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Thriller Night || Sam&Jason
La cuenta mental que Sam mantenía había llegado a mil cuatrocientos sesenta y tres antes de rodar los ojos y dirigir una mirada asesina a sus zapatos, firmes como el resto de su cuerpo dentro del automóvil. Se alegró que los caídos no tuvieran la habilidad de leer la mente, pues su novio habría averiguado que el método de cuenta hasta que el enojo se pase lo había visto en una película de disney, lo cual, si bien no se alejaba de sus actitudes inocentes, podría ser centro de bastantes bromas por parte del rubio. Seguía enfadado por el asunto de meter comida de contrabando al cine, además, ¡Acababan de cenar!, no le parecía un comportamiento adecuado. Y si bien su novio no era quien para obedecer a leyes esenciales de allá arriba, Sam pensaba que aceptar un par de reglas mundanas no le haría daño. Además (y claro que ésto no lo había dicho en voz alta) las frituras no se comparaban a los nachos del cine. En fin.
Cada vez que Jason hacía aquello de avanzar con el teletransporte formaba una línea con los labios y fijaba su vista en otro lugar. Era innecesario. Sam recordaba muy bien la razón por la cual éste talento en particular le resultaba tan mortificante: Una mañana mientras se rasuraba aquellos indicios de una barba Jason se había teleportado justo detrás de él, ocasionando un momento engorroso que terminó en un ángel ruborizado gritando ¡PARA ESO EXISTEN LAS PUERTAS! De todas formas, no era capaz de atribuir las travesuras del ángel caído a una especie de maldad oculta, sobre todo cada vez que alguna discusión acababa en risas y besos.
- De todas formas vamos a llegar, Jay. No seas ansioso. - se quejó con el siguiente avance. Pero justo cuando retomaba la cuenta mental Jay dio un volantazo que le dejó boquiabierto y a punto de salir del auto adoptando su forma celestial para exclamar por todos los aires que más valía que el alma de cuya mente hubiese salido la idea de crear la rueda iba a sucumbir a una lenta tortura. Antes de cometer alguna locura en un arranque de ira, el otro ya se había bajado y ofrecido una mano. No la tomó, pero tampoco le miró de mala gana. - Me gustaría caminar de aquí a la sala, sí gracias - comentó en un tono que dejaba ver que más valía tener ésos cinco minutos de tranquilidad.
-Vamos, no me vas a negar que fue divertido... ¿Viste la cara de la ancianita de enfrente? Fue como si hubiera visto a Fer en su forma menos bonita... - Bromeó tomando su mano de todos modos, medio arrastrándolo con él a la par del pesado bolso en el que llevaba incluso dos enormes botellas de gaseosa de refrigerio. Pero recordó que tenía que soltarlo si pretendía entrar con él por aquel bolso, y la negación a hacerlo le hizo pensar en que de hecho, había una solución a aquel problema y recordó las palabras de Sam exactamente después de que lo hubiera llevado con él hasta la sala del cine, al interior, donde estaban los asientos. Y para su fortuna no tuvo que confundir los recuerdos de nadie para olvidar la secuencia por la oscuridad de la sala. Mortificado le medio rogó perdón a su novio, dejando el bolso a un lado y tironeándolo con el rostro preocupado. "Me gustaría caminar de aquí a la sala" decía Sam, y como si hubiera sido a propósito el rubio le transportaba al interior, tan campante. Si Sam enloquecía y arrancaba el techo al desplegar sus alas le hubiera entendido también. De hecho le hubiera provocado mucho trabajo al dejarle con una sala entera de humanos cuyos recuerdos mezclar para que no huyeran diciendo haber visto un ángel, pero le hubiera entendido porque por momentos, aunque aquellas no fueran sus intenciones le salían cosas que molestaban a alguien con tanta tranquilidad.
Amagó darle un beso antes de entrelazar sus manos tras su cintura, para desparramar pequeños besuqueos sobre su mentón, temiendo rozar sus labios y que Sam realmente se hubiera enfadado por lo cual habría rechazado sus mimos ansiosos de perdón. Y por fin habló. -Lo hice sin pensar, nos llevo afuera otra vez si quieres. Creo que hasta podría detener el tiempo unos segundos, Dorian me enseñó el secreto...- Balbuceó con la voz calma, como cada vez que se encontraba con él en aquella situación tan cercana, con los corazones desnudos y la piel tibia rozándose. Más caliente que tibia en Jason, probablemente por su naturaleza que le tenía siempre un par de grados arriba de lo normal. -Juro que esta vez fue intencional...- Dijo con seguridad, y se escuchó a la par en la que Sam le oía, sorprendiéndose de sus propias palabras que sin duda le habían hecho pasar un papelón. -¡Que no fue intencional, que no lo hice porque quería!- Exclamó alborotado llamando la atención de un par de personas cercanas a las que espantó con la mirada, esperando que el arcángel pudiera creer sus verdaderas intenciones y no le condenara a no tenerlo ni siquiera por un rato, porque obviamente sabía que tanto eso podía afectar al otro, poniéndolo revoltoso y lleno de caprichos, a tal punto que alcanzaba a dar risa. -Creo que venden nachos aquí, sé que te gustan, he visto cajas en tu departamento cada que voy...- Recordó al oír la voz de un vendedor de popcorn ofreciendo su mercadería y desapareció de la vista de Sam un momento sin siquiera dejarle responder a aquella insinuación, para aparecer un poco más tarde cargado con un balde similar al de patas de pollo frito, pero lleno de los nachos para Sam, que le ofreció entusiasta callándose la boca por primera vez en largo rato.
Thriller Night || Sam&Jason
Participan: Samuel y Jason
Localización: Cine en las afueras de la ciudad.
Día: Martes por la noche.
Notas generales: Don't hate me.
La duda mantenía alerta a Jason después de la pequeña discusión que había tenido con Sam durante el camino en auto hasta el cine. El sitio estaba bastante desolado, para fortuna de ambos; ninguno era un amante de las multitudes y por eso habían acordado cruzar la ciudad para asistir a la última función del martes, la menos concurrida. La parte buena era que no se trabajaba el miércoles por un feriado inventado por la presidencia fomentando el turismo. Nueva York seguía su ritmo cotidiano a pesar de eso. Ambos tenían la necesidad de un descanso de la rutina agotadora en la que se habían pasado las últimas semanas, y la idea de ver alguna de las películas de terror viejas de las que proponía aquel viejo y espeluznante cine había entusiasmado a Jason cuando Sam lo mencionó, a punto tal que no dejó de insistir en alistarse pronto para llegar a horario.
El primer problema se desarrolló respecto al arsenal de comida que Jason pretendía llevar a la función; papitas a montón, dulces y refrescos ocupaban el bolso de mano que se suponía tendrían que pasar por entre los de seguridad de manera “ilegal” ya que no se permitía consumir cosas que no fueran compradas dentro de aquel sitio. Sam insistía en que podían comprar cosas en el cine para no correr el riesgo de que los descubrieran y los echaran a patadas, y Jason se negaba por completo a “regalarle dinero a esos cerdos que vendían solo porquerías desabridas”. El de ojos verdes propuso entrar por separados entonces, y Sam probablemente hubiera entendido que su terquedad no le haría cambiar de opinión.
Cada tanto, en el viaje, Jason teletransportaba tanto a Sam como al auto y a él unos metros enfrente, por el simple hecho de fastidiar a su novio, lo cual detuvo únicamente para no acabar ambos con mal humor antes de llegar. Pero aún se le hacía extraño no poder utilizar todas sus habilidades a su favor: mientras Sam quería aparentar ser normal de vez en cuando, caminando o andando en bicicleta, Jason siempre parecía encontrar un momento para practicar, con o sin humanos enfrente. Le bastaba confundir sus recuerdos para hacerlos olvidar si algo salía mal, lo cual no le ocurría a menudo. Había pasado tiempo desde aquella vez de sus alas negras emanando de su cuerpo como nuevas, y a decir verdad había aprendido a manejar sus habilidades demoníacas casi a la perfección, a excepción del fuego. Se había quemado un par de veces, por lo que se volvió un poco más cuidadoso a pesar de que su cicatrización también se hubiera tornado instantánea al menos en heridas superficiales.
A Sam le molestaba profundamente que Jason intentara utilizar aquellas habilidades para su propio beneficio, por lo que le miró de reojo desde el volante antes de saltearse un semáforo apareciendo con el auto entre los cinco o seis que venían alcanzándolo para adelantarse al tránsito sin necesidad de parar. Un par de bocinas sonaron en sus oídos antes de que el caído riera y pegara un volantaso brusco hacia la derecha, para aparecerse directamente en el estacionamiento del cine que se apareció frente a sus ojos con letras de neón rojas anunciando la función para la que estaban casi al límite de horario. Que hubiera tantos créditos al inicio dejaba tranquilo a Jay, que antes de oír a su compañero, se bajó de prisa del auto para trasportarse frente a su puerta y abrirla con caballerosidad, haciendo una reverencia divertido para que no le regañara, pidiéndole su mano después para poder caminar juntos hasta la entrada.
También hay días normales || Sam&Jason
Le gustó la reacción de Jason, casi como si hubiese deseado que entrara con cualquier excusa para besarlo y deleitarse en él. Sonrió con los labios rozando los del chico - Ah, pensando - rio entre dientes, divertido por la respuesta que no daba lugar a más replica o conversación. Para él era agradable que Jay tuviera la iniciativa de devorarle la boca, de otro modo se la hubiera pasado jugando al estire y afloja sin llegar a nada. Respondió a tan satisfactorios besos igualando su ritmo al respirar, que no tardaba en acelerar y acortarse, como si además tuvieran que pagar respirando por pasarla tan bien entre besos.
De manera inconsciente dejó escapar un breve “mmm" cuando su novio comenzó con las caricias en el pecho; era una expresión que bien podría haberla articulado mientras leía o pensaba con mucha fuerza, más se trataba de una reacción meramente placentera.
Le devolvió la mirada sin problemas. Nunca podría describir por qué le fascinaba que Jay y él aún conservaran este pequeño juego de a ver quién retira la mirada primero, porque en aquel lapso ambos podían decirse cosas que con palabras no se pueden. Le miró con alegría, por supuesto. Estaba feliz. Se dio el tiempo de acariciarle un costado del rostro con la punta de los dedos. - Jay, acabo de recordar algo - dijo como si nada, ocultando una emoción que no podía explicar, si es que era posible que su corazón albergara más emociones inexplicables, todas con el nombre de Jason grabadas en su cimiento. - Es de un libro - explicó, delineando entonces el hombro y un brazo del chico, siguiendo con la mirada ahí donde sus dedos pasaban. - Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. - enunció con calma, siempre paciente tomándose el tiempo de observar, acariciar con suavidad el cuerpo de Jason.
Cuando se dio cuenta de lo que acababa de hacer (pues lo había hecho en un arranque de sólo dios sabrá qué) se sintió súbitamente apenado e intentó arreglar aquello sonriendo tontamente, como si ya diera por hecho que sacar a relucir textos cuando tienes a tu novio desnudo en una regadera no fuera algo inteligente. - Rayuela - explicó poniendo los ojos en blanco. Antes de enfrentarse a la mirada del chico, le besó brevemente en los labios y le abrazó ocultando el rostro en su cuello. Se estaba bien ahí, pensó. Recordaba bien cómo continuaba el texto que le había comentado momentos antes, y terminaba “y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua." no pudo evitar reír suavemente por la ironía del asunto.
El mero tacto de la piel ajena se le hacía casi doloroso de tan placentero. Se sentía en donde tenía que estar, por primera vez en su existencia. El estar donde pertenecía, donde le necesitaban y apreciaban. ¿Y dónde más podía ser si no era con Sam? Desde que se había hecho realidad, no podía evitar dejar de pensar en un futuro eterno a su lado. Estaba enamorado hasta la médula, hasta lo más profundo de su inmensidad -ya no tan- celestial. Continuó acariciándolo una vez que logró separar el roce del rostro de Sam sobre su cuello, desprendiendo más sus botones hasta dejar su pecho completamente a merced de sus manos aún mientras lo oía. Una sonrisa se dibujaba en su boca a medida que escuchaba sus palabras, como caricias para su interior, y aún repartía suaves besos por su piel entera, subiendo hasta su cuello lentamente para avanzar sobre él, donde con gusto, aún dejando que sus pulgares hicieran suaves caricias sobre su cintura, recitó parte de la continuación besuqueándolo, rozando con sus labios el lóbulo de su oreja.
-"Las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella."- Completó Jason, con la voz suave, como el mismísimo poema, entremezclando su respiración en las palabras, y paralelamente terminando frente a su rostro justo cuando su boca callaba, para volver a besarlo exactamente como en la descripción, acariciando su cabello y hundiendo sus dedos en él para tenerlo aún más cerca cuando sus bocas comenzaban otra vez una lucha donde ambos ganaban ampliamente, donde su pureza y su sombra se mezclaban creando esa perfecta combinación que les hacía quienes eran. Exactamente quienes eran el uno con el otro. Mordisqueó su labio inferior como si se hubiera tratado de una golosina, estirándolo con firmeza para soltarlo y volver a atrapar su boca, absorber su aire. No pudo evitar pensar qué tanto podía seguir enamorándose de Sam, que siempre acababa sorprendiéndole una y otra vez con aquellos arranques en los que sentía morir frente a sus palabras. Sentía derretirse, bañarse a fuego lento.
Extendió la tela mojada por sobre los hombros de Sam, queriéndolo liberar de la misma, terminando por dejar caer su camisa sobre los azulejos blancos del suelo y rodeando su cintura con sus brazos, sin dejar de atender su mentón y el inicio de su cuello con pequeños besos que continuaba desperdiciando sin preocuparse por las sobras. Se sentía en mayor confianza una vez que aquel libro les dejaba un momento así de íntimo pasar desapercibido. Era como si de alguna extraña manera, aquel intercambio fuera algo muy suyo, de ambos, que no se hubiera dado entre uno de los dos con un tercero. Al menos eso quería creer antes de que los celos de tan solo imaginarlo, invadieran su cuerpo, tensionandolo brevemente. La sola imagen de Samuel con alguien más, real o imaginario, alteraban su tranquilidad, provocaban esos sentimientos de ira y dolor que le obligaban a ponerse destructivo con lo que le rodeara. Y se interrumpió a sí mismo para expresar aquel pánico que sintió durante un momento, tan punzante y macabro. -Nunca te alejes de mí...- Más bien le pidió al arcángel, con seriedad, notando la dependencia que había creado por tenerlo consigo de aquel modo. Posesivo y pasional, volvió a besarlo, con más energía, con más autoritarismo, quizás en un pequeño arrebato en el que clamaba un "Eres mío y de nadie más" que necesitaba asegurar. Pero sonrió al separarse, con más calma, tocando sus propios codos en el abrazo con el que sostenía a Sam contra su pecho, y el agua tibia, más bien caliente, continuaba empapandolos a los dos bajo la ducha.
Esa capacidad intelectual de Sam le impresionaba y le gustaba muchísimo. Volvió a repetir las palabras en su mente, con la voz ajena, y nunca le había dado tanto sentido a otro texto. Entonces todos los libros que alguna vez había leído en el que los sujetos morían por amor, se le hicieron entendibles, y de hecho de seguro los releería, porque tendrían más sentido que nunca entonces que su corazón tenía un verdadero por el cual seguir galopante en su pecho además de su propia supervivencia. Porque esa vida, su propia vida, comenzaba a tener sentido.
Emocionado y alterado, ¿Quizá? No sé. Quiero verte. ¡Ven a mí! :)
Eso suena como un trabajo para...
Sam... Maldita sea, ¿Dónde te metes? He vuelto a comerme las últimas tres temporadas de Ben 10 mientras tanto. No me dejes solo con el televisor...
Estaré allí en un parpadeo.
También hay días normales || Sam&Jason
Aquello se le antojó sumamente hilarante - Tal vez me gustaría conservar ése pensamiento tuyo ahí presente -. sonrió de manera pícara, siempre entretenido con las variadas reacciones que Jason tenía frente a él. Le gustaba descubrir qué clase de cosas podía hacerle sentir o decir. El contacto con la mano del chico le provocaba una sensación de cosquilleo en la piel. Pensó que era casi gracioso, porque seguramente los humanos también lo sentían así. Pero era mucho más que eso. Él era un ángel, tenía una visión apartada del resto. Y ninguna otra experiencia; terrenal o espiritual podía siquiera compararle al toque de su novio. Sonrió instantáneamente. Sí, ya podía llamarle suyo, su novio, su compañero, su alma.
Le observó partir, entretenido por sus reacciones y la manera en que se movía. - Lo haré - afirmó, aunque en ése instante solamente lo decía para regocijarse con el rubor de las orejas del chico y el saberse un tanto poderoso respecto a los deseos de éste. Sin embargo, una vez no lo tuvo enfrente y escuchó el agua caer, invariablemente se preguntó a sí mismo si realmente lo haría. Para Sam el sexo no resultaba un tema escandaloso. Siempre lo había visto como un acto magnífico y sumamente satisfactorio. Aún así, no estaba seguro que Jason hubiese intentado hacer algo con un hombre antes, si acaso le resultaría igual de placentero que a Sam, o si estaba listo ya para ello. Quizá el chico deseara un entorno diferente para experimentarlo. Se sintió confuso. Elevó ambas manos hasta su rostro, tomando asiento en una banquilla. Inhaló y exhaló varias veces, más por costumbre tranquilizadora que por que realmente lo necesitara. Su misma naturaleza le decía que apresurar las cosas era de humanos. Que sólo un humano sería impulsivo y no aguardaría a tener una conversación racional al respecto. Pero, ¿Acaso el amor era racional? Sam conocía bien el campo, y entendía muy bien que una buena parte del amor se debía a la convicción, no a a la elocuencia. Supo responder entonces la pregunta, cuya respuesta por supuesto era sí.
Dejó pasar entonces los minutos, hasta que supuso que ya habían pasado de diez. Se quitó el suéter y los zapatos antes de entrar adonde Jason estaba. Le observó unos segundos, él estaba de cara al agua con los ojos cerrados; una gran sonrisa recorrió los labios de Sam. ¿Y qué más daba si se dejaba llevar por un impulso? Lo amaba, y él lo amaba, y eso no iba a cambiar por el frenesí del cuerpo. Se le acercó con cuidado al oído. - Te has tardado, Jay -. murmuró, acariciando con ambas manos la superficie de la espalda del chico, como si le diera un masaje.
El roce de las manos de Sam por su espalda le hizo erizar la piel entera, tan suave, tan apetecible. Había oído sus suaves pisadas haciendo apartarse las gotas de agua que llegaban hasta la ducha por el frío cerámico del suelo. El vapor inundaba el baño por completo y había estado tan... Ocupado, que no se había dado cuenta de los minutos que habían pasado. Aquellos roces y todas las cosas que habían pasado por su mente hasta apenas segundos atrás cobraban forma. Y su cuerpo relativamente humano reflejaba aquella excitación más que bien. Relamió sus labios aún bajo el agua y se giró con suavidad para observar a Sam de frente, deslizando una de sus manos por la parte trasera de su cuello hasta alcanzar su nuca y atraerlo a él, a sus labios que lo buscaron con desesperación dejándose entrar en los ajenos para desacelerar el ritmo a los primeros roces. Esa calma infinita que el arcángel le provocaba siempre frenaba esos impulsos bruscos que por momentos lo dominaban y parecían acabar con la tranquilidad que les rodeaba cuando estaban juntos. Aún así se medio sonrió todavía sobre su boca y tomó el pecho de su camisa para meterlo bajo el agua con él, provocando que por su ropa el agua comenzara a escurrirse, infiltrándose, amenazante con tocar la piel del más alto. -Estaba... Pensando...- Susurró Jason, tomando entonces la boca de Samuel con un amplio apetito, delineando su labio inferior con la lengua de modo tal en el que acabó jugueteando con él entre sus labios, succionando para que aquella sensación carnosa se apoderara de su sentido del gusto, disfrutando del agua tibia que los alcanzaba a los dos.
Pasó su mano izquierda por el pecho de Sam, recorriéndolo hasta su cintura, donde hizo un alto para volver a subir por su abdomen llegando al inicio de aquella camisa, jugueteando con los primeros botones, que desprendió con facilidad mientras rozaba su cuello con los dedos. Volvió a sus labios entonces, buscando su mirada, la cual necesitaba para asegurarse de que era él, de que realmente podía ser que estaba con él, el objeto de su más grande deseo que había opacado todo lo anterior que podía haber vivido. Sabía que entonces era real, que lo amaba, que no necesitaba nada más para sentirse así de vivo, así de bien. Se sentía agradecido de tener a Sam con él y de poder hacer todo para hacerlo sentir igual de bien a como él lo hacía. Y el placer físico era la segunda sensación más intensa que conocía después de amar a Sam... ¿Por qué no hacer la prueba? Las palabras probablemente hubieran sobrado de haberlo intentado, a pesar de que Jason solía basarse mucho en ellas para conseguir lo que quería, entonces no se trataba solo de lo que él quería, sino de lo que ambos estuvieran de acuerdo en hacer. -Eres espantosamente irresistible...- Balbuceó Jason entregando sus manos a acariciar la espalda de Sam justo sobre su piel, colándolas por debajo de su ropa para deleitar su tacto ante su espalda bien formada, amplia, tibia, con la sangre alborotada corriendo por sus venas, debajo de su piel. No era la primera vez que estaba con un chico, alguien de forma masculina, pero claro que no había tenido un trato así con nadie más, y tampoco podía recordar haberlo deseado tanto alguna otra vez. El sexo era mera diversión para el caído desde que podía recordar, pero comenzaba a transformarse y entonces lo veía más bien como un acto de amor, solo con su Sam, porque nadie más hubiera despertado tantas cosas en él como aquel ser lo hacía. Le daba la impresión de que cada que lo besaba sus almas estaban un poco más cerca, en ese contacto que los podía mantener aún más unidos, y pensando en eso, creía que algo todavía más íntimo podía provocarles de esas sensaciones que no se pueden describir de lo fabulosas. Necesitaba un consentimiento de su parte y desataría su lado más fogoso con él sin pensarselo dos veces si lo obtenía. Tampoco pretendía un pleno acto de sexo en medio de las duchas, pero la momentánea necesidad de ver a Sam reaccionando ante sus besos y sus manos le estaba prácticamente quemando por dentro.
Jason, Jason, Jason... quiero decirte algo.
Suenas emocionado o...Alterado, ¿Pasó algo?
...
Esto de ser bueno es más difícil de lo que parece.
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Carta a BJ;
Viejo amigo, mi primer amigo en estas tierras perdidas. El único, el más sincero, el más real. Has sido el mejor amigo de todos, también fuiste como un padre, un hermano, un profesor; me enseñaste más que nadie en este mundo. En mi regreso a este mundo.
Me siento más mierda que de costumbre al darme cuenta de que ha pasado tiempo y yo no he visto tu rostro en tantos años, que ni siquiera me enteré de tu situación, que no estaba enterado de nada. Y sé que sabes que yo no escribo, ni lloro. Pero esta es la excepción. No pude despedirme, y me duele una parte del alma, lo cual se refleja en mi cuerpo. Pero sé bien que no te gustaría verme de este modo. Y por eso, escribo, me despido, aquí, en un papel que será el único que se entere de cuanto dolor me causa despedirme de tí.
¿Sabes? Aún recuerdo cuando me encontraste en el depósito tras la vieja pizzería. Por algo Dios me envió contigo, y creo que es el único motivo por el cual hoy día siento algo de respeto por él. Me sentía lleno de ira, de temor, de desconcierto. Y me dijiste "Levántate, idiota, estás aplastando mi mejor saco de harina". Me explicaste que también eras un ángel, un renegado, me dijiste todo lo que podía hacer, me hablaste de responsabilidades, de poder, de tantas cosas que me aterraron. Me dijiste tu verdadero nombre; Jofiel. Y supe que alguna vez había oído sobre tí. Cuando era humano, mi abuela siempre te alababa. Recuerdo haber sido un niño y oírla hablar de que siempre le ayudabas a encontrar claridad. Que tu voz era calma y familiar. Y lo comprobé al conocerte. No mentía. Siempre fuíste la voz de mi razón.
Ya te extraño, hermano. He estado ocupado, pero no es razón para haberme alejado tanto. Tanto a tal punto que... Jamás volveré a verte. Y, está bien. No estás muerto, pero tu tiempo en la tierra acabó y eso significa que jamás volveré a sentir tu luz iluminarme porque tú no regresarás aquí a la tierra, y yo jamás podré regresar al cielo. Sé que soy yo quien decidió quedarse por siempre en la oscuridad, traicionar a mis hermanos, quedarme junto a Lucifer. Pero era mi destino. Sé que hay algo malo dentro de mí, algo que aún no descubro del todo, y quizás es porque siempre me rodeé de gente como tú. Gente buena. Gente, seres, como quieras.
¿Recuerdas a Sam? Mi buen amigo, el que conociste en la pizzería. Sé que lo viste en mis ojos, cuanto lo amo. Resultó ser que tenías razón y todos podemos amar. Porque lo amo, con todas mis fuerzas, y jamás quiero alejarme de él. Le pedí que fuera mi novio hace ya... No sé. Fueron apenas un par de semanas más después de que lo conocieras tú. Ha pasado tiempo, y mis sentimientos solo crecen día a día. He estado seguro desde siempre que es esa persona con la que quiero pasar el resto de la eternidad. Hemos tenido un par de problemas, en realidad porque él tenía un hermano, ¿Me sigues? Sam estaba a cargo de él, era su ángel guardián, y el chico murió. Luego cuando llegó al cielo, supo que Sam le había mentido y que en realidad era un ángel y se sintió traicionado, así que se ocultó de él a pesar de que Sam le buscó como loco por todo el mundo. El problema es que yo lo descubrí. Y tuve que cargar esa mierda, esa puta mentira durante un tiempo bastante largo. Sam aún está molesto por que le mentimos. Yo, ni sé porque mierda lo hice, quiero decir... Debí preguntarte. Tú hubieras sabido que hacer. El hecho es que Jake es un hijo de puta y algún día voy a molerlo a golpes cuando Sam no me vea. Pedazo de idiota.
Bueno pero voy a saltearme mis problemas de pareja diciendo te que el sexo todo lo arregla. TODO LO ARREGLA, absolutamente todo. No es novedad pero, sé que siempre te intrigó eso, ya sabes, de qué van dos cuerpos masculinos. Te diré que es lo mejor que existe y que deberías intentarlo. Volviendo a qué mierda pasó conmigo, ¿Sabes que conseguí trabajo en la policía? Esos que van cuando la acción ya acabó, a recoger trozos de cuerpos e investigar la escena del crimen. Soy bueno en esa mierda, poco impresionable y no demoro mucho en encontrar una respuesta. Dicen que podrían darme un ascenso pero me gusta lo que hago. No podría comportarme tan bien estando lejos de cosas violentas a diario. Creo que aún mantengo esa violencia algo reprimida. Pero, yo que sé. Admito que de vez en cuando provoco un par de explosiones y cosas bien lejos de todo para liberar tensión. El sexo también libera tensión.
Pero, al final de cuentas. No sé que tan malo es ser bueno. Y no sé que tan bueno es ser malo. Siento que estoy en medio de lo que soy y lo que aún no descubro querer ser. Porque, siendo sincero. No quiero ser bueno. No quiero regirme por las leyes ridículas de alguien que jamás me dió una explicación de qué pasó con mi vida, por qué nadie me recordaba, por qué de repente solo me olvidaron, por qué mi vida significó tan poco para todos. Pero tampoco podría vivir como antes, sangre, muerte, sexo con medio mundo. Me siento más centrado hoy día. Pero aún no me encuentro a mí mismo, BJ, y tengo miedo de no poder con esto. Porque no olvidé contarte esto, más bien me lo guardé para el final. Adoptamos una niña. Una niña preciosa, la más hermosa de todas. Y no tuvo que haber panzas de embarazo de por medio, ¿No es genial? Si pudieras verla... Creeme que también la amarías como yo, como Sam. ¿Seré un buen padre? Sam dice que sí, pero que la malcrío demasiado y se volverá caprichosa. Pero, ¿No se merece todo, acaso? Es una niña hermosa, inteligente, y está llena de vida.
Quisiera invitarte una cerveza, o un whisky, sé que prefieres el whisky, y poder presentarte a mi familia. Ellos son mi familia ahora que no te tengo. Pero, sé me escuchas, tienes que hacerlo. Tienes que hacerlo esta vez al menos. donde me arrepiento una vez más de no haberte dicho todo esto en persona. Aunque te juro que mi alma se siente mejor ahora que lo saco de adentro. Cuídate, hermano, cuídate mucho y no dejes de ser ese que se equivoca los nombres de la gente y que maldice a quienes comen comida chatarra. Por cierto, BJ's pizza se está hundiendo. ¿Crees que Johnny puede hacer las pizzas como tú? Haz algo si no quieres ver a todos en la miseria en un par de meses. Prometo dar una mano si sigues presente en alguien más, además de nuestros recuerdos.
Y prometo seguir tu consejo, ese que siempre repetías hasta el cansancio. Camina a paso firme, no te apures, que así siempre llegarás a tu destino. Creo que ya estoy cerca de él.
Hasta siempre, hermano. Gracias.
Jimmy
ooc.
Yo que me muero por hacer el self de Jason y Anto que nos deja colgadas con Ali sin saber que hacer de nuestras vidas porque es un hueco sin saber lo del hermano de Sam, y y y y... Y....