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@ville-c-blog
sms; isis.
Ísis: Sí, pero no fue suficiente para despertar al bello durmiente.
Ísis: Eso ya lo he hecho.
Ísis: ¿No te parece?
Ville: ¿Tan mal besas?
Ville: Wow, tu ego puede sentirse desde aquí.
Ville: Pero para serte sincero...
Ville: Estás bastante lejos de hacerlo, además de que ser un mal tercio espanta a cualquiera.
Ville: Pero podría ser el típico amigo gay que quieren todas las mujeres. O asexual, no sé, tú elige.
imessage; ville ⇄ aitor
Aitor: Nunca dije que lo fuera, aunque deberías conformarte conmigo. Creo ser un partido bastante bueno.
Aitor: Claro que lo tengo. Es Inigo.
Aitor: ¿Qué tiene Brielle? No te afecta en lo más mínimo, incluso, ni siquiera sé por qué te cae mal.
Aitor: Lástima que tuvieses que irte de la universidad por unas semanas y haber perdido el puesto más codiciado, eh. Aunque de seguro algunos piensan que aún eres presidente. Pero, bueno, te ayudaré a elegir.
Aitor: He conocido a gays que se visten terrible, ese es solo un estereotipo.
Ville: Me conformo contigo. Estoy seguro de que no tengo la paciencia para tener a otro amigo.
Ville: ¿Inigo? Es horrible.
Ville: La encuentro alterada y pesada. Al menos lo es conmigo, quizá contigo sea diferente porque quiere meterse a tu cama¿?¿?
Ville: Eh, yo no perdí nada. Yo dejé el puesto y planeaba congelar la carrera, pero las cosas se solucionaron antes y pude regresar.
Ville: De todas formas lo prefiero así, me vas a pegar tu mala fama y es feo que se hable así de un presidente de la federación. Siendo yo, pueden decir lo que quieran y pueden pegarme la fama que quieran.
Ville: Pero por algo es un estereotipo.
Ville: Por cierto, vi que Désirée se fue también...
Ville: Es tu momento de enmendar el daño causado en San Valentín.
milena.
“Claro, aunque si crees en un Dios único, se me hace un tanto imposible imaginar que pudieses creer en la posibilidad de múltiples dioses, digo, no estarías respetando el dogma cristiano si piensas de esa manera.” Acotó con cuidado, recordando lo verdaderamente tedioso que le resultaba a la chilena el hecho de tener que asistir todos los domingos a la misa del mediodía, e incluso cuando sus padres lo consideraban oportuno, también los sábados a las ocho de la noche. Era un verdadero alivio que con haber dejado su país natal, la situación haya cambiado un poco. Decidió mover su muñeca con insistencia en un gesto desinteresado, como dando por terminado un tema que no recordaba a raíz de qué comentario había surgido en primer lugar. “Oh, claro, por supuesto. Pero de todas maneras hay quiénes no se sienten atractivos y se emocionan cuando alguien más se lo dice. No estoy diciendo que sea tu caso ni nada por el estilo.” Hizo una pequeña pausa, entrecerrando sus ocelos oscuros y traspasando todo el peso de su cuerpo a una de sus piernas. “El atractivo no lo significa todo, Ville. No cantes victoria tan rápido, ¿sí? No soy una persona conformista.” La burla era la que bailaba sobre la rosácea de sus labios, aunque cierta de verdad sus palabras sí poseían. “Aprovecho las oportunidades, nada más.” Se defendió con un pequeño encogimiento de hombros, haciendo un ademán con su cabeza para indicarle al ex presidente que era seguro comenzar a seguirla luego de haber chequeado el perímetro por milésima vez. “Ahora, evidentemente. No tengo más clases hasta dos módulos más así que tengo un poco de tiempo.” Su mente se iluminó durante un momento. “Creo que no te alcancé a felicitar por tu premio, rey del baile de San Valentín. Así que felicidades, eh.”
“Y las ciencias con los dioses no se llevan bien, así que... Supongo que prefiero pasar del tema. Sé de la religión católica porque la escuela donde asistía lo era, nada más” humedeció su labio inferior, restándole importancia a ese asunto que se comenzaba a volver bastante tedioso. Sus hombros se encogieron, exactamente ese era el punto donde había dirigido su razonamiento. “Por eso. No debería ser así, sólo... No sé, para algo están los psicólogos, ¿no? S tú no te quieres, no te aceptas y no estás orgulloso de ti, nadie más va a estarlo. Y cuando tú lo estés, no vas a necesitar que nadie más tome ese lugar” reveló su experiencia personal a través de ese pequeño diálogo, quizá no iba al pie de la letra, pues aún le fascinaría escuchar algunas palabras por parte de sus padres, sin embargo, sabía que ese día no había llegado y jamás llegaría, ni siquiera con cinco títulos diferentes en mano. “Ahora te retractas, que conveniente, Fonseca” sus cejas se levantaron con ligereza, en su gesto podía percibirse un tinte de picardía, de esa burlona que a veces distinguía tanto al expresidente. “Oportunidades, claro” reiteró, a pesar de que su objetivo era parecer serio, la comisura diestra de su boca lo delató con gracia; de inmediato continuó el camino hacia la cafetería. “Yo ya no tengo clases hasta mañana, pero voy a tener que estudiar en un rato más, así que es como si las tuviera” pausó, un detalle que tal vez no resultaba relevante, pero fue pronunciado por un asunto más de recordatorio que otra cosa, así como para no entusiasmarse en nada más. “Gracias. Yo no tenía idea de que haría un concurso de eso. Definitivamente cada vez tengo más argumentos para pensar que estoy en una secundaria” bromeó, rodando los ojos. “¿Y tú con quién fuiste? Debiste estar bastante entretenida porque ni siquiera te vi”
isis. — flashback.
“No estoy segura de que haya un terminó específico para eso. ¿Orgullo, tal vez? A nadie le gusta ser dejado, por más que los sentimientos estén o no de por medio.” Era simplemente un hecho obvio, algo característico del ser humano. Dudaba que alguna vez conociese a alguien que prefiriera ser dejado antes que la situación inversa. “No soy enojona.” Continuó, terca. Claro que lo era, podría definirse como un fósforo, con el más mínimo roce se encendía y explotaba en un incendio, el cual nunca podía ser bueno. Su temperamento era demasiado especial, pocos lograban tratar con ella sin llegar a desencadenar una pelea. “Parece que alguien más es quien tiene que ponerse las pilas.” Las palabras del hombre acerca de ella y su relación con la federación no habían pasado desapercibidas. Ahora, las estaba utilizando en contra suya, sabiendo que debía esforzarse un poco más para estar activo tanto en sus clases como en el senado. Dos podían jugar ese juego. “No renuncies, sería una pena.” Un poco más suave, confesó aquellas palabra, bajando la guardia que antes había mantenido en alto. Era alguien hecho para esas cosas, su pérdida se notaría. Creía también las palabras que acababa de decir, estaba hecho para un poco más que el estudio. Se tomaba las cosas muy en serio en cuanto responsabilidades se trataba, algo que no sucedía con todos los adolescentes que rondaban por la Universidad (podía incluirse en esas personas reacias al compromiso). “¿Canadá te transformó?” A pesar de formular aquella pregunta un tanto divertida, hablaba completamente en serio. “¿Por qué cambió todo?” Esta vez no había ningún rastro de burla, él estaba contando algo que, según percibía, era íntimo. Conocía lo suficiente a Ville como para saber que su vida privada era literalmente privada. Entendía que aquellas confesiones eran importantes y significaban algo: confianza. Quería retribuir el gesto, dejarle saber que podía hablar con ella, que podía sincerarse. “Suena a que eran el rey y la reina del baile.” También un tanto predecible. Ville era apuesto, podía tener a cualquier chica que se le acercara, sin embargo había elegido la perfección. Él siempre intentaba llegar a la perfección. Estructurado y firme, así podía imaginárselo. No sabía cuales eran los motivos por los cuales su personalidad había sido afectada, pero estaba interesada en indagar en ellos. Un hombre que había pasado de escoltar a una “Lady”, a compartir sus noches desinteresadas con mujeres de turno. Había algo más grande allí. Hizo una mueca con su siguiente confesión. Ahí estaba, el desencadenante de un cambio notorio. “Lo lamento.” Estiró un brazo para poner la mano encima del hombro del chico, en un gesto de consuelo. Era mala en esa área, pero realmente lamentaba que alguien le hubiese hecho daño. “Siempre he creído que las relaciones no funcionan… que son ilusiones.” Si él podía abrirse, entonces ella también lo haría. “No vale la pena, siempre terminan así.” Se encogió de hombros, volviendo a tomar un poco de su trago. Aquel pensamiento se remontaba a años atrás, en los cuales había experimentado suficiente como para crear aquella idea. “Bien.” Interceptó al hombre que había sido señalado como “su víctima” y se apresuró a besar la mejilla del mismo antes de que pudiese reaccionar. “Espero que lo hayas disfrutado, porque no volverá a suceder.” Fueron sus palabras antes de abandonar a aquel mesero confundido para volver con Ville. “Nunca especificaste en dónde.” Le dedicó una sonrisa, finalizando el líquido de su vaso de un solo sorbo. “Ahora, ¿me dirás cuál fue tu satisfacción al verme hacer eso?” Seguía sin entender del todo, por qué había deseado que besara a un completo desconocido.
“Sí, tal vez...” era mejor eso que revelar el eterno pavor que sentía al fracaso; le resultaba más fácil renunciar a una relación amorosa que llevarla hasta ese punto, pues al final del día todas acaban de esa manera, y a veces demasiado deterioradas. Como la de su primera experiencia. “Claro que eres enojona, pero está bien, se parece a un enojo tierno el tuyo. Sí, adelante, puedes odiarme por haber dicho eso” pinceladas desafiantes tiñeron su timbre de voz, una sonrisa llegando enseguida; era imposible que alguien arrebatara ese pensamiento que tenía sobre la morena, ni siquiera ella misma podría tergiversarlo. “Ya lo hice. Ya pasaron las peores semanas, ahora puedo dedicarle una dosis relativamente normal a mi horario de sueño... Bah, de todas formas me quedo jugando con la xbox cuando el estudio está terminado” y no le importaba admitir eso; un discurso quizá contradictorio para quien predicaba madurez dentro de la universidad, sin embargo, una cosa diferente era el asunto de las consolas con la vida que se daba al interior de los pasillos. “No, no voy a renunciar, no quiero verte triste” medio bromeó, pues su gesto permaneció lo suficientemente serio como para demostrar que en sus palabras no había intención de mofa, sin embargo, no quería molestarla más de lo que ya estaba haciendo. Y fuera de exageraciones, no le hubiese gustado ver a la morena cabizbaja por nada, ni nadie; quería suponer que ella lo sabía, porque no era una información que sería dicha en voz alta. “Creo que culparé a la distancia, pero no estoy seguro. Quizá ella siempre fue así y nunca me di cuenta” era una propuesta válida después de la última conversación que habían tenido; realmente parecía que todos los años juntos no hubieran existido. En silencio, agradeció que la conversación estuviera fuera del alcance de las burlas, tal vez estaba lejos de ser un tema delicado, pero sí resultaba ser privado; ni siquiera recordaba haber hablado de esto con su mejor amigo. “De hecho ganamos la corona en la graduación, sí” porque sí, todo era demasiado perfecto como para ser real, como para que siguiera por el rumbo que él deseaba. “No hay por qué lamentarlo. Sirve para aprender. Probablemente fue culpa de ambos también. De todas formas es idiota pensar en un culpable ahora. Siempre que viajo a Quebec me veo con ella, somos buenos amigos” concluyó, en realidad era la mejor manera en que ambos podían terminar; aunque cabe destacar que les costó años llegar a formar estos lazos limpios de rencor. “Pero me dijiste que nunca habías tenido novio, ¿quién sabe si para ti los finales son diferentes o simplemente no hay finales? No quiero meterme más de lo que ya he hecho, pero estoy seguro de que les espera un buen futuro con Rooney. Y me voy a ofender si no es así” chasqueó su lengua, él no tenía nada que adornar con sus opiniones, ni siquiera conocía mucho a la otra muchacha en cuestión, pero no le gustaría ver para nada a una Ísis deprimida por una razón tan mundana. Imitando el gesto de la fémina, todo el contenido amargo y cítrico del vaso llegó hasta su estómago; la pregunta lo tomó por sorpresa, pues demasiadas explicaciones no habían. “Lo dices como si para mí fuera un fetiche” la sorna era latente en su gesto, una sonrisa ladina se torció entonces en sus labios. “Nada, sólo quería ver qué tan osada podías ser” admitió, regresando los cristales vacíos a la víctima que aún parecía sorprendida. “Ahora pide tú por ambos, confiaré en tus gustos. Prometo llevarte sana y salva a tu habitación si es que te emborrachas demasiado”
ophelia.
Cuando el relató comenzó cual la voz masculina fuese encantadora sus irises no hicieron más que contemplarlo, prestó su oído a las anécdotas familiares las cuales no compartía con sus hermanos. La mayor de los Gale estaba tan ocupada siendo perfecta que apenas prestaba un gramo de atención—o dedicación— a la veinteañera, mientras que su hermano la cuidaba cual caja de cristal. Si el moreno creía que compartía vida con un ser molesto no tenía ni idea lo que era ser ignorada o protegida más de la cuenta, no obstante sus carnosos fauces aún así vislumbraron una pequeña curva vacía. “Las charlas educativas, una verdadera mierda.” Comentó con tintes amenos mientras metía el primer montón al bolso, cierta ironía se disgustó en su lengua ya que cualquier tipo de charla educativa que pudo haber tenido fue evitada por sus padres y dictada por el famoso Internet. “¿Qué edad tiene?” No pudo evitar cuestionar, él hablaba como si se tratará de una persona mayor, o al menos adulta, hecho que incitó a expresar dicha curiosidad tan monótona. Pronto, un mechón castaño de cabello se deslizaba con ayuda de sus dedos detrás de su oreja diestra, para entonces después colocar cuidadosamente el segundo montón en su lugar correspondiente.
Tampoco relataba su experiencia en busca de empatía o compresión, pues explayó la respuesta de una pregunta que fue hecha; quizá era algo que debía mantener para él, o compartirlo con otra persona con quien pudiese comentar más acerca de esas cosas, pero ya estaba a medio camino en la historia. “Lo son, suerte que no tuve que pasar por tantas” o eso pensaba, pues tenía amigos que se quejaban en demasía por el mismo asunto de las charlas. Continuó apilando algunas revistas que estaban esparcidas para meter entonces a su bolso. “Veintidós...” respondió, haciendo memoria del último cumpleaños que había compartido con él, el cual había sido hace dos años y por esa razón dudaba de la edad real de su hermano.
elliane.
Devolvió la sonrisa que el chico le dedicaba, marcando lo dicho en la conversación como un claro desafío. Disfrutaba de los retos, recorrer el camino hasta cumplirlos llegaba a ser realmente gratificante. “Una de las mayores capitales de la moda. Sabía que de alguna parte tenías que haber sacado el buen gusto.” No estaba segura de si él sabría o no a que se refería, pero tampoco quería darle tanta relevancia. París era un lugar soñado, seguro que los motivos del hombre no serían los mismos que los suyos cuando se trataba de mudarse a aquel país, pero compartían el anhelo. “También me gustaría ir allí.” Finalizó, sabiendo que estaba más que lejos de aquel objetivo. Apenas había reunido el dinero para poder entrar a la Universidad, y su ex-novio nunca la había llevado a Europa (ese imbécil). “Podríamos quemarlos y asar malvaviscos.” Bromeó también, aunque la idea de hacerlos cenizas sonó tentadora en su mente. Quemar el pasado, no le vendría mal. “O bueno, puede que solo una fogata pequeña.” Esta vez una pizca de picardía se reflejó en sus ojos, como una niña pequeña que acababa de comenzar a considerar algo que no era correcto. “Sería todo un honor.” Ella misma no tenía demasiados amigos por allí. Si lo pensaba detenidamente, no se consideraba muy diferente al alumno que la acompañaba. Forjar relaciones se le hacía difícil gracias a la desconfianza que existía en su ser, veía a la mayoría de los seres humanos como malvados. Bajó la vista a sus piernas y continuo el recorrido hasta sus pies descalzos. Siempre había tenido una altura mayor al promedio, ahora que analizaba la situación, llegaba a deducir que él estaba en lo cierto. “Acabas de hacerme sentir un poco mejor, debo admitir.” Además, si le sacaba una risa entonces ya era un logro doble, ambos salían ganando. Pudo notar la duda en su rostro, como si acababa de proponerle una noche en su cama o algo parecido. “¿Por qué? ¿Tienes algún problema lumbar?” Esta vez la confusión se reflejó en su rostro, sin entender demasiado aquel misterio de su parte. No lo conocía como para deducir algo acerca de su persona. “Me alimento, sí.” Asintió con la cabeza, nunca había sido ese tipo de modelo, a pesar de que muchas veces (más de las que le gustaba recordar) se había sentido presionada a renunciar a la cena o almuerzo debido a su trabajo. “Solo suerte, buena genética.” Recordaba a su madre a pesar de no verla hace años, tenía su misma estructura. “Oh.” Se sorprendió una vez que le dio la espalda, permitiéndole subirse en ella. “¡Gracias!” Pronunció con tono alegre, acercándose lentamente. “Agárrame bien, eh.” Colocó las manos en los hombros masculinos y, de un solo salto, se impulsó hacia arriba para rodear las caderas del mismo con sus piernas.
Conforme las palabras se despedían de los sonrosados labios femeninos, una sonrisa iba creciendo en los propios, el comentario le causó un sentimiento que entremezclaba la gracia y sorpresa. “Ah, ¿por el concurso tú dices? Fue suerte. Puedes verme ahora que no traigo nada fuera de lo normal” su mirada recorrió su vestimenta, una camiseta negra invisible para ojos de cualquiera, pues estaba escondida tras una gruesa chaqueta de tonalidad azulada, similar al gris, y unos jeans oscuros. “Podemos irnos juntos, entonces. No me molestaría. Aunque allá nuestros caminos se separarían, porque yo me encerraría en el observatorio de Estrasburgo” pausó, aires soñadores terminaron por envolver cada sílaba que pronunciaba; sabía que antes de eso debía conseguir un empleo a nivel nacional y, después, buenas recomendaciones para transferirse hasta el viejo continente a trabajar. “¿Sabes hablar francés?” tuvo que preguntar, pues no era un detalle menor. Sus pupilas se incrustaron en el calzado, una sonrisa divertida bailoteó en su rostro. “No suena mal” tuvo que admitir una vez que su cabeza recreó esa imagen. “Además estamos en invierno, azar malvaviscos es casi una tradición. Empleada por nos estadounidenses, pero...” encogió sus hombros para dejar la frase a disposición del aire, lo cierto era es que sólo un par de veces había ido con sus amigos a la playa para hacer fogatas y todos los cliché que las escenas parecidas implicaran. Años habían pasado de eso, si debía ser sincero, y lo había disfrutado simplemente porque su pareja de la época fue su compañía. Nuevamente, una sonrisa le fue arrebatada del rostro, seguida por una carcajada breve y apenas audible. “Repetiré lo que dije en un principio: ya lo veremos” porque algo que le decía que, quizá, la brasileña estará lejos de encontrarlo como un honor. “¿De nada? Creo. En realidad sólo dije la verdad...” formuló en voz alta, un timbre de voz cadencioso fue utilizado para drenar relevancia. Una parte de él sintió alivio ante la sinceridad de la sudamericana; para él, tener una buena alimentación era lo primordial para cualquier persona, nunca había apoyado las dietas de ninguna clase. “Está bien que sea así” relamió su labio superior, añadiendo después. “Y no, no tengo ningún problema lumbar. Es... No sé, en realidad nunca nadie me lo había pedido, así que tampoco puedo decir que será la última vez que lo haga” al fin y al cabo se trataba de un simple favor. No tardó en sostener los bien formados muslos de la menor, acomodándolos mejor sobre su cadera para comenzar a caminar. “¿Cuál es tu habitación?” preguntó en el trayecto, sabiendo que simplemente debía avanzar hasta el edificio femenino. “De verdad no pesas nada o el deporte durante mi vida ha dado frutos. Supongo que lo primero” agregó.
ettie.
Ettie discrepaba de sus palabras, pero no quería comenzar un debate que no le llevaría a nada. Se suponía que él era el experto en el ámbito científico, así que lo más inteligente sería callar antes de dar iniciar una batalla en la cual tenía todas las de perder. Terminó de recoger lo que tenía a su alrededor y volvió a erguirse: -Abrir tu propio observatorio, sí que te debe sobrar el dinero. Qué suerte tienen algunos -negó varias veces con la cabeza. No le molestaban los niños ricos, es más, le daban bastante igual. Ya hacía bastante Faye estafándoles con su droga-. Pues ya somos dos. A mí tampoco me gusta hablar de mí misma, pero sí que puedo decirte que estudio Teatro. Si lo prefieres, podemos hablar de la vida de otras personas -no es que fuera exactamente una cotilla, todo le daba igual, pero prefería eso a una constante de preguntas sobre su vida personal.
Una sonrisa adornó sus facciones, acompañándola de una negación con la cabeza. “No me mal interpretes, lo digo como sueño a largo plazo. Primero necesito conseguir empleo en alguno, después ser transferido al de Estrasburgo, y finalmente tener las recomendaciones y el dinero para abrirlo” explicó, él no formaba parte de esos niños con dinero de sobra; una especie de castigo que sus padres impusieron en él, pues ni siquiera pagaban sus estudios: en contraste con la situación de su hermano quien se gastaba el dinero en bromas como la recién escenificada. “Teatro me parece una opción buena, igual que danza. Quizá porque me creo incapaz de hacer alguna de las dos...” soltó el pensamiento en voz alta, su comisura diestra se alzó con gracia. “No sé si conoceremos a alguien en común como para hablar de su vida, pero creo que tampoco sería lo correcto” admitió, por supuesto que una persona como él tendría un comentario así, demasiado predecible, la verdad.
philadelphia.
No iba a mentir, aquella pregunta la había tomado por sorpresa. “La verdad es que desconozco si mi abuela fue educada en casa o no… aunque al parecer la wikipedia y el mundo sabe más que yo sobre mi propia familia —Sabía que había sonado un poco hostil, pero aquello no era más que la verdad. Aunque se tomara el tiempo para conocer a sus familiares, todos eran demasiado cerrados entre si, incluso su relación para con sus hermanas no era demasiado afectiva. “¿Y qué te hace hablar con tanta seguridad, huh? ¿Eres uno de esos admiradores? —Preguntó con un tono jocoso, una sonrisa ladina y bromista supo acompañar a la perfección la pregunta de la inglesa. Ser coqueta estaba en su sangre y no había mucho que hacer. “Creo que tu hermano tiene más libertad en el dinero que yo… ¿sabes lo que es que le lleguen facturas a tu abuela de todo, absolutamente todo lo que compras? —Claro que no sabía, no era una princesa y nunca lo iba a ser (aunque no podía negar que la idea de verlo en un vestido colorido y pomposo no le hacía un poco de gracia), por eso la gente nunca podía ponerse en su lugar y mucho menos podían decir que la entendían sobre algo que nunca habían vivido. “Para los hombres de mi familia es todo más fácil, Guillermo y Enrique son los favoritos de la abuela, pueden estudiar para ser gigolos en Viena y ella posiblemente los apoyaría. Mientras que yo me llevo el chasco, que cuando me vio modelando en ropa interior casi le dio un pre-infarto —Relató como si aquello hubiera sido una historia muy lejana en la línea de tiempo, siendo que en verdad eso había pasado un par de meses atrás. “Catalina cuando estudió Historia del Arte aún no era parte de la familia real, así que supongo que es justificable. De igual manera, sus padres no son demasiado estrictos a lo que a estudio se refiere, ellos solamente quieren que tanto Philippa como Catalina y James sean felices —Quizá llamarlos de esa manera podía resultar un tanto frío a los oídos ajenos, pero la verdad era que nunca se había sentido en confianza -con su propia familia- como para llamarlos como el pueblo lo hacía.
“Eso es natural, ¿no? Incluso aquí en la universidad, las páginas de chismes saben más de mí que yo mismo. Es ridículo, pero lógico desde cierto punto” sus hombros se elevaron con desinterés. “De todas formas detesto wikipedia, es un dato que recuerdo de las clases de historia en secundaria” no era un secreto que el alumno estrella del instituto y ahora de astronomía fuera reacio a páginas como la mencionada, él siempre optaba por la biblioteca. “Si fuera uno de esos admiradores, no te lo diría, obviamente” sus cejas ascendieron con gracia, una sonrisa efímera tomó lugar en sus facciones por una breve instancia; realmente no pertenecía a ese grupo, apenas conocía a la princesa, en realidad, aunque debía admitir que la creía hermosa, y eso era un avance. “Supongo que esa mala suerte se acabará cuando empieces a trabajar, supongo. Saques tu propia linea de crédito y todo eso. Mi hermano siempre tuvo libertad para todo, a decir verdad...” humedeció su labio inferior, rememorando hechos puntuales del pasado donde haya salido perjudicado gracias al ya mencionado: incontables. “Ah, entiendo. Supongo que es algo machista... Está bien para las mujeres de su edad. Hay que entenderlas” fue el único consejo, pues sólo había visto a la monarca por televisión y nada más, imposible era descifrarle un carácter determinado en la intimidad. “Ya veo. En ese caso... Espero que saques bien la carrera. Me hubiera gustado estudiarla, pero los astros me conquistaron. La otra opción que tenía era literatura, pero iba a morirme de hambre con el título en mano” tal vez exageraba, sin embargo, no era novedad eso que decía.
Villein T. Cailleaux — MOODBOARD 002.
«Giving up doesn’t always mean you are weak; sometimes it means that you are strong enough to let go»
{ Ville’s point of view about his parents. }
sms; isis.
Ísis: Acostúmbrate al estrellato.
Ísis: Solo acepto de diamantes, es de la única forma que puedes conquistar mi corazón...
Ísis: Tenlo presente.
Ville: No lo haré, menos si me relacionan tanto contigo... Ni siquiera entiendo por qué. ¿Me besaste mientras dormía, acaso?
Ville: Ja-ja.
Ville: ¿Y cuándo vas a conquistarme tú a mí, ah?
rae.
“Yo me defiendo, estoy segura de que aquí el problema es que tu tienes una mente retorcida…” afirmó la morena con aires de burla mientras alzaba las cejas en un gesto algo cómico y señalaba los artefactos, ahora guardados en el bolso con la mirada. “Y no puedes decir otra cosa, te agarré con las manos en la masa, todo está a mi favor.” añadió, encogiéndose de hombros y dando por finalizada la cuestión, si bien no era una persona totalmente orgullosa, tenía cierto interés en llevar la razón, de vez en cuando, cuando sabía a la perfección que con Ville podía perder ese lujo fácilmente. No le molestó que se burlara de ella, incluso cuando su reacción había sido un gesto exagerado, no sabía porque -o intentaba ignorar- porque la mayoría de las personas la veían como una mujer experimentada y atrevida en el aspecto sexual, incluso cuando creía ser reservada con su intimidad y se mostraba algo ajena a los chimentos y burlas sexuales que los jovenes de su edad podían hacer, pero la verdad era que la boricua solía sentirse intimidada antes aquellos tipos de situaciones, después de todo aunque se tratara de una mujer confiada y segura, tenía cierto pudor. “No me hagas imagenes mentales que no deseo, por favor.” suplicó cerrando los ojos con cierto gesto infantil, sabiendo que estaría creando algunas de ellas nuevamente, y que aunque quisiera evitarlo ya estaba pensando en las ideas planteadas. Más las próximas palabras que el castaño soltó despertaron toda su atención y abrió sus párpados con rápidez para centrar sus orbes oscuras sobre las perlas ajenas, no se imaginaba a Ville con una persona de pareja y no sabía porque, pero no parecía ser un hombre de demostrar afecto como si nada, seguramente ganarse su aprecio y cariño debería ser bastante difícil y no quería imaginar lo que sería aquel muchacho en una relación amorosa, seguro tendría rienda de todo y tendría que estar con una persona de semejante actitud a la ajena, además de que aunque no fuera a darle la razón, sí era condenadamente atractivo, pero igual de intimidante, al menos para la puertoriqueña que aún no entendía porque tenía que sentirse así frente a la presencia del masculino, pero que aún lograba disimular su desconento con ello. “Así que no eras tan cariñoso y romántico, ¿y bien? ¿cómo eras entonces? porque no te imagino dándoles con una fusta, ni tampoco golpeando a alguien… menos a una de tus parejas, claro.” negó, mientras meneaba su cabeza para darle énfasis al tema, segura entonces de que el masculino sería un punto neutro y que ella simplemente estaba, como siempre, exagerando. Una carcajada limpia brotó de sus labios y tuvo que ponerse de pie sobre su eje para no caerse de narices contra el frío suelo del pasillo, contemplando ahora el bolso a medio cerrar y el suelo limpio de artefactos indecorosos que podrían meterlos en alguna clase de lío o burla colectiva, centrando entonces su atención en su compañero de charla para terminar frunciendo el ceño ante todo su parloteo. “¿Esto sigue siendo una broma o me estas diciendo que de verdad vamos a vernos involucrados en dicha situación? no te lo tomes a mal, pero ya me perdí en si esto era una broma o una propuesta.” mencionó como si fuera lo más normal del mundo, siendo otra vez la viva contradicción en una persona, era cómico como Rachel podía pasar de ser una muchacha intimidada con actitud casi inocente a meterse en el papel directo que haría caer toda la afirmación recién nombrada. Sin darle mucha preocupación al asunto comenzó a avanzar, ayudándole a cargar con el bolso para que no volviera a caerse y causar semejante desorden nuevamente. “Claro que estarías en desventaja, a menos de que te gustara utilizar uno de esos para ti mismo, pero seguramente eso sería bastante doloroso y yo no me ofrezco como partícipe, paso.” se burló, otra vez con ironía en las palabras siguiendo el rastro a quien sabe donde, ya que no tenía idea de que haría el muchacho con aquellos objetos en discordia. “Creí que podrías juzgar suficiente con lo poco que me conoces para saber que lo último que estaría dentro de la lista sería dormir, tengo un poco más de imaginación, Ville.” afirmó, casi que indignada y soltó un chasquido con la lengua, pensando en todo lo que escuchaba ahora de parte del expresidente. “¿Y con quién compartías mesa?” indagó con creciente curiosidad, meciendo la cabeza para negar ante su cuestionario. “Solo me cruce con un par de borrachos y borrachas que no me hicieron pasar un muy buen rato, y además, me perdí del resto de mis conocidos toda la noche, estuve algo sola.. así que.. bueno..” terminó cortando sus palabras, odiaba verse débil frente a los demás y no quería admitir la soledad que había sentido en la velada, y a diario, mejor dicho. E incluso cuando se intentó imaginar en la velada con Ville, no pudo reprimir cierta risa entre dientes ante las bromas que podrían haberse jugado y los comentarios tan poco románticos condenandose a una buena velada, al fin y al cabo, se llevaban bien. “No creo que lo hubieras hecho, seguramente terminarías asesinandome a mitad de la velada; pero..podría haber sido divertido, sí. O podríamos haber terminado sin soprtarlos el resto de la noche, pero de todas formas ya habrá oportunidad.” murmuró, soltando un suspiro con suavidad. “¿Con quién fuiste? ¿quién tuvo semejante privilegio?”
“¿Yo? Te recuerdo que tú comenzaste con todo el tema...” canturreó, una sonrisa visible se añadió a esa burla que prevaleció en el ambiente por un instante, su intención no era continuar con todo ese tema, por lo que decidió finalizarlo allí. Parpadeó, sus cejas ascendieron confundidas ante la reacción. “Pero si no he dicho...” cortó su oración de manera abrupta, una mirada acusadora taladró la más oscura. “Y entonces dices que yo tengo la mente retorcida, vaya” reiteró, humedeciendo su labio inferior; sin duda consideraba todos esos pensamientos una reacción completamente natural, eran seres humanos y existía aquel punto básico del cerebro que todos poseían. La pregunta ligada a una intimidad más emocional que sexual se interpuso en el discurso, un par de arrugas se hicieron sobre su ceño. En realidad, no le molestaba en tema, mas lo había capturado con la guardia totalmente baja: una sonrisa iluminó sus facciones, rescatando los recuerdos más recientes. “Me refiero a que mis últimas relaciones no fueron de amor, yo no... estaba enamorado. No puedo decirte que da igual el físico mientras gustes de su personalidad, porque en este caso fue más físico que otra cosa, aunque nos llevábamos bien y todo eso, tampoco soy un monstruo” chasqueó su lengua, lo cierto era que desde el término de su primera relación pensaba que así era. “Aprecio que no tengas una imagen de mí como Christian Grey” bromeó, y a pesar de que no estaba ni cerca de ello, debía confesar que tenía ciertas particularidades a la hora de intimar con una mujer, el uso de la máscara mencionada era un vago ejemplo de ello. Una mano pasó por su cabello, ahora otorgando más concentración a las palabras que la fémina pronunciaba en ese acento agradable que era absolutamente involuntario. “¿Qué?” pausó, considerando lo dicho previamente, quizá podían prestarse para pésimos entendidos; en especial con ese sentido del humor tan especial del canadiense. “Quiero creer que tengo más clase para hacer una propuesta como esa, como mínimo te besaría primero” asintió, bastante convincente en realidad, eso de los cafés o salidas a bares no iban especialmente con él; tampoco las cursilerías que terminaban siendo una excusa para llevar a alguien a la cama, a pesar de que Villein rehuía constantemente de sus sentimientos, no era tan frívolo como él mismo pensaba. Aceptó la ayuda para cargar con el bolso un par de metros, enseguida una carcajada brotó de su garganta. Ni siquiera iba a imaginarse en esa situación. “Nunca lo he hecho, imagino que debe ser doloroso, y no sé cómo a algunas mujeres les agrada... Pero sí, no serás testigo de nada, no te preocupes” de igual forma no iba a cuestionar las preferencias sexuales que otras personas tuvieran, menos cuando él había presenciado varias. Sus piernas se dirigieron entonces hacia el bote de basura más cercano, tuvo que destaparlo para dejar el negruzco bolso presionado ahí dentro. “Es tu última posibilidad si acaso quieres sacar algo” advirtió, y sin esperar una respuesta selló el compartimiento de deshechos. “¿Y qué conclusión voy a sacar si hace dos minutos dijiste que tenía una mente retorcida, eh? Ya te dije que prefiero no juzgar, pero... Siempre es agradable saber qué tipo de imaginación tienes. No quiero tener que convertirme en algún tipo de profesor” sus hombros ascendieron y los dejó caer enseguida con sutileza, drenando importancia a toda la situación. “Estuve con Aitor, Brielle (un puesto perdido), Bianca (otro puesto perdido, pero al menos es preciosa), Lavinia y Eleanor” respondió, apoyándose en la pared más cercana. “¿Sola? Insisto, debiste haberme buscado después... Nos hubiéramos ido a otro lado” propuso, con sus ojos parcialmente entrecerrados, meditando la situación. “Oye, yo lo hubiera disfrutado. No sé tú, siempre he pensado que no soy la pareja ideal para este tipo de cosas... Digo, no para cosas románticas” corrigió, pero debía reconocer un par de actos que lo condenarían con ese título, no en la velada en sí, sino que en su vida diaria. “Pero hubiéramos bebido algo y quién sabe qué más” dejó que el misterio tomara posesión de esa oración, dejando una puerta abierta a las interrogantes típicas de lo que pudo haber pasado y no pasó. “Fui con Eleanor. Creo que se divirtió, y supongo que yo no puedo quejarme, es una excelente compañera de baile, sí” resultó bien después de todo, esa informalidad que tuvo antes del baile para buscar una pareja. “Además gané el concurso del mejor vestido, ni siquiera sabía que estaba participando...” pausó, relamiendo su labio superior. “Te perdiste de todo ese privilegio por desaparecer” bromeó, porque si era sincero, no consideraba para nada un privilegio ser su pareja en ese evento tan pisoteado por la mercadotecnia. “Ven, vamos a la cafetería, te compraré algo por ayudarme y soportar mis comentarios incómodos, tienes una paciencia de oro. A ver cuánto te dura” dijo, quizá de manera demasiado repentina, aunque siempre con una delgada sonrisa entre sus comisuras.
milena.
“Cuando dices que tienes una mente abierta, en realidad no me estás diciendo bastante. ¿Te refieres a que crees en otras fuerzas superiores? ¿Dejando de lado la fe católica?” Inquirió, y aunque estuvo a punto de preguntar si creía en la existencia de vida alienígena debido a su carrera universitaria, se abstuvo al reprimir una pequeña sonrisa que amenazó con escapar de sus labios. Arrugó un poco su nariz al escucharlo, delgadas cejas ascendiendo en sorpresa y extrañeza. “No tiene una explicación lógica, para nada. La mayoría suele alegrarse cuando otro pronuncia halagos en su dirección, pero supongo que ahora sabré que no te tengo que tratar tan cordialmente. No vaya a ser que te molestes o algo así, y no me gustaría ver a un Ville enojado. Nunca te he visto perdiendo la paciencia, pero tampoco tengo ganas de averiguarlo, honestamente.” Ladeó un poco su cabeza, terminando por mover la cremallera del bolso contrario para así cerrarlo y esconder cualquier evidencia que pudiese delatarlo. “Por favor, no creo que me llevase bien con alguien que puede gastar esta clase de bromas, así que paso.” Posicionó sus manos sobre el hueso de su cadera, ocelos levemente cerrados y mirada fulminante. “Vale, te creo. Si digo que quiero ir a la cafetería por un panecillo de chocolate, ¿me lo comprarías? Sé que es poco, pero prefiero dos o tres favores chiquitos antes que uno grande. ¿Te parece una injusticia o ando por buen camino?”
“No, no. Con la mente abierta me refiero a que, no sé, creo en un Dios, por ejemplo, pero también creo que pueden existir más dioses, o quizá algo extraterrestre, ¿quién sabe? Estoy abierto a todas las posibilidades, no me encierro en nada” explicó, humedeciendo sus labios, perdiéndose en el punto preciso donde habían cruzado a ese tema tan irrelevante para ambos. Sus comisuras se alzaron con gracia, se esforzó por tener un gesto serio durante el breve monólogo de la chilena. “No voy a enojarme, obviamente” se apresuró a aclarar. “Es sólo que... no sé, si piensas que eres atractivo, o atractiva en tu caso, debes pensarlo tú y nadie más, no importa si alguien te dice lo contrario o te da la razón” intentó dar a conocer su opinión, sin embargo, se oía mejor en su cabeza que en el exterior. “Aunque es bueno saber que soy de tu gusto” añadió en un tono particularmente bromista, cuidando de curvar una sonrisa para que delatara su intención. Tomó el bolso y lo echó al cesto más cercano de basura, sus párpados se entrecerraron con ligereza. “¿Dos o tres pequeños?” bufó, aunque la entretención en ningún momento abandonó sus facciones. “A ti te dan la mano y tomas el codo, ¿eh? Vale, bueno, supongo que aceptaré. Y sí, puedo comprarte ese panecillo de chocolate sin problema” no era como si el dinero le sobrase, mas tenía suficiente como para complacer caprichos propios y de otros. “¿Quieres ir ahora o luego?” preguntó, con sus ocelos azulados ahora dirigiéndose a los de tonalidades cacao.
ophelia.
“…Pero.” Confusión. No había otra cosa que no dominara todas sus acciones y pensares, quizá ahora realmente necesitaba una explicación que le iluminase el camino. Como si le hubiese leído el pensamiento, un segundo más tarde de pronunciar un apagado —y muy confuso— “pero”, el muchacho había concedido aquella aclaración que pidió sin emitir palabra. Ahora podía comprender la actitud del pelinegro, entonces una curva taimada vislumbró en la comisura de sus labios. “Oh, claro… Entiendo. ¿Siempre te hace esté tipo de bromas” Cuestionó algo amena, dejando al compás de un mohín de disgusto el objeto roto a un lado y prosiguiendo a juntar el resto de las cosas en un motoncito meticulosamente armado, por un lado una pila con las revistas, por el otro una montaña diminuta de juguetes y cosas, por el otro lo demás. Si continuaba a ese paso probablemente en unos cuantos minutos más terminaba de de ayudar al muchacho, algo oportuno para continuar con su día.
Apilando las revistas, desvió su mirada hacia los ojos atractivos ojos celestes, sin duda le recordaron a la hermana mayor de la británica. “A veces” admitió, con una ligera curvatura delatando la entretenida nostalgia, un suspiro lo regresó a la realidad con sutileza. “Bueno, una vez me pidió algo así como un favor, tenía que llevarle una carpeta de no sé qué a nuestro padre” relató, nuevamente la sonrisa volvió a ser visibles. “Hubieras visto su expresión cuando abrió la carpeta y vio un centenar de imágenes subidas de tono. Yo tenía como diecisiete, no me regañó, pero tuvo esas típicas charlas compasivas-educativas que los mayores dan al respecto” rodó sus ojos, deshaciéndose de todos los juguetes rápidamente, no porque alguien pudiese verlo, sino porque añoraba terminar pronto con ese trabajo tan innecesario e inoportuno para ambos. “Otras veces han incluido pintura o bombas de olor, pero vamos, no puedo pensar que todo el tiempo está jugándome bromas... Debería madurar en algún momento”
katlyn.
“Es un buen punto” respondió, destapando el cesto que tenía al frente y dejando caer las cosas que tenía en su mano “No creo que me vaya muy bien en este negocio” agregó sonriente, antes de arrodillarse para terminar de juntar lo que quedaba en el piso “No soy buena para vender cosas y además seguro no me creen que tengo un negocio clandestino de revistas” tomó un par que tenía cerca suyo y las levantó del suelo, agitándolas delante de su cara. Las arrojó desde la distancia hacia el tacho de basura y las encestó desde casualidad “Y que horror usar estas cosas, por favor. Ahora que sé que tocaron el piso menos las usaría” finalizó, tirando el resto de los objetos. Vaya sorpresa tendría la siguiente persona que tire su basura.
“Yo no creo ser bueno para ningún negocio” sus ojos se entrecerraron con ligereza, torciendo sus labios en una mueca parecida al disgusto. “Pero tienes razón, nadie lo creería, además que las revistas están muy pasadas de moda” asintió, porque sí, él tuvo que vivir época de revistas, el internet llegó muy tarde a su vida. Su mirada se dirigió a la morena una vez que echó las cosas a la basura, una sonrisa entretenida figuró entre las comisuras de su boca. “Bah, siempre se pueden desinfectar, pero entiendo, entiendo, tampoco ibas a aceptar, sé que las mujeres son más discretas con esos temas” admitió, guardando sus manos limpias de objetos dentro de los bolsillos de su chaqueta. “Gracias” finalizó, el trabajo ya estaba hecho.