Don't leave me, I can't go on without you || Zaceli.
Zac dejó caer su cabeza entre sus manos, se acababa de sentar en una de las sillas de la sala de espera del hospital, ya había pasado casi una semana desde esa noche en que se enteró de lo que le sucedió a su esposa, aún no podía creer que estuviera entre la vida y la muerte, por eso mismo no se movió ni un sólo segundo de esa sala pero no sirvió de nada puesto que no le daban razón alguna sobre ella, tan sólo decían que tocaba esperar y sucedía que el caído no soportaba más esa espera, estaba desesperado, frustrado, lleno de tristeza y rabia, todo al mismo tiempo, sabía que no aguantaría mucho más.
Lo único que lo aliviaba un poco es que su hija no tenía que estar con ese lugar, aún cuando le había explicado que su mamá no estaba del todo bien y por eso debía quedarse con su tío Colin, ella estaba tranquila, pues Zac trataba de suavizar las cosas lo más posible con la esperanza de que Eli saliera de esto, no podía si quiera pensar en la posibilidad que así fuera pues cada vez que por alguna razón ese pensamiento se deslizaba en su cabeza, sentía un dolor profundo que tenía claro que no podría soportar, ella y su hija eran los que más él amaba en su vida, por quienes daría la suya sin pensarlo dos veces. El caído era una persona que no solía querer con facilidad a las personas pero una vez lo hacía, se entregaba completamente y así sucedió con su esposa más que nadie, cuando la conoció era un hombre solitario, alguien que no se preocupaba por nadie más que si mismo, que fingía simpatía tan sólo para sacar beneficios de quienes necesitaba y de quienes no lo lograba simplemente los asesinaba, no le costaba trabajo, ni le provoca el más simple sentimiento por el contrario en algunos ocasiones le parecía placentero pero gracias a su hechicera comenzó a ver su existencia de otra forma, ver que el ser caído o que su pasado no tenía que definir quien era, aún cuando todo comenzó siendo amigos y en poco tiempo convirtiéndose en los mejores, aunque sin que él se diera cuenta ya estaba enamorado, hace más años de los que se podían contar pero por un tiempo el sólo tenerla a su lado le bastaba, el poder cuidarla, hablar con ella todos los días, ser ese alguien tan importante, saber que sin importar nada se tendrían el uno al otro, todo estaba bien hasta que ella se enamoró y esos celos que sentía le demostraron que la veía como más que una amiga, trato de cerrarse a ese sentimiento, no porque no confiará en ella sino por el contrario tenía claro que ella era demasiado buena para él y merecía lo mejor, alguien que la hiciera muy feliz, la respetara y la amara más que a nada o nadie, no fue hasta unos años atrás que se dio cuenta que él podía ser esa persona a pesar de su naturaleza, aún así le parecía increíble que ella lo pensara igual, se sintiera de la misma forma hacía él y nunca dudaba. ni negaba ante o los demás lo afortunado que era por estar casado con Elizabeth, ella sacaba siempre lo mejor de él, ella lo mejor de su vida y gracias a ella tenía la hija perfecta, a quien amaba de igual forma y que cada vez sonreía le recordaba a su madre.
El caído soltó un profundo suspiro y se levantó para caminar por el lugar como lo hacía con regularidad por la ansiedad y desesperación que sentía, en un comienzo eso lograba dispersarlo un poco pero ya no era así pero tenía que hacer algo así fuera moverse de un lado al otro, quedarse quieto era aún peor, le recordaba lo inútil que era en ese momento mientras se esposa luchaba por su vida en esa sala del hospital. Se talló sus ojos por el cansancio puesto que desde ese día no dormía y se mantenía en vigilia a punta de café que era lo único que comía, por lo mismo se veía bastante acabado algo muy extraño en un caído puesto que ellos después de todo ya estaban muertos.
Unos minutos después escuchó al doctor preguntando por los familiares de Elizabeth Reaser por lo que en un par de zancadas se acercó a este— Yo soy su esposo —respondió en un tono un poco bajo por su estado pero mirando al doctor con ansiedad por respuestas respecto a la salud de su esposa— ¿Cómo esta ella? ¿Ya despertó? —preguntó con visible desesperación en el tono de su voz pero frunció el ceño al ver que el doctor lo miraba con cierta preocupación, como dudando el que decirle hasta que luego de unos segundos pronunció esas dos palabras que para Zac significaban el fin de su mundo "Lo siento …" fue lo único que él escuchó aún cuando el doctor continuó explicándole el porqué no podían hacer más por ella y que tan sólo le quedarían por mucho unos minutos de vida. Todo comenzó a pasar lentamente en la cabeza del caído, se veía borroso a su alrededor, no lograba unir dos pensamientos coherentes pero lo que si era seguro es que su esposa era la principal protagonista de esos pensamientos. Aún en ese estado camino en dirección a la sala donde estaba ella, sin razonar demasiado y empujando a las personas que intentaban detenerlo puesto que él tenía mucha más fuerza física que cualquiera de ellos. Al llegar a su habitación Zac tenía su respiración acelerada y no por su carrera sino por todo lo que cruzaba su cabeza, por ver a su esposa en esa camilla inconsciente a punto de morir y ese fue el pensamiento que lo trajo de vuelta a la realidad, su esposa estaba muriendo y no había anda que pudiera hacer al respecto. Un par de lagrimas se deslizaron por sus mejillas mientras se acercaba a la camilla, agachándose a la altura de ella, tomando una de sus manos entre las de él a la vez que dejaba caer su frente sobre la de ella— No … —musitó finalmente con su voz contenida— No me dejes, por favor, no —le suplicó esta vez sin poder contener su llanto— Yo no puedo seguir sin ti, no soy nada sin ti —siguió murmurando sin importar que ella no lo escuchaba, sin que sus lagrimas dejaran de caer esta vez una caían sobre el rostro de su esposa pero no podía alejarse, apenas era consciente de si mismo, lo único que sentía era ese profundo dolor— Yo te amo, quédate conmigo —volvió a suplicar mientras cerraba sus ojos tratando de detener su llanto, no tenía idea de que podría llegar a llorar luego de morir hasta ese día pues antes no lo había hecho pero en lo único que lograba pensar es que no era justo, ella era la mejor persona en este mundo, la más noble, la única que no merecía ese destino por el contrario él si, lastimó a muchas personas, asesino sin piedad alguna. Ella merecía la vida que él tenía ahora, Zac quería morir en su lugar, no quería, no podía vivir sin ella, él no era tan fuerte.
Se quedó inmóvil al notar que su esposa, como lo diagnostico el médico momentos atrás había muerto por lo que volvió a respirar aceleradamente a la vez que negaba repetidas veces— No, no, no, no, ¡NO! —gritó explotando finalmente y comenzando a temblar sin dejar de llorar, ni separarse de ella, dejándose caer de rodillas al lado de la camilla, queriendo deshacerse de su propia vida, le pesaba el saber que seguiría vivo mientras ella no, recordó el cómo él le quitaba la energía vital a los demás, ahora quería hacérselo a si mismo. En ese momento comenzó a peder más fuerzas, sin darse cuenta que en realidad estaba expulsando su propia energía de si mismo puesto que de cierta forma eso lo hacía dejar sentir y era mejor eso que el dolor que lo inundaba en ese momento, unos segundos después soltó la mano de su esposa ya que no podía cerrar la suya y cayó al suelo finalmente, puesto que perdió la suficiente energía vital para desmayarse.