo que venías a buscar. Yo que tú estaría contento ---se encogió de un hombro, dedicándole una sonrisa medio burlona pues se sentía victoriosa de no tener lágrimas en los ojos. ---Hacerme llorar. Que misión tan malintencionada. Estoy decepcionada de ti, muerte ---se posó una mano en el corazón, pero en sus palabras se oía la insinceridad y la pizca de jocosidad que bañaba las mismas.
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La risa de la chica era por demás contagiosa, aún cuando parecía que padecía su ataque (¿y cómo no?) en lugar de estar divertida. Habían conseguido robarse las miradas curiosas de algunos presentes, y eso sólo le provocaba más risa. El golpe en su abdomen sólo consiguió que sus risas se mezclaran con quejidos de dolor, pero no sabía muy bien si era por el golpe o por el dolor de estómago que le había causado el reír de aquella manera. Estaba desacostumbrado, de eso no cabían dudas. Sus brazos la rodearon para que se tranquilizara y ya no volviera a golpearlo, liberándola después para moverse rápidamente lejos de ella.— ¡Eres una bruja! —la acusó, accidentalmente haciendo referencia a su disfraz, pues su intención había sido la de ofenderla.— Sólo te estaba haciendo reír, ¿por qué tan violenta? —sus palabras brotaron mezcladas con la risa que volvía a aparecer.
Y una sonrisa se podía apreciar en el semblante de la rubia mientras dejaba salir las últimas y alargadas carcajadas producidas por las cosquillas mientras se enderezaba. Le dolían los músculos del estomago tanto reír, y algunos mechones de su cabello, a pesar de estar engominado, se habían rebelado. ---Sí, lo soy, gracias por notarlo ---bromeó, dejando salir algunas risillas más---. Es como mi cuerpo reacciona al pánico ¿ok? ---explicó con exageración, pero la diversión tiñendo el timbre de su voz---: con violencia. Fue tu culpa, te dije que te detuvieras ---acusó, señalándolo con el dedo esta vez, con una pequeña sonrisa curvándole apenas las comisuras de sus labios.
Al notar como las risas brotaban de los labios de la chica, la Parca (un poco fuera de personaje) soltó una risita burlona que iba acompañada de más intentos por descubrir sus puntos susceptibles a las cosquillas.— ¡Ajá! Eres una vil mentirosa, Draco Malfoy —transformó sus risas en unas un poco más malvadas, pero continuaba siendo una muerte lejos de resultar aterradora. Ya que no se creía capaz de jalar su cabello o herir sus sentimientos (porque no le conocía, creía) tal vez conseguía hacerla llorar de risa. Eso o se ganaba un puñetazo, una de dos.
Ella se doblaba en cada dirección opuesta a donde recibía los ataques, y presa del pánico que le producían las cosquillas, trataba de escaparse del agarre masculino agachándose y avanzando hacia atrás, incluso cuando era su punto ciego y no sabía con qué o quién podría encontrarse. ---¡Para, para ya! ---exclamó entre risas y medio gritando. ¿Qué pretendía? ¿Ahogarla de risa? Era la muerte después de todo. Finalmente, se puso de espaldas a él, y le enterró un codo en el estómago lo más delicadamente que puede hacer una persona bajo el pánico de las cosquillas.
—No, tú te has ganado ese trato especial —le guiñó un ojo, como si hacer algo como lo sugerido fuera un premio para la chica.— Como todo lo que forma parte de mi mundo, algún día lo comprenderás y lo asumirás —le aseguró.— Primero, que no acepto órdenes de mortales, y segundo: demuéstrame que no lo eres y dejaré de hacerlo —respondió, alzando una mano para señalarle que se tranquilizara.— Ajá… te creo —detuvo su mano en el aire por un segundo, fingiendo haber cambiado de opinión, pero luego en un gesto rápido atacó directo hacia las costillas de la rubia para provocar sus cosquillas.
Alzó una ceja. ---No tenías que molestarte, no es ni mi cumpleaños ---su voz monótona y algo sarcástica. ---Te comportas como el dueño y señor, sin mencionar que como todo un anciano. No tengo nada que demostrar ---se cruzó de brazos, enfurruñada, una ligera arruga entre sus cejas manifestándose con el sentimiento de disgusto casi infantil. Mas poco duró la seriedad, porque el huesudo acompañante le atacó inesperadamente. Pequeñas olas de pánico disfrazado de risas salieron disparadas de entre sus labios. ---¡Detente! ¡Detente! ---
Suspiró.— Si tuviera un libro conmigo mismo, te golpeaba en la cabeza para recordarte a tu profesor favorito —no era un fanático de las series, para nada.— Tal vez elfos que han pasado a mejor vida. Elfos zombies —todo podía ser un zombie si se ponían a verlo de aquel modo.— ¿Acaso me has visto una cicatriz de rayo en la frente? Que eres cobarde, lo eres… Lo diga Potter o lo diga Snape —encogió un hombro.— ¿En serio? —se volvió a acercar.— ¿Cómo puedo saber si me mientes? —elevó una mano con lentitud, acercándola peligrosamente hacia el costado de su figura con intenciones de comprobar si le mentía.
---¿Te llevas así de violentamente a todas las almas en sufrimiento? ---se tocó la cabeza, como si un librazo hubiera sido llevado a cabo. ---Eso si es interesante ---aunque ¿qué tenía de interesante? no tenía una respuesta. ---¡Deja de decir que soy cobarde! ---exclamó, quizás algo berrinchuda. ---No puedes... ---negó, fijándose con cuidado en la mano que se le aproximaba---.... porque no soy cosquillosa. ---
“¿Eres un alma noble? Creía que eras un ser malvado del universo mágico.” Arrastró las palabras y los ademanes que sus manos hacían, una carcajada al final escapó de sus labios y con tono aterrador repitió. “La mano.” imposible le fue mantener la seriedad, nuevamente acabó siendo victima de risas. “Es la secta a la que mi personaje servía, no puedes pedirle mucho más a los que crean comics. No es como que sus nombres sean muy originales” Y sólo humedeció sus labios volviendo su atención a Drácula quien libremente era señalado por la rubia. “No está tan mal, pero su cara da miedo. Imagina que esos colmillos te agujereen la mejilla.” Porque claro que tenía sentido para ella, un beso ahí debía ser siempre.
---¿Yo, un ser malvado? ---se señaló a sí misma, con fingida sorpresa---. Soy una bruja, buscadora en el quidditch, y prefecta excepcional... Creo que me confundes con quien-tú-sabes ---y marcó las últimas tres palabras, realmente actuando como si el nombre “Voldemort” fuera como una grosería en aquel mundo. ---La mano... ---volvió a repetir con un tono más misterioso---... No me puede llegar. ¿Qué personaje eres tú? ---y la escudriñó por un segundo con la mirada---. Me imagino que me agujereen el cuello, sería mucho mejor de ese modo. Al menos los dos puntitos son más cubribles en esa zona ---como si la mordida de un falso drácula llegase a hacer verdadero daño.
Alzó las manos en el aire “Yo sólo repito lo que la gente dice por ahí, no significa que lo comparta” frunció sus labios, permitiendo que la pintura roja de sus labios se viera como una línea simple, roja y curvada ligeramente. “Pero yo soy valiente también, y ya, ya, tranquilízate Draco. La gente que usa anteojos redondos no me inspira confianza” por suerte había conseguido recordar siquiera un dato de aquel famoso mago (y esperaba que así fuera, porque no le extrañaría si estuviese confundiéndolo con alguien más). “Hey, espero que no hayas dicho eso por el maquillaje de mi rostro. Sabes que soy un mimo, ¿no? Es maquillaje profesional, no me caí sobre un pastel” porque recordaba haberse reído de sí mismo y haber comentado aquello frente al espejo. “Pobre de ti si me estafas, Draco. Pobre de ti” amenazó. “Tenemos un trato” porque si pensaba que iba a detenerse antes de quitarle la camisa, se estaba equivocando. “Pero… necesito una garantía, algo que me asegure que realmente no me vas a estafar” se sentó sobre la mesa, negándose a recostarse.
---¿Qué tal los que visten rojo y dorado? ---cuestionó con ojos entrecerrados y la varita señaladora (una vez más. Ya ni sabía a cuántos había señalado con la varita mágica). ---¿Eso hiere tus sentimientos de mimo parlante? ---le cuestionó con aparente seriedad---. Hubiera sido mucho más interesante si realmente se hubieses caído sobre un pastel... ¿te lo imaginas? Podrías invitar a todos a comer de tu rostro ---y no es que esa fuera una meta de ella, pero sonaba a un pensamiento dicho en voz alta más que un comentario con intención---. ¿No confías en Draco Malfoy? ---una pausa---No contestes a eso ---negó con la cabeza. ---¿Pobre de mi? No me digas que vas a cumplir con tus palabras iniciales y me comerás el cerebro o lo que sea que coman los mimo-zombie-pirata-momia-descamisado-parlante ---miraba cada cosa que mencionaba hasta terminar posando su vista en la contraria, justo en la palabra “parlante”. ---Ya... Y esa garantía es... ---y le miró expectante a una respuesta. Si creía que ella pensaría en algo se equivocaba.
— Hay muchas cosas que no sabes de la muerte, eso es lo que me hace tan interesante, ¿no crees, Draco? —era extraño hablarle con nombre de hombre cuando era una niña, pero se estaba acostumbrando.— Tengo a otros que los lustren por mí, ¿te creías el único con elfos domésticos? —chasqueó la lengua.— Ambas, tal vez —¿eso tenía sentido? Por supuesto, no se había detenido a pensar antes de hablar.— ¿Qué es eso, le temes a la muerte? Parece que alguien es tan cobarde como me habían comentado —se le acercó otra vez.— Sólo quiero conocerte mejor, ¿tienes cosquillas? —sus manos buscaron comprobarlo de inmediato.
---Tan interesante como aprender la teoría de las escobas voladoras pero bueno... ---se encogió casualmente de un hombro---. ¿También tienes elfos? ¿O quizás zombies entrenados...? ---cuestionó, distrayéndose un momento del tema central. ---Agh, otro que menciona la cobardía... ¡Esto está lleno de Potters! ---se quejó, pero antes de que pudiera agregar algo más, rehuyó el contacto ajeno---. No... ---respondió, seria---, no tengo cosquillas ---
No fue una exigencia demasiado poderosa la del beso, más bien resultó ser suave y hasta casi gentil, o así comenzó, pues cuando se vio correspondido por la dueña de platinado cabello, la demanda del contacto se volvió más insistente, ahora llevando sus dígitos a rozar el pálido pómulo femenino antes de comenzar a separarse gradualmente, siempre con una sonrisa decorando sus labios— Nada mal, Malfoy. —masculló a una cercanía que aún podía ser considerada peligrosa.
Se saboreó y no tardó ni dos segundos en actuar como la exigente que en realidad no estaba siendo. ---Le doy... cinco puntos a tu casa ---frunció los labios, pero claramente había diversión en ellos. Con una pícara sonrisa adornándole los labios, y sus ojos lleno de malicia recién adquirida, apoyó de nueva cuenta la varita en el pecho contrario (aunque la cercanía se lo pusiera un poco difícil). ---¿Es ahora cuando menciono las palabras mágicas? ---con eso se refería a lo que se habían dicho antes, o sea, el Avada Kedravra.
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Un reto que debía cumplirse de una manera a otra, la muertita se abría paso entre la multitud, buscando un ser digno -al menos a su punto de vista- de poder tener un encuentro con sus labios. Las personas se movían de un lado a otro y entre la multitud una persona destacaba. Una mujer, con una túnica con detalles en verde y plateado había logrado captar su completa atención y sin más se dedicó a caminar decidido hacia donde ella se encontraba situándose a unos cuantos centímetros de ella. “Cincuenta puntos a Slytherin si le das un beso a muerta con flores en el cabello” expresó a modo de susurro lo suficientemente cercano como para que pudiese oírse entre tanta música.
Aquella era una buena forma de abordarla: directo, ofreciéndole algo de su interés (o, en realidad, el interés del personaje que interpretaba, puesto que de nada servían aquellos puntos en la vida real). ---Los querrás subir a ciento cincuenta ---dijo en una voz lo suficientemente alta para que la escuchara, y antes de que le atacara el ataque de risa, exterminó los centímetros que las separaban para cumplir con la que sería su parte del trato, tomando el rostro de la contraria entre sus manos y besándola alegremente. Ni siquiera había intentado hacerse del rogar, sólo se estaba dejando llevar por el momento.
Ambas palmas acabaron cubriendo sus labios, su mirada se había agrandado considerablemente y todo horror quedaba en evidencia. “Cómo podrías se capaz de algo semejante. Hablaba de que quizá eras La Mano, dispuesta a deshacerte de mi.” Explicó, posando su palma a la altura de su pecho y cuestionándose si era aquello lo que verdaderamente había pretendido decir. Ni siquiera podía recordar las palabras mencionadas un minuto atrás. Una carcajada resonó, escapó de sus labios y miró realmente entretenida a la blonda. “No será que tú le tienes ganas a Hulk, digo la mirada que le das no es la más inocente tampoco.” No tenía ni idea de si eran ciertas sus suposiciones, pero ahí estaba soltando lo indebido.
---De hecho, no soy capaz. Pero preguntaba por las dudas, dejaste abierta a la incógnita ---replicó, dejando ir algunas ligeras risas. ---¿La Mano? ¿Es algo de terror? Que pésimos nombres ponen a algunas cosas ---criticó, meneando la cabeza de un lado a otro. La otra insinuó que era ella quien tenía intenciones con el gigante verde y Malfoy la fulminó con la mirada antes de soltar una carcajada. ---Ay, no, no ---volvió a negar---. Si me tirase a alguien esta noche, seguro sería a ese Drácula que está allá ---lo señaló. Si ella misma se oyera, seguro se daría con la palma de la mano en el rostro.
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Se tomó unos treinta minutos en un rincón de la sala antes de decidirse a cumplir con el reto que le habían dado. Su cabeza se movía al ritmo de la música mientras el resto de su cuerpo parecía estar quieto gracias a la (falta de) movilidad que le daba el traje. Los ojos, por su parte, habían permanecido cerrados con el objetivo de coronar la cantidad de sensaciones que su cuerpo transitaba: desde el fuerte ritmo de aquella canción desconocida, hasta la alegría desbordante que lo visitaba, aunque la obligación de cumplir con el juego no dejó de taladar su mente en ningún momento. Por ese motivo, y sin prestar demasiada atención a qué fémina se dirigía, el caballero de la noche dio dos pequeños toques a un hombro al azar (su intento de llamar la atención ajena) y comenzó:— Disculpa, te robo un minuto de tu tiempo —tragó saliva, como si la pausa lograse que no sonara tan… mal—: me ha dado la impresión de que tienes deseos de ver mi murciélago—y una pequeña seña a su pierna, rodilla, ¿o entrepierna? fue efectuada—, ¿es así? Porque no tienes que tener ningún tipo de vergüenza…
Un toque en su hombro le obligó a voltearse para encarar y atender al llamado ajeno. Asintió con la cabeza ante la introducción del mismo, con el ceño fruncido, pues no tenía ni mínima idea de lo que estaba a punto de presenciar (ni una pista se le cruzaba por la cabeza, tampoco). ---¿Tu murciélago? ---repitió con confusión. ¿Sería como el equivalente a sus lechuzas en el mundo ajeno? No tenía como saberlo, pero miró en donde señalaba, aún no captando la indirecta. Su cerebro no funcionaba como de costumbre, después de todo. Señaló con la varita ---¿Tienes un murciélago ahí? ---preguntó, inclinándose un poco en la dirección que él señalaba, porque en realidad no veía nada.