Can’t stand losing you || Ashlizona
doctor-robbinsarizona:
La navidad junto a Cole y Alice, además claro de Ashley y Pongo, había sido increíble. Había pasado ya un día desde la víspera, y se encontraba ahora regresando del parque en búsqueda de utensilios para seguir jugando con Alice, Pongo y Cole. Cuando ingresó y vislumbró a Ashley caminando hacia ella desde la terraza, pero no le dio demasiada importancia y comenzó a quitarse el gorro de lana que la había estado protegiendo del frío, para buscar los juguetes que según Alice era demasiado importante encontrar.—¡Hey! Alice quiere construir un muñeco de nieve, así que vine por los ute…—pero entonces, acortando sus palabras y el sentido de la frase, su mirada irrumpió avisando lo temido.
—Supongo que tenemos que hacerlo…sólo…déjame avisarle a Cole.—acordó dejando de lado cualquier intención de volver a bajar, quitándose la chaqueta y texteando rápido a Cole que no podría bajar, que debía atender asuntos importantes con Ashley y que por favor llevara a Pongo y Alice a pasear mientras ellas hacían aquello. Cuando volteó ya más ligera de ropa, y un tanto cómoda con el ambiente de la habitación, llevó su mirada al encuentro con la de Ashley una vez más, intentando descifrar qué había en su mente y por qué al parecer le costaba tanto trabajo exteriorizarlo.
La mirada de Arizona la congeló por completo, porque mirarla siempre era todo, mirar a sus ojos era encontrarse con la verdad, con el sentimiento real y en esa mirada encontró un millón de cosas que incluso ahora le asustaban. Ashley ya tenía claro que los rumores acerca del regreso de Grace eran muy ciertos, tan ciertos como aquellos que la involucraban con su novia y lo cierto es que Conrad había estado demasiado tiempo lejos como para protestar algo.
Tragó saliva y se acercó aun más hacia la adjunta para sentarse sobre la cama que se encontraba al centro de la habitación. Esperó que Arizona también lo hiciera... Tenía una sensación muy extraña, se sentía muy nerviosa mientras pensaba qué o cómo decir todo lo que necesitaba comunicarle, pero aquello dejó de invadir su cabeza cuando Robbins se sentó frente a ella --La verdad es que... No sé por donde comenzar-- resopló pensando en palabras adecuadas

















