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@im-pleione
Ooc stuff.
Awwwww Biny :') I knew this would happen motherfuckers, I knew they were OTP u.u *les refriega a todos en la cara que tenÃa razón*.Â
Por otro lado, I'm back asà que mañana voy a venir a rolear con todos ustedes (los que estén. DÃganme que hay alguien pls). En fin, no abro convo ahora bc hoy leà TFIOS y tengo ganas de pegarme un tiro (otro motivo por el que agradezco Biny, I needed some happiness to light the dark place where my soul is (fuck that fucking book and fuck John Green too). Anyway, ya me calmé (mentira), voy a seguir durmiendo, I love y'all.Â
Pd: ¡Viva Biny!Â
Aún me cuesta creerlo
—Les escribà hace unos dÃas, pero aún no recibo respuesta, aunque estoy segura que llegará pronto. —Se encogió de hombros —¡Me pone ansiosa saber qué piensan! —admitió, sonriendo. Rió por lo dicho y hecho por la rubia, —Creo que por ahora deberÃamos celebrar por tu logro, Plei. Juntar tantas firmas no es fácil, y la verdad es que es una excelente causa. ¡Te felicito! —Exclamó, dando pequeños aplausos y levantando la mano para chocar los cinco —Ahora sólo necesitamos el visto bueno y será un hecho.Â
Probablemente su respuesta no tardará. ¿Cómo crees que habrán reaccionado? Realmente hubiese pagado por ver la cara de tu padre después de leer la carta. —Rió al imaginar el rostro desconcertado del señor Brouillette al recibir la noticia. A juzgar por la corta charla que habÃa mantenido con él, parecÃa bastante apegado a su hija—. No fue tan difÃcil como parece pero, aún asÃ, muchas gracias. —Estiró uno de sus brazos y chocó los cinco con la pelirroja—. ¡Nada me harÃa más feliz que lograr que mis doncellas tengan un dÃa libre! Sabiendo que cumplà mi promesa podré volver a dormir con tranquilidad. —Comentó de manera sincera, llevando una mano a su pecho inconscientemente. No pensaba renunciar a su petición, de lo contrario, no serÃa capaz de volver a mirar el rostro de las tres encantadoras jóvenes que la habÃan acompañado y ayudado desde su primer dÃa en el palacio—. Ojalá el prÃncipe Adrien pueda hacer algo, me ha dicho que le llevará las firmas al rey Maxon, ¡estoy cruzando los dedos!Â
Papeles...
Lo importante es la intención asà que gracias de todas maneras. Es bastante aburrido, sÃ, pero mejor que lo termine a tiempo para que se deje de acumular ¿Cuánto tiempo haz vivido aquÃ?
No hay de qué. He vivido aquà por casi dos meses, ¿por qué la pregunta? Por cierto, no pude felicitarlo personalmente por su compromiso con Zoe. ¡Estoy segura de que serán muy, muy, muy felices!
¡Es oficial!
—Aquà entre nosotros mis hermanos no tienen tantos méritos como yo, y no es que quiera sonar egocéntrico en absoluto, pero digamos que Maxon me escucha…un poco más porque me he ganado su confianza. De todas formas, lo principal es que ha podido llegar a su meta, lo cual requiere mis felicitaciones y admiración —sonrió, atreviéndose a dar un pasó adelante con la vista en las espantosas cortinas amarillas que se posicionaban cerca de la alacena, quizás él también deberÃa juntar firmas para arreglar ese desastre. Pero ¿qué estaba diciendo? Sacudió su cabeza y poso sus ojos en los de la muchacha—. Dalo por hecho, van de aquà para allá, y ahora que están ustedes se encuentran más cansadas que nunca —abrió la boca levemente, dándose cuenta de la barbaridad que habÃa dicho—. Lo siento, no quise…no pretendÃa…mi objetivo no era ofenderles —concluyo titubeando, moviendo nerviosamente las manos—. ¿Cómo dice? Oh, claro, claro, se la entregaré a Maxon sin retraso alguno —asintió—.Â
Vaya, por la forma en que habla, parece que me encuentro ante la oveja blanca de la familia, ¿no es asÃ? Acepto sus felicitaciones, a pesar de que aún no he cumplido mi objetivo y, por el mismo motivo, no puedo aceptar su admiración. —Hizo una pequeña pausa, paseando la mirada por sus alrededores y, al cabo de algunos segundos, volvió a posar sus ojos en los del muchacho—. Ahora, si usted logra que mi petición sea aprobada, entonces será digno de toda mi admiración. —Sentenció con una sonrisa dibujada sobre los labios. Quizás la promesa que habÃa hecho a sus doncellas estaba aún más cerca de cumplirse—. No se disculpe, no es necesario. Me gusta creer que con la verdad no se ofende ni se teme, ¿no? —Enarcó una ceja, divertida ante la reacción del muchacho. A juzgar por su nerviosismo, no parecÃa entablar conversaciones con las seleccionadas muy a menudo, lo que explicaba por qué no habÃan intercambiado ninguna palabra durante su estadÃa en el palacio—. ¡Gracias! Prometo entregársela lo más rápido posible.Â
Creo que éste pasillo ya lo habÃa revisado...
La verdad es que ahora me caes mejor, ¿a quién podrÃa caerle bien el viejo? Quiere controlar la vida de sus nietos que no le incumben para nada, pero supongo que no es necesario decirlo que seguro ellos lo saben… —se encoge de hombros, sonriendo de lado.— ¡Ja! Yo creo que sólo su mamá y éso a veces, pero supongo que es el trabajo de todas las madres del mundo. —rÃe un poco.— ¿Entonces eres una rebelde un poco más civilizada? Que honor. Claro, ¿a quién le van a gustar las castas? Yo era un seis antes de convertirme en guardia y realmente creo que no me acostumbraré a ser un dos después de terminar mi servicio. Solo separan a la gente.
No lo sé, apuesto a que ni siquiera su madre lo querÃa. Después de todo, ¿qué clase de nombre es Clarkson? —Comentó en tono burlón, haciendo una mueca de desprecio al pronunciar la última palabra para, acto seguido, reÃr por lo bajo—. Lo sé, no sé por qué le dan total libertad para meter sus narices donde nadie lo llama. Quiero decir, si planea elegir esposas para sus nietos, ¿qué es lo que sigue? ¿Acaso empezará a decirles qué ropa se tienen que poner y lo que pueden o no decir? Ni que fuera un espectáculo de marionetas. —Rodó los ojos—. Estoy de acuerdo, la mÃa parece una secuaz del anticristo en ciertas ocasiones. —Bromeó divertida, recordando la escalofriante mueca que se dibujaba sobre el rostro de su progenitora cuando ésta estaba muy enojada—. Supongo que podrÃa decirse que sÃ, aunque me parece oportuno aclarar que estoy totalmente en contra de la violencia. La gente no deberÃa dejarse encasillar por un tonto número.Â
Creo que éste pasillo ya lo habÃa revisado...
SÃ, a ustedes éso les pasarÃa aunque la verdad él no puede correr a nadie, sólo pueden hacerlo los prÃncipes. —se encoge de hombros y sonrÃe.— Ah, sÃ, es muy linda persona, y una de las pocas que me ha aguantado tanto tiempo ¿Porqué con su imagen y sus ideales? Primero pensé que quizá ser guardias les resultarÃa muy bajo pero cuando mencionaste sus ideales no creo que sea éso ¿es que no les gusta el palacio y éso?
Si, al menos en teorÃa, éso es lo que dicen. De todas formas, entre nosotros, ser expulsada por Clarkson significarÃa más que un honor para mÃ. Después de todo, lo último que quiero es agradarle a una persona como él. —Hizo una mueca de desdén—. ¿Quién podrÃa irritar a Tiny? Me atrevo a decir que aún no ha nacido un ser humano que posea la capacidad para hacerlo. —Le dedicó una sonrisa—. No es el palacio en sÃ, sino las castas. Tanto yo como mis amigos pensamos que son completamente injustas y nos hemos encargado de liderar varias protestas y manifestaciones en el centro de Likely. De hecho, estás frente a la lÃder de dicho movimiento. —Le guiñó el ojo—.
¡Es oficial!
—Asintió alegremente ante sus palabras, volviéndose por completo hacia la muchacha y soltando el pomo de la puerta—. Eso es estupendo, aunque no veo el por qué de la necesidad de formas. Usted bien podrÃa haber acudido a mà para presentar el asunto ante mis padres, pero supongo que el regocijo del triunfo personal debe de ser más satisfactorio —agregó a lo último pensativo, desviando su mirada hacia el suelo y luego hacia la seleccionada—. Me alegra saber que las seleccionadas también piensan en las trabajadoras doncellas, de vez en cuando esas mujeres deberÃan respirar o juro que explotarán algún dÃa —espetó lo último más para él mismo que otra cosa, para luego regañarse por ser tan imprudente por segunda vez en tan pocos minutos—.Â
Esto no se trata de una satisfacción personal, sino que es algo que les corresponde por derecho. —Negó un par de veces, intentando convencerlo de que sus fines no eran egoÃstas—. Hablé con dos de sus hermanos sobre esto y ambos me dijeron que no podÃan hacer nada al respecto, por lo que supuse que ninguno de los prÃncipes tenÃa el poder de hacerlo. —Explicó en tono firme, encogiéndose de hombros al finalizar la frase—. Pienso de la misma manera. Deben tener uno de los trabajos más agobiantes de todo el reino. —Soltó un suspiro y luego ladeó una sonrisa—. Si aún desea ayudarme, ¿le importarÃa entregarle mi petición a sus padres o, al menos, decirme con quién debo hablar para que sea tomada en cuenta?
Esto no puede ser bueno
Se maldecÃa a ella misma por ser tan despistada y por siempre tener accidentes en la cocina. Cortes, quemadas con aceite, objetos que se caen, un sinfÃn de cosas. Todos lo malo que podÃa pasar en la cocina, le pasaba a la rubia. De pronto se encontró con Pleione,  que claramente iba en la dirección contraria y se le veÃa un tanto apresurada. —Hola— respondió a su saludo pero no pudo seguir caminando por que la herida se veÃa a distancia. Suspiro y sonrió de forma ladina —Me corté cuando estaba en la cocina. Nada grave ni profundo, solo necesito que me desinfecten la herida— explicó.
—Escuchó con atención la explicación de la joven, sin despegar los ojos de aquella herida que no dejaba de sangrar—. Se ve bastante feo, ¿quieres que te acompañe? —Hizo una pequeña mueca y, sin esperar la respuesta de su interlocutora, giró sobre sus pasos y comenzó a caminar rumbo a la enfermerÃa—. Menos mal que no sé cocinar prácticamente nada. De lo contrario, a esta altura estarÃa más cortada que la toalla de Edward Scissorhands. —Rió divertida, esperando que su acompañante encontrara graciosa su tonta broma y olvidara por un segundo el dolor que seguramente estaba sintiendo—.
Creo que se me olvida hacer algo...
¡Y tú a mi! No… no esperaba verte aquÃ. Perdóname Pleione, estoy en las nubes y, bueno… —Negó con la cabeza, relajándose un poco al ver a su amiga. Al escuchar la carcajada de la rubia, no pudo evitar contagiarse, riendo con ella.— ¿Cómo estás?
No te preocupes, conozco ese sentimiento. —Hizo un pequeño ademán con la mano, restándole importancia al asunto—. Muy bien, ya he terminado de reunir todas las firmas de las seleccionadas. —Esbozó una amplia sonrisa—. ¿Y tú?
Aún me cuesta creerlo
—¡Pleione! —Exclamó, respondiendo al abrazo con fuerza. —Gracias, es… es increÃble. Y muy emocionante. —Sonrió ampliamente, negando con la cabeza. —¿Cómo estás? ¿Terminaste de conseguir las firmas?Â
Apuesto que sÃ, ¿tus padres ya lo saben? —Preguntó dedicándole una amplia sonrisa—. ¡Hay que celebrar que Illéa tendrá una futura reina pelirroja y grandiosa! —Exclamó alzando un puño en el aire como señal de victoria y luego rió—. Muy bien, ya he reunido todas las firmas. Ahora solo queda que alguien atienda mi petición.
¡Es oficial!
—Negó sutilmente con la cabeza, cambiando el peso de su cuerpo de una pierna a la otra—. En absoluto, señorita, usted ha llegado primero, yo soy el que sobra aquà —concluyó, intentando disimular una sonrisa, para luego tomar el pomo de la puerta y girarlo para abrir la misma. Asà mismo, se volvió nuevamente hacia la muchacha con una mirada inquisitiva—. Disculpe mi clara falta de respeto, pero no pude evitar escuchar sus palabras anteriormente, ¿a qué se debÃa aquella celebración si puedo saberlo?Â
—Las palabras del muchacho la tomaron por sorpresa y, como consecuencia, lo miró atónita durante algunos segundos, sin esconder la curiosidad que se reflejaba en el iris de sus ojos frente a tal comportamiento—. Bueno, gracias. —Fue lo único que atinó a decir, sonriendo de manera casi imperceptible, dando por terminado el diálogo con el rubio. Sin embargo, cuando éste volteó a verla nuevamente, no pudo evitar que sus mejillas adquirieran un suave color rojizo. ¿Acaso habÃa presenciado su infantil festejo?—. Durante semanas he estado reuniendo las firmas de las seleccionadas para que las doncellas tengan un dÃa libre y justamente hoy he terminado. —Comentó sin intentar disimular el grado de emoción que se advertÃa en su voz—.Â
Creo que éste pasillo ya lo habÃa revisado...
Supongo que tienes razón, pero de todas maneras tiene el suficiente poder como para sacarme de acá, al menos ustedes las seleccionadas son un poco más intocables que nosotros. —se encoge de hombros.— me parece perfecto. Ah, sÃ, desde antes de la Selección, ambos somos de Midston.
En eso te doy la razón, serÃa absurdo que pierdas tu trabajo por una tonterÃa como esta. A nosotras como mucho nos enviarÃan a casa, creo. —Ladeó una pequeña sonrisa—. ¿De verdad? ¡Que lindo! Tiny es la persona más tierna y dulce del planeta. SerÃa genial tener a alguno de mis amigos aquà aunque, claramente, todo esto no va con su imagen ni tampoco con sus ideales.
Creo que éste pasillo ya lo habÃa revisado...
¿No te asusta nada de nada? La verdad es que siendo el rey anterior y éso imagino que aún debe tener influencia asà que por mi parte no me meteré con ése señor —sonrÃe de lado, sin mirar a todos lados como le hubiera gustado hacer por la manera en que ella hablaba.—  Bueno, entonces está decidido, ¿cuándo me presentarás a tu abuela, Peione? Suena a que se convertirÃa en mi mejor amiga, pero eh, éso no se lo digas a Tiny.
No, temerle únicamente incrementarÃa su vanidad, sin mencionar que significarÃa darle más poder que el que en realidad tiene. Quizá aún pueda gobernarnos a su manera pero no voy a dejar que se meta en mi mente. —Dijo llevando el dedo Ãndice a su sien para dar mayor énfasis a sus palabras—. Lo haré ni bien se presente la oportunidad. ¿Tiny? ¿La conoces?
¡Es oficial!
—Entró rápidamente a la primer habitación que vio con la intención de poder hablar por teléfono con total privacidad, mas al escuchar una voz se giró un tanto asustado, enfrentándose a la muchacha con una gran sorpresa reflejada en el rostro—. Lo lamento, señorita, pensé que se encontraba vacÃo, disculpe mi impertinencia.
—Al notar la presencia del joven, se puso de pie instantáneamente con la esperanza de que el rubio no hubiese presenciado el festejo que habÃa realizado segundos antes—. No se preocupe. —Negó efusivamente—. ¿DeberÃa retirarme?Â
Creo que éste pasillo ya lo habÃa revisado...
¿Sólo por intercambiar unos cuantos cuadros? ¡Ni que se los hubieran robado o algo asÃ! Es una tonterÃa…No lo escuché pero seguro es igual de absurdo que el de todos. Como sea, las paredes aquà tienen oÃdos asà que mejor no hablar mal del viejo o se enfadará. —se encoge de hombros nuevamente y rÃe.— Ya, yo sé que a ustedes les da hambre pero la verdad es que se controlan mucho más fácil que nosotros. Aunque la verdad ahora que mencionas todo éso, ser hombre suena mucho mejor. —asiente un poco.— Bueno, entonces seguramente tu abuela me caerÃa muy bien.
Lo sé. Al parecer, Clarkson carece de sentido del humor. Puedes apostar que lo son, ¡una completa tonterÃa! Quizás tengas razón, aunque quiero que quede claro que no me asusta lo que puede llegar a hacer una persona como él. —Cruzó sus brazos y alzó un poco más su tono de voz, con la esperanza de que aquel anciano demente pudiera escucharla—. DeberÃas sentirte afortunado. —Comentó divertida—. Y tú a ella, aunque te advierto que te atiborrarÃa dulces, por lo que es probable que sufras un coma diabético si te quedas más de una semana con ella.
Creo que éste pasillo ya lo habÃa revisado...
¿Y tú que pudiste haber hecho para que te castigaran? Siento que hay castigos injustos, al menos por ejemplo yo no tengo problema en cumplir pero a Fiona la castigaron junto conmigo cuando ella no hizo nada de nada. —alza las cejas.— Ah, pero cuando eres hombre te da muchÃsima hambre, más de la que te imaginas —asiente, como si éso fuera algo muy malo.— ¡Yo jamás engordo! Aunque ya eres la segunda persona que me quiere presentar a su abuela asà que quizá a ése paso lo haga.
Nada, Librae, Ruby y yo decidimos hacer una pequeña broma durante el dÃa de los inocentes e intercambiamos algunos cuadros. Estoy de acuerdo contigo, la mayorÃa de los castigos fueron muy injustos, por no decir todos. ¿Has escuchado el castigo de Reeli o el de Tallulah? ¡Ni siquiera tienen fundamento! —Exclamó con cierta indignación en su tono de voz—. No sé cuanto sabes de las mujeres pero te informo que a nosotras también nos da hambre. Sin mencionar que debemos soportar el embarazo, el parto, la depilación y un sinfÃn de cosas más. —Asintió totalmente convencida de sus palabras—. Aún asÃ, ¡es imposible no engordar en la casa de mi abuela!Â