“No estoy segura de que haya un terminó específico para eso. ¿Orgullo, tal vez? A nadie le gusta ser dejado, por más que los sentimientos estén o no de por medio.” Era simplemente un hecho obvio, algo característico del ser humano. Dudaba que alguna vez conociese a alguien que prefiriera ser dejado antes que la situación inversa. “No soy enojona.” Continuó, terca. Claro que lo era, podría definirse como un fósforo, con el más mínimo roce se encendía y explotaba en un incendio, el cual nunca podía ser bueno. Su temperamento era demasiado especial, pocos lograban tratar con ella sin llegar a desencadenar una pelea. “Parece que alguien más es quien tiene que ponerse las pilas.” Las palabras del hombre acerca de ella y su relación con la federación no habían pasado desapercibidas. Ahora, las estaba utilizando en contra suya, sabiendo que debía esforzarse un poco más para estar activo tanto en sus clases como en el senado. Dos podían jugar ese juego. “No renuncies, sería una pena.” Un poco más suave, confesó aquellas palabra, bajando la guardia que antes había mantenido en alto. Era alguien hecho para esas cosas, su pérdida se notaría. Creía también las palabras que acababa de decir, estaba hecho para un poco más que el estudio. Se tomaba las cosas muy en serio en cuanto responsabilidades se trataba, algo que no sucedía con todos los adolescentes que rondaban por la Universidad (podía incluirse en esas personas reacias al compromiso). “¿Canadá te transformó?” A pesar de formular aquella pregunta un tanto divertida, hablaba completamente en serio. “¿Por qué cambió todo?” Esta vez no había ningún rastro de burla, él estaba contando algo que, según percibía, era íntimo. Conocía lo suficiente a Ville como para saber que su vida privada era literalmente privada. Entendía que aquellas confesiones eran importantes y significaban algo: confianza. Quería retribuir el gesto, dejarle saber que podía hablar con ella, que podía sincerarse. “Suena a que eran el rey y la reina del baile.” También un tanto predecible. Ville era apuesto, podía tener a cualquier chica que se le acercara, sin embargo había elegido la perfección. Él siempre intentaba llegar a la perfección. Estructurado y firme, así podía imaginárselo. No sabía cuales eran los motivos por los cuales su personalidad había sido afectada, pero estaba interesada en indagar en ellos. Un hombre que había pasado de escoltar a una “Lady”, a compartir sus noches desinteresadas con mujeres de turno. Había algo más grande allí. Hizo una mueca con su siguiente confesión. Ahí estaba, el desencadenante de un cambio notorio. “Lo lamento.” Estiró un brazo para poner la mano encima del hombro del chico, en un gesto de consuelo. Era mala en esa área, pero realmente lamentaba que alguien le hubiese hecho daño. “Siempre he creído que las relaciones no funcionan... que son ilusiones.” Si él podía abrirse, entonces ella también lo haría. “No vale la pena, siempre terminan así.” Se encogió de hombros, volviendo a tomar un poco de su trago. Aquel pensamiento se remontaba a años atrás, en los cuales había experimentado suficiente como para crear aquella idea. “Bien.” Interceptó al hombre que había sido señalado como “su víctima” y se apresuró a besar la mejilla del mismo antes de que pudiese reaccionar. “Espero que lo hayas disfrutado, porque no volverá a suceder.” Fueron sus palabras antes de abandonar a aquel mesero confundido para volver con Ville. “Nunca especificaste en dónde.” Le dedicó una sonrisa, finalizando el líquido de su vaso de un solo sorbo. “Ahora, ¿me dirás cuál fue tu satisfacción al verme hacer eso?” Seguía sin entender del todo, por qué había deseado que besara a un completo desconocido.