17: ¿Peor sitio donde te han excitado?
Siendo completamente honesta, nadie nunca ha logrado excitarme sexualmente, nadie excepto yo (y en pocas ocasiones, todas en mi habitación).
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17: ¿Peor sitio donde te han excitado?
Siendo completamente honesta, nadie nunca ha logrado excitarme sexualmente, nadie excepto yo (y en pocas ocasiones, todas en mi habitación).
A abbott-aly le gusta tu publicación: Súcubo
Súcubo
Súcubo: ¿Qué es esa cosa que no puedes vivir sin?
Mi hermano.
Letras: P E Z
P, “¿por qué odias el colegio o trabajo?”: No creo que alguna vez haya odiado a Hogwarts, Natasha se sentía atormentada por situaciones personales pero el colegio como tal no tenía nada que ver.
E, “su mejor amiga”: ¿Andrómeda Black? Quizá, tal vez.
Z, “¿cómo estás?”: Encerrada en una facilidad mágica rusa siendo torturada diariamente, sin comida o agua, prácticamente al borde de la muerte por el simple hecho de que le gustan las mujeres. Podría estar mejor.
24: ESTILO FAVORITO DE ROPA
¡Pregunta difícil! A decir verdad siento que tengo un gusto por toda la ropa, cada prenda tiene una esencia diferente, no puedo comparar pantalones con shorts. Aunque, sí soy más afecta a los vestidos cortos y faldas a lápiz. También me gustan los sacos a botones, aunque me incomodan un poco las hombreras. ¡Y tacones, muchos, muchos tacones! (x) (x)
she was born sick, i heard them say.
Fecha: 12 de enero de 1979.
Locación: La mansión Selwyn.
Participantes: Natasha Selwyn. (David Selwyn, Elizabeth Selwyn y personajes secundarios en itálicas).
Narración: Primera persona.
Triggers: Homofobia y slurs referentes a lo mismo, temas sexuales explícitos, abuso tanto verbal como físico, discusiones acerca de la sanidad mental.
Supongo que siempre tuve una idea de lo que pasaría cuando decidiera decirle a mis padres acerca de mi orientación sexual. Había esta pequeña imagen en mi mente referente a lo que creía me dirían o a lo mucho que se escandalizarían. Ya tenía bien imaginada la voz de mi padre gritando hasta que se le raspara la garganta, a mi madre llorando y abrazándose de tal manera que incluso a mí me haría sentir mal. Siempre tuve la idea, me había estado preparando para que la bomba detonara justo frente a mi rostro.
Pero, no así.
Natasha Selwyn, la hermana mayor de Alec, su amigo… ¿O aún eran amigos? Honestamente Hestia dudaba de quienes eran sus verdaderas amistades o si en verdad tenía. Bueno, dudaba de todo, en realidad. Al oír que visitaba a “alguien” se preguntó si ese alguien sería su hermano, por lo que la preocupación le provocó respirar profundamente para evitar un ataque de ansiedad. Bajó la mirada y se topó con un jarrón vacío… ¿Sería para flores? — ¿Es-es…? —Se obligó a formar las siguientes palabras—: ¿Es para… Para… Flo-flores? —Finalmente sacó lo deseado de su interior. Hestia ya no quería ver más flores, estaba harta de ellas.
Había algo en la mirada de la contraria que no podía identificar del todo, parecía estar perdida en el tiempo y el espacio, como si no se encontrase en ése lugar en lo absoluto. Su subconsciente le dijo que preguntara si se sentía bien, si había algo en lo que la podía ayudar; pero se recordó que no era su problema, y que estando en un hospital, las enfermeras y doctores estarían cuidando de ella, se sintiese como se sintiese. (Por algo debía de estar interna ahí, ¿huh?) Se limitó simplemente a sonreír, un gesto de amabilidad que probablemente nadie estaba acostumbrado a ver mucho en San Mungo, pero, que creía ayudaría de una manera. —Oh, no. Es para agua potable. Mi... —Se mordió el labio inferior. —Mi amiga tiene sed. ¿Quieres acompañarme a llenarla?
como cuando reservan a alecto carrow y estás feliz pero entonces ves que la reservaron con liz gillies y recuerdas que eres gay y thirsty:
— Sí. sí… Estoy bien. Iba camino a mi casa, en realidad — Explicó, tratando de sonar tranquila. No le emocionaba mucho la idea de tener que explicar por qué estaba en el lugar… O por quién, mejor dicho. — Me alegra que ya te dejaran salir de San Mungo — Aunque no tuvo el tiempo de ir a visitar a sus amigos y conocidos, pues dividía su tiempo para estar con Robbie y Alyssa, sí trataba de estar al tanto del estado de salud de los demás.
—Oh, qué coincidencia. Yo también me estoy marchando, ¿quieres que caminemos juntas a la salida? —No esperó por una respuesta, al contrario, empezó a andar, a sabiendas de que si Greta ya estaba yéndose, la seguiría. Después de que la rubia hablase nuevamente, lo único que hizo fue asentir. —A diferencia de muchos, yo sólo estuve aquí poco tiempo, sólo dos días en lo que mis padres se aseguraban de que toda la seguridad en casa estuviese en su lugar correspondiente. Ahora estoy visitando a... Alguien. —No era que no confiase en la otra para decírselo, después de todo, seguramente los nombres de los internos rondaban por los pasillos con facilidad, pero, aún así se lo ahorró. —¿Quieres un caramelo? Tengo algunos en mi bolsa.
La respuesta de la joven fue una sorpresa sin duda, aunque una buena para variar. El asunto con los mortífagos la tenía sin cuidado, una actitud peligrosa para una hija de muggles, pero Wendy no tenía nada que les interesara. Poca información les podía ofrecer alguien tan solitario, lo mismo que si la mataban. Nadie iba a llorar por ella, así que nada le servía preocuparse por ello. – ¿Eres una bruja exitosa, entonces? – retomó la parte de la respuesta ajena que le llamaba la atención, alzando una ceja al hablar. – Depende si buscas ficción o no ficción. Aquí hay libros de toda clase, para llevar al colegio a pasear o para experimentar con hechizos, así como cuentos para los niños. La pregunta es qué estás buscando realmente.
No pudo evitar soltar una pequeña carcajada, una casi imperceptible que logró verse perdida en la inmensidad del callejón. —Qué va. Supongo que por un tiempo traté de serlo, lo conseguí... De cierta manera. Pero ahora no estoy para nada segura de que “perfección” sea la palabra correcta para describirme. Depende de a quién le preguntes, claro. —Le dedicó una mueca a la contraria, sintiéndose ligeramente más en confianza; parecía que después del estoico comienzo de la conversación, ahora era sin duda un poco más amena. —Bueno, no estoy segura de querer ficción, quiero algo que pueda leer de noche, no de terror, pero algo que me mantenga interesada, no sé si me doy a entender. Uh, —mordiéndose el labio inferior, y creyendo que sería lo mejor presentarse ahora que estaban prácticamente solas, extendió su mano en afán de que la otra la tomara. —Soy Natasha, por cierto.
Asistía tanto como le era posible, pero todo lo que había pasado antes y durante las fiestas, no había tenido oportunidad de visitar a Sally Grace. Como cada vez que iba a verla, no llegaba con las manos vacías. Siempre le llevaba flores y se aseguraba que todo estuviera en orden. Acomodó las flores y quitó con su mano el exceso de nieve que cubría la banca para poder sentarse — Sé que tardé mucho en volver… Y lo lamento — Soltó un pesado suspiro antes de poder continuar — Dije que cuidaría de él… Y lo mantendría a salvo… — Durante el funeral, había prometido que cuidaría y mantendría a salvo a Robie y a su padre. No podía evitar sentirse culpable de que se lo llevaran, al igual que Alyssa. Quizá si los hubiera acompañado a ambos, no se los hbieran llevado. Ahora pasaría mucho tiempo antes de que las cosas pudieran volver a la normalidad.
Estuvo en el lugar poco más de una hora. Empezaba a oscurecer, así que debía volver a casa, no sin antes despedirse y asegurarle que volvería muy pronto. Cerró bien su abrigo y se encaminó fuera del cementerio. Pasó ambas manos por su rostro, para limpiar sus ojos y sus mejillas, por lo que no pudo evitar chocar con alguien — Perdón, ¿No te lástimé? — Se disculpó rápidamente, visiblemete apenada.
Sus padres no la habían dejado de molestar por la semana entera, lo que significaba que pasaba más tiempo del considerado apropiado por sus relativos en San Mungo; no era como si verdaderamente a alguno de ellos le interesase lo que hiciera o dejara de hacer Natasha, lo que les molestaba era el hecho de que estuviese visitando a Andrómeda Black, quien según ellos no era una buena influencia. Ella simplemente optaba por sonreír y no responder algo que fuese considerado ofensivo. Hubiese sido hecho ese comentario unos cuantos años (o meses) atrás, y entonces los hubiese obedecido, hubiese destruido todo contacto o relación alguna con la joven, como en varias ocasiones le había ocurrido al estar en Hogwarts. La mayor parte (por no decir toda) su vida había sido guiada sus papás, qué debía hacer, qué debía usar, con quién debía salir, todo era meticulosamente arreglado por ellos, y Natasha tenía que obedecer, le gustase o no. Ahora, aunque las mismas insistencias permanecían, ella había logrado dejarlas atrás, poco a poco. Mucho había tenido que ver con su hermano y las pláticas que la habían llevado a conocerse a sí misma mejor, mucho ahora también tenía que ver con las visitas diarias que le hacía a Andrómeda, de algún modo la estaban ayudando.
De hecho, estaba justo saliendo de la habitación de ésta, ya era tarde y debía regresar a su casa sino quería que su padre le gritase por ser una inconsciente en cuanto a los horarios, cuando alguien tropezó con ella. Se tambaleó, más recuperó el equilibrio en escasos segundos, lo cuales le sirvieron para sonreírle a la persona frente a ella, que, parecía no estar del mejor humor. Quizá sería mejor guardarse la sonrisa para otro día. —¿Greta? —Dijo de inmediato reconociendo a la rubia. —Yo estoy bien, no te preocupes. ¿Qué hay de ti?
Wendy no estaba en posición de juzgar a los clientes, más era complicado cuando no llevaban los libros correctos para ellos. Bastaba prestar un poco de atención para darse cuenta que una buena parte de la clientela no pasaría de las primeras páginas, o en todo caso, que no era un regalo ideal. Suspiró, mirando el elegido en esta ocasión. – ¿Esa baratija? – tomó el ejemplar que estaba en el estante, mirando la etiqueta. – Un galeón y dos knuts. Pero con esta etiqueta azul puedes llevar otro gratis. Por supuesto, debe ser del mismo estilo. – dijo. La chica le parecía familiar, pero no podía estar segura. A lo mejor era una de las pocas almas que se la pasaban en la Biblioteca del colegio.
—¿Te soy honesta? —Dijo mordiéndose el labio y virando los ojos de una manera casi imperceptible, lo más probable era que a la chica no le interesase en lo más mínimo lo que Natasha tuviese que decir, pero, técnicamente era su trabajo soportar sus preguntas tontas, así que no se sentía culpable de hablar. —Estoy buscando algo bueno para leer, algo que no tenga que ver con el purismo en la sangre y las 10 reglas para triunfar como una bruja exitosa, me las sé completas y estoy harta de repasarlas una y otra vez. Seguramente hay libros que valgan la pena. Sé que es tarde y debes estar muy cansada, pero verdaderamente quisiera encontrar uno hoy. ¿Puedes ayudarme?
( by Joseph Sinclair )
Podría ser un mero pensamiento ilusorio pero Wendy creía que tarde o temprano volvería a Hogwarts. Tenía que volver allí, y por eso había buscado un empleo en una librería del Callejón Diagon que la alejara de casa mientras pasaba todo lo demás. Solía encontrarse con un montón de gente conocida, ya fueran estudiantes o padres o profesores de dicha institución, sin embargo, no compartía su desdicha por las víctimas de los mortífagos. Acomodó una pila de libros en rebaja, observando el reloj al erguirse. Esta era su parte menos preferida del día, dirigirse a cada persona y decir: – Estamos a punto de cerrar, ¿Necesita ayuda en algo? –.
Si bien Natasha no se consideraba una persona muy fanática de la literatura, de cuando en cuando sí le gustaba buscar algo para leer antes de dormir; había ido de adelante para atrás por algo diferente en la biblioteca de su casa, pero no había encontrado nada que le llamase la atención (todo se reducía a purismo y estatus, estaba harta de ello). Quizá esa era la razón principal por la cual había decidido salir y pasear por el callejón, ya era tarde, lo sabía, más aún así le sorprendió la voz a su espalda cuando recogió una pequeña edición de un libro muggle. —Oh. No, yo no... ¿Cuánto cuesta éste?
Estasfiestas no fueron especialmente alegres en la casa de la familia Prewett conAndrea en San Mungo no hicieron mucho por lo que después de año nuevo quedopara ir a un bar con sus amigos y simplemente pasarla bien, relajarse más quenada ya que en verdad le hacía falta.
Conuna cerveza en la mano mientras jugaba al billar con sus amigos de repente unachica en la barra golpeo a un hombre en la parte más sensible por lo que hizouna mueca de dolor. “Eso es algo que no le deseo ni a mi peor enemigo” dijo divertidoa la persona que estaba a su lado.
Natasha no comprendía del todo qué hacía en un bar. Una de sus primas más jóvenes la había invitado a que pasaran un poco de tiempo juntas, ya que en sus propias palabras: “nunca se veían”, ¿qué mejor que salir un rato de la rutina e ir por unas cervezas de mantequilla después de la cena familiar? La realidad era, que su prima había ya bebido más de cuatro cócteles coloridos y ahora estaba hablando con un hombre mayor que la estaba tocando más de lo que ella le hubiese dejado. Suspiró pesadamente, moviendo la cuchara de su té de forma ausente.
Fue entonces que una voz le llamó la atención, así que se volvió. —¿Uh? —Alcanzó a ver lo que ocurría a metros de la mesa y sólo logró reírse por lo bajo. —Bien, seguramente se lo merecía.
Hestia siempre había adorado la Navidad. Era su festividad favorita y cuando pequeña solía contar los días para su llegada en su diarios. Ahora apenas y percibió su presencia. De no ser por los adornos ornamentado el hospital, y el regalo que recibió de sus padres y Mina, la festividad habría pasado desapercibida por Hestia. No obstante al estar internada en San Mungo el espíritu festivo no tocó ni un centímetro de su piel, era la primera Navidad que pasaba sola. Una Navidad gris, sin felicidad, triste.
La rutina se volvió parte de la vida de Hestia. Levantar, comer, bañarse, dormir. Siempre en el mismo orden. No se cansaba. Le influía paz, una paz extraña y no del todo común, pero una a la cual aferrarse. Tanto tiempo transcurría en su habitación encerrada que no se dio cuenta del alboroto ocurrido una semana antes en el sanatorio. De hecho ni siquiera leía las noticias, por lo cual no estaba enterada en lo más mínimo de lo acontecido.
El año pronto llegaría a su fin. El silencio inundaba los pasillos de San Mungo por los cuales transitaba la morena, perdida en las líneas de un libro. No oía nada a su alrededor y por lo tanto el panorama le era invisible, provocando que chocara con una persona caminando en dirección contraria. Un tinte de sorpresa abarcó sus facciones. — ¿Q-qué haces aquí? —Su voz apenas fue audible.
Habían sido unos días estresantes, las épocas navideñas siempre hacían que su familia se pusiese más pesada de lo común. (“Natasha, querida, ¿ya has conseguido un hombre con quien prometerte?”), trataba de ser lo más paciente que podía, pero sin su hermano a su lado para brindarle apoyo, apenas y podía soportarlo, no estaba lista para que llegasen las cenas a medianoche con todas las interrogantes que la harían poner incómoda.
Quizá por eso se había decidido a pasar todo el tiempo libre que tenía debido a las vacaciones en San Mungo, no porque precisamente fuese muy afecta a estar en hospitales, sino porque ir a visitar a Andrómeda de alguna forma le ayudaba a distraerse de pensar en lo más cercanas que estaban esas pláticas con sus molestas tías. De hecho, acababa de salir de la habitación de su amiga, cargaba una jarra vacía que estaba dispuesta a llenar de agua cuando sin quererlo chocó contra alguien, no reconoció el rostro de inmediato, no fue hasta que la pelinegra habló que la pudo identificar como Hestia Jones, ¿cuándo había sido la última vez que había visto a ésa chica? Apenas y se acordaba. —Uh... Estoy visitando a alguien...
Al tensarse e intentar protegerse de alguna manera, se aferró a las sabanas con fuerza y se apegó a la cabecera de la cama lo más que pudo como si eso fuera a protegerla si alguno de ellos estaba ahí. A pesar de que las heridas le dolían por la posición que había adoptado ahora, no volvió a recostarse ni a relajarse siquiera un poco antes de que la puerta estuviera completamente abierta, porque le asustada quién pudiera estar al otro lado. Y cuando un rostro familiar se asomó, le tomó un segundo darse cuenta que no había peligro. Soltó levemente las sabanas del agarre fuerte en el que las había sostenido y fue consciente entonces del dolor que eso le provocó en las muñecas heridas. Hizo una mueca.
–Hey… –su voz se escuchó rara, como si no fuera la suya propia. No había hablado casi nada y tampoco, y tuvo que carraspear porque sentía la garganta seca y rasposa, era molesto para hablar– C-Claro que te recuerdo –asintió con la cabeza levemente. Natasha había sido su compañera de habitación durante sus siete años en Hogwarts, y aunque no habían sido precisamente cercanas siempre, a Andrómeda le gustaba considerarla una amiga. Normalmente, fingir sonrisas se le hacía fácil, pero en ese momento no podía ni siquiera fingir– ¿Q-Qué haces aquí? –preguntó no porque no quisiera que estuviera de visita, sino porque era completamente inesperada.
Al escucharla hablar el corazón le dio un vuelco, había pasado sus siete años en Hogwarts escuchando la voz de Andrómeda decir “¡buenos días!”, estaba tan acostumbrada a su tono jovial y sin preocupación alguna, que ahora al oírla temblorosa no podía evitar querer soltar todo lo que cargaba en brazos y correr a abrazarla hasta que el dolor desapareciese, optó por mejor morderse el labio, no sabía si el contacto físico la alteraría o, peor aún, si el cuerpo aún le dolía y con cualquier tipo de movimiento brusco haría que chillase en incomodidad. Poco a poco, se acercó a la contraria y tomó asiento en la pequeña silla al lado de la cama, sería lo más cerca que se encontraría de ella por lo menos hasta que supiera en qué estado se encontraba. Dejó los tulipanes en el florero de la mesita de noche y los chocolates sobre su regazo, una sonrisa llena de amabilidad y calidez postrada en sus labios. Quería que Andrómeda se sintiese a gusto, aunque fuese por un momento, quería hacerla olvidar todo el sufrimiento por el que había pasado en los últimos días.
—Yo... —¿Cómo contestar a tal pregunta? Se cuestionó mientras que la miraba, evitando por sobre todas las cosas enfocarse en los moretones sobre los pómulos de sus mejillas. —Me enteré de las desapariciones poco después de que ocurriesen, el Profeta nunca ha sido buena fuente de información, como ya sabes, pero sí pusieron una lista de nombres, y... Tú eres de las primeras. —Tragó saliva, dándose coraje para continuar, no quería traerle malos recuerdos a la castaña. —Estuve muy preocupada, no tienes una idea. Tan pronto me enteré del rescate y de que estaban todos aquí, decidí venir a verte... Tenía... Tenía que asegurarme de que estabas bien. ¿Qui...quieres un chocolate? Seguro eso te animará.