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Make Me Choose— Robert Downey Jr or Ben Barnes
… And I say ‘Uh!’ before everything, every sentence.
Uh! My name’s Ben Barnes.
Thriller Night || Sam&Jason
Participan: Samuel y Jason
Localización: Cine en las afueras de la ciudad.
Día: Martes por la noche.
Notas generales: Don’t hate me.
La duda mantenía alerta a Jason después de la pequeña discusión que había tenido con Sam durante el camino en auto hasta el cine. El sitio estaba bastante desolado, para fortuna de ambos; ninguno era un amante de las multitudes y por eso habían acordado cruzar la ciudad para asistir a la última función del martes, la menos concurrida. La parte buena era que no se trabajaba el miércoles por un feriado inventado por la presidencia fomentando el turismo. Nueva York seguía su ritmo cotidiano a pesar de eso. Ambos tenían la necesidad de un descanso de la rutina agotadora en la que se habían pasado las últimas semanas, y la idea de ver alguna de las películas de terror viejas de las que proponía aquel viejo y espeluznante cine había entusiasmado a Jason cuando Sam lo mencionó, a punto tal que no dejó de insistir en alistarse pronto para llegar a horario.
El primer problema se desarrolló respecto al arsenal de comida que Jason pretendía llevar a la función; papitas a montón, dulces y refrescos ocupaban el bolso de mano que se suponía tendrían que pasar por entre los de seguridad de manera “ilegal” ya que no se permitía consumir cosas que no fueran compradas dentro de aquel sitio. Sam insistía en que podían comprar cosas en el cine para no correr el riesgo de que los descubrieran y los echaran a patadas, y Jason se negaba por completo a “regalarle dinero a esos cerdos que vendían solo porquerías desabridas”. El de ojos verdes propuso entrar por separados entonces, y Sam probablemente hubiera entendido que su terquedad no le haría cambiar de opinión.
Cada tanto, en el viaje, Jason teletransportaba tanto a Sam como al auto y a él unos metros enfrente, por el simple hecho de fastidiar a su novio, lo cual detuvo únicamente para no acabar ambos con mal humor antes de llegar. Pero aún se le hacía extraño no poder utilizar todas sus habilidades a su favor: mientras Sam quería aparentar ser normal de vez en cuando, caminando o andando en bicicleta, Jason siempre parecía encontrar un momento para practicar, con o sin humanos enfrente. Le bastaba confundir sus recuerdos para hacerlos olvidar si algo salía mal, lo cual no le ocurría a menudo. Había pasado tiempo desde aquella vez de sus alas negras emanando de su cuerpo como nuevas, y a decir verdad había aprendido a manejar sus habilidades demoníacas casi a la perfección, a excepción del fuego. Se había quemado un par de veces, por lo que se volvió un poco más cuidadoso a pesar de que su cicatrización también se hubiera tornado instantánea al menos en heridas superficiales.
A Sam le molestaba profundamente que Jason intentara utilizar aquellas habilidades para su propio beneficio, por lo que le miró de reojo desde el volante antes de saltearse un semáforo apareciendo con el auto entre los cinco o seis que venían alcanzándolo para adelantarse al tránsito sin necesidad de parar. Un par de bocinas sonaron en sus oídos antes de que el caído riera y pegara un volantaso brusco hacia la derecha, para aparecerse directamente en el estacionamiento del cine que se apareció frente a sus ojos con letras de neón rojas anunciando la función para la que estaban casi al límite de horario. Que hubiera tantos créditos al inicio dejaba tranquilo a Jay, que antes de oír a su compañero, se bajó de prisa del auto para trasportarse frente a su puerta y abrirla con caballerosidad, haciendo una reverencia divertido para que no le regañara, pidiéndole su mano después para poder caminar juntos hasta la entrada.
La cuenta mental que Sam mantenía había llegado a mil cuatrocientos sesenta y tres antes de rodar los ojos y dirigir una mirada asesina a sus zapatos, firmes como el resto de su cuerpo dentro del automóvil. Se alegró que los caídos no tuvieran la habilidad de leer la mente, pues su novio habría averiguado que el método de cuenta hasta que el enojo se pase lo había visto en una película de disney, lo cual, si bien no se alejaba de sus actitudes inocentes, podría ser centro de bastantes bromas por parte del rubio. Seguía enfadado por el asunto de meter comida de contrabando al cine, además, ¡Acababan de cenar!, no le parecía un comportamiento adecuado. Y si bien su novio no era quien para obedecer a leyes esenciales de allá arriba, Sam pensaba que aceptar un par de reglas mundanas no le haría daño. Además (y claro que ésto no lo había dicho en voz alta) las frituras no se comparaban a los nachos del cine. En fin.
Cada vez que Jason hacía aquello de avanzar con el teletransporte formaba una línea con los labios y fijaba su vista en otro lugar. Era innecesario. Sam recordaba muy bien la razón por la cual éste talento en particular le resultaba tan mortificante: Una mañana mientras se rasuraba aquellos indicios de una barba Jason se había teleportado justo detrás de él, ocasionando un momento engorroso que terminó en un ángel ruborizado gritando ¡PARA ESO EXISTEN LAS PUERTAS! De todas formas, no era capaz de atribuir las travesuras del ángel caído a una especie de maldad oculta, sobre todo cada vez que alguna discusión acababa en risas y besos.
- De todas formas vamos a llegar, Jay. No seas ansioso. - se quejó con el siguiente avance. Pero justo cuando retomaba la cuenta mental Jay dio un volantazo que le dejó boquiabierto y a punto de salir del auto adoptando su forma celestial para exclamar por todos los aires que más valía que el alma de cuya mente hubiese salido la idea de crear la rueda iba a sucumbir a una lenta tortura. Antes de cometer alguna locura en un arranque de ira, el otro ya se había bajado y ofrecido una mano. No la tomó, pero tampoco le miró de mala gana. - Me gustaría caminar de aquí a la sala, sí gracias - comentó en un tono que dejaba ver que más valía tener ésos cinco minutos de tranquilidad.
Photoshop art. Because Ben Barnes is gawjus :P And with shadow wings? He makes a purdy angel
destiel kisses
by *Life-Writer
También hay días normales || Sam&Jason
El mero tacto de la piel ajena se le hacía casi doloroso de tan placentero. Se sentía en donde tenía que estar, por primera vez en su existencia. El estar donde pertenecía, donde le necesitaban y apreciaban. ¿Y dónde más podía ser si no era con Sam? Desde que se había hecho realidad, no podía evitar dejar de pensar en un futuro eterno a su lado. Estaba enamorado hasta la médula, hasta lo más profundo de su inmensidad -ya no tan- celestial. Continuó acariciándolo una vez que logró separar el roce del rostro de Sam sobre su cuello, desprendiendo más sus botones hasta dejar su pecho completamente a merced de sus manos aún mientras lo oía. Una sonrisa se dibujaba en su boca a medida que escuchaba sus palabras, como caricias para su interior, y aún repartía suaves besos por su piel entera, subiendo hasta su cuello lentamente para avanzar sobre él, donde con gusto, aún dejando que sus pulgares hicieran suaves caricias sobre su cintura, recitó parte de la continuación besuqueándolo, rozando con sus labios el lóbulo de su oreja.
-"Las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella."- Completó Jason, con la voz suave, como el mismísimo poema, entremezclando su respiración en las palabras, y paralelamente terminando frente a su rostro justo cuando su boca callaba, para volver a besarlo exactamente como en la descripción, acariciando su cabello y hundiendo sus dedos en él para tenerlo aún más cerca cuando sus bocas comenzaban otra vez una lucha donde ambos ganaban ampliamente, donde su pureza y su sombra se mezclaban creando esa perfecta combinación que les hacía quienes eran. Exactamente quienes eran el uno con el otro. Mordisqueó su labio inferior como si se hubiera tratado de una golosina, estirándolo con firmeza para soltarlo y volver a atrapar su boca, absorber su aire. No pudo evitar pensar qué tanto podía seguir enamorándose de Sam, que siempre acababa sorprendiéndole una y otra vez con aquellos arranques en los que sentía morir frente a sus palabras. Sentía derretirse, bañarse a fuego lento.
Extendió la tela mojada por sobre los hombros de Sam, queriéndolo liberar de la misma, terminando por dejar caer su camisa sobre los azulejos blancos del suelo y rodeando su cintura con sus brazos, sin dejar de atender su mentón y el inicio de su cuello con pequeños besos que continuaba desperdiciando sin preocuparse por las sobras. Se sentía en mayor confianza una vez que aquel libro les dejaba un momento así de íntimo pasar desapercibido. Era como si de alguna extraña manera, aquel intercambio fuera algo muy suyo, de ambos, que no se hubiera dado entre uno de los dos con un tercero. Al menos eso quería creer antes de que los celos de tan solo imaginarlo, invadieran su cuerpo, tensionandolo brevemente. La sola imagen de Samuel con alguien más, real o imaginario, alteraban su tranquilidad, provocaban esos sentimientos de ira y dolor que le obligaban a ponerse destructivo con lo que le rodeara. Y se interrumpió a sí mismo para expresar aquel pánico que sintió durante un momento, tan punzante y macabro. -Nunca te alejes de mí…- Más bien le pidió al arcángel, con seriedad, notando la dependencia que había creado por tenerlo consigo de aquel modo. Posesivo y pasional, volvió a besarlo, con más energía, con más autoritarismo, quizás en un pequeño arrebato en el que clamaba un “Eres mío y de nadie más" que necesitaba asegurar. Pero sonrió al separarse, con más calma, tocando sus propios codos en el abrazo con el que sostenía a Sam contra su pecho, y el agua tibia, más bien caliente, continuaba empapandolos a los dos bajo la ducha.
Esa capacidad intelectual de Sam le impresionaba y le gustaba muchísimo. Volvió a repetir las palabras en su mente, con la voz ajena, y nunca le había dado tanto sentido a otro texto. Entonces todos los libros que alguna vez había leído en el que los sujetos morían por amor, se le hicieron entendibles, y de hecho de seguro los releería, porque tendrían más sentido que nunca entonces que su corazón tenía un verdadero por el cual seguir galopante en su pecho además de su propia supervivencia. Porque esa vida, su propia vida, comenzaba a tener sentido.
No esperaba que Jason respondiera con el resto de la oración, pero el hecho de que la tuviera tan bien memorizada como él le llenó de alegría, y pasó ambos brazos a los hombros del chico en un abrazo que pretendía acercarlo más. El agua le daba parcialmente a la cara, aunque no le daba importancia considerando todo lo demás, y el hecho de que había cerrado los ojos para poder atesorar el momento. Se dio cuenta que el tono de voz de Jason era distinto conforme enunciaba las frases a otras ocasiones. Distaba de ser el mismo tono que había adoptado en su primera cita en la pizzería, o cuando daba su punto de vista durante las reuniones del club de poesía en la biblioteca. Por supuesto, tampoco se parecía a la manera en que le hablaba cuando estaban a solas gozando de la compañía del otro; era un tono nuevo, más grave y profundo y que ocasionó una peculiar reacción en Sam, un remolino atormentado en la boca del estómago y un calor para nada familiar que parecía ensanchar su corazón. Se sabía las palabras de memoria al igual que él, y jamás habría adivinado lo mucho que disfrutaba escucharlas en su boca. Era como si nunca antes las hubiese leído.
Lo besó y sentía sus manos, y cuando no las sentía se lamentaba un poco por no tenerlas sobre su piel. Acarició a su vez el torso de su novio, recorriendo toda su extensión. No podía compensar la pasión de Jason con furia, como quizá era adecuado, si no que le besaba con ternura; y una curiosa ansiedad. Ni siquiera recordaba que aún estaba vestido hasta que escuchó caer su camisa. Intentó recordar el momento donde los botones habían sido desabrochados, aunque al final decidió que poco le importaba. Con una mano aferró el cabello de Jason mientras comenzaba a explorar el cuello ajeno. Y estaba tan concentrado en las novedades de su cuerpo humano y todo lo que compartía con Jason que no pudo evitar sorprenderse con sus palabras. Pensó que aquello era un tanto... ¿Ridículo? No tenía motivos para hacerle un lado, y aunque existieran, jamás habría una sola cosa que convenciera al arcángel que separarse de él era algo bueno, y que partiera un rayo a todos aquellos que intentaran arrebatárselo.
Juntó su frente con la del chico, sonriendo. - No lo haré - aseguró con sinceridad, antes prefería arrancarse él mismo las alas y la gracia y todo lo que lo hacía inmortal. Recibió y contestó a su arrebato pasional de buena gana, como afirmándole que en efecto, aquí era su lugar. Pero una vez se detuvo le abrazó, pecho desnudo contra pecho desnudo y suspiró. Se la había pasado años enteros dedicado a las secas y maravillosas hojas de los libros y sabía distinguir muchas cosas. Pero Jason había sido la mejor sorpresa. Nunca se esperó haber causado tanta impresión en alguien como para que se diera a la tarea de hacerle feliz incluso antes de que él supiera quién era. Pensó que era muy afortunado. Le dio el más dulce de los besos antes de mirarle a los ojos y decirle - Te amo - ladeó el rostro a pocos segundos para besarle el cuello y el pecho y volver a sus labios. Escuchaba algo de ruido a pocos metros de él, supuso que serían los otros chicos. - Tal vez deberíamos salir de aquí - comentó aletargado. Lo que quería decir era que mejor continuaran en privado. Además, aún quería pasar el resto de la tarde con él.
También hay días normales || Sam&Jason
El roce de las manos de Sam por su espalda le hizo erizar la piel entera, tan suave, tan apetecible. Había oído sus suaves pisadas haciendo apartarse las gotas de agua que llegaban hasta la ducha por el frío cerámico del suelo. El vapor inundaba el baño por completo y había estado tan… Ocupado, que no se había dado cuenta de los minutos que habían pasado. Aquellos roces y todas las cosas que habían pasado por su mente hasta apenas segundos atrás cobraban forma. Y su cuerpo relativamente humano reflejaba aquella excitación más que bien. Relamió sus labios aún bajo el agua y se giró con suavidad para observar a Sam de frente, deslizando una de sus manos por la parte trasera de su cuello hasta alcanzar su nuca y atraerlo a él, a sus labios que lo buscaron con desesperación dejándose entrar en los ajenos para desacelerar el ritmo a los primeros roces. Esa calma infinita que el arcángel le provocaba siempre frenaba esos impulsos bruscos que por momentos lo dominaban y parecían acabar con la tranquilidad que les rodeaba cuando estaban juntos. Aún así se medio sonrió todavía sobre su boca y tomó el pecho de su camisa para meterlo bajo el agua con él, provocando que por su ropa el agua comenzara a escurrirse, infiltrándose, amenazante con tocar la piel del más alto. -Estaba… Pensando…- Susurró Jason, tomando entonces la boca de Samuel con un amplio apetito, delineando su labio inferior con la lengua de modo tal en el que acabó jugueteando con él entre sus labios, succionando para que aquella sensación carnosa se apoderara de su sentido del gusto, disfrutando del agua tibia que los alcanzaba a los dos.
Pasó su mano izquierda por el pecho de Sam, recorriéndolo hasta su cintura, donde hizo un alto para volver a subir por su abdomen llegando al inicio de aquella camisa, jugueteando con los primeros botones, que desprendió con facilidad mientras rozaba su cuello con los dedos. Volvió a sus labios entonces, buscando su mirada, la cual necesitaba para asegurarse de que era él, de que realmente podía ser que estaba con él, el objeto de su más grande deseo que había opacado todo lo anterior que podía haber vivido. Sabía que entonces era real, que lo amaba, que no necesitaba nada más para sentirse así de vivo, así de bien. Se sentía agradecido de tener a Sam con él y de poder hacer todo para hacerlo sentir igual de bien a como él lo hacía. Y el placer físico era la segunda sensación más intensa que conocía después de amar a Sam… ¿Por qué no hacer la prueba? Las palabras probablemente hubieran sobrado de haberlo intentado, a pesar de que Jason solía basarse mucho en ellas para conseguir lo que quería, entonces no se trataba solo de lo que él quería, sino de lo que ambos estuvieran de acuerdo en hacer. -Eres espantosamente irresistible…- Balbuceó Jason entregando sus manos a acariciar la espalda de Sam justo sobre su piel, colándolas por debajo de su ropa para deleitar su tacto ante su espalda bien formada, amplia, tibia, con la sangre alborotada corriendo por sus venas, debajo de su piel. No era la primera vez que estaba con un chico, alguien de forma masculina, pero claro que no había tenido un trato así con nadie más, y tampoco podía recordar haberlo deseado tanto alguna otra vez. El sexo era mera diversión para el caído desde que podía recordar, pero comenzaba a transformarse y entonces lo veía más bien como un acto de amor, solo con su Sam, porque nadie más hubiera despertado tantas cosas en él como aquel ser lo hacía. Le daba la impresión de que cada que lo besaba sus almas estaban un poco más cerca, en ese contacto que los podía mantener aún más unidos, y pensando en eso, creía que algo todavía más íntimo podía provocarles de esas sensaciones que no se pueden describir de lo fabulosas. Necesitaba un consentimiento de su parte y desataría su lado más fogoso con él sin pensarselo dos veces si lo obtenía. Tampoco pretendía un pleno acto de sexo en medio de las duchas, pero la momentánea necesidad de ver a Sam reaccionando ante sus besos y sus manos le estaba prácticamente quemando por dentro.
Le gustó la reacción de Jason, casi como si hubiese deseado que entrara con cualquier excusa para besarlo y deleitarse en él. Sonrió con los labios rozando los del chico - Ah, pensando - rio entre dientes, divertido por la respuesta que no daba lugar a más replica o conversación. Para él era agradable que Jay tuviera la iniciativa de devorarle la boca, de otro modo se la hubiera pasado jugando al estire y afloja sin llegar a nada. Respondió a tan satisfactorios besos igualando su ritmo al respirar, que no tardaba en acelerar y acortarse, como si además tuvieran que pagar respirando por pasarla tan bien entre besos.
De manera inconsciente dejó escapar un breve "mmm" cuando su novio comenzó con las caricias en el pecho; era una expresión que bien podría haberla articulado mientras leía o pensaba con mucha fuerza, más se trataba de una reacción meramente placentera.
Le devolvió la mirada sin problemas. Nunca podría describir por qué le fascinaba que Jay y él aún conservaran este pequeño juego de a ver quién retira la mirada primero, porque en aquel lapso ambos podían decirse cosas que con palabras no se pueden. Le miró con alegría, por supuesto. Estaba feliz. Se dio el tiempo de acariciarle un costado del rostro con la punta de los dedos. - Jay, acabo de recordar algo - dijo como si nada, ocultando una emoción que no podía explicar, si es que era posible que su corazón albergara más emociones inexplicables, todas con el nombre de Jason grabadas en su cimiento. - Es de un libro - explicó, delineando entonces el hombro y un brazo del chico, siguiendo con la mirada ahí donde sus dedos pasaban. - Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. - enunció con calma, siempre paciente tomándose el tiempo de observar, acariciar con suavidad el cuerpo de Jason.
Cuando se dio cuenta de lo que acababa de hacer (pues lo había hecho en un arranque de sólo dios sabrá qué) se sintió súbitamente apenado e intentó arreglar aquello sonriendo tontamente, como si ya diera por hecho que sacar a relucir textos cuando tienes a tu novio desnudo en una regadera no fuera algo inteligente. - Rayuela - explicó poniendo los ojos en blanco. Antes de enfrentarse a la mirada del chico, le besó brevemente en los labios y le abrazó ocultando el rostro en su cuello. Se estaba bien ahí, pensó. Recordaba bien cómo continuaba el texto que le había comentado momentos antes, y terminaba "y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua." no pudo evitar reír suavemente por la ironía del asunto.
También hay días normales || Sam&Jason
Le encantaba sentir aquellos latidos acelerados de Sam incrementarse en su pecho. Le volvía loco pensar que él era el culpable de ello. Quería volver a besarlo cincuenta veces más y estrecharlo entre sus brazos, sentirlo más suyo que nunca, mencionar lo bien que le hacía tenerlo tan cerca. Y no pudo evitar el robarle un pequeño beso más antes de separarse del todo. Prisa, hablaba de no tener prisa, pero él si tenía prisa si de amarle se trataba. Sonrió ante sus palabras, era perfecto como él creía y aún más. Le gustaba cada detalle suyo, cada mínima cosa que los demás no apreciaban, y que incluso Sam no apreciaba de él mismo, como ese lunar sobre su pómulo o la perfecta curva de su sonrisa, el movimiento de su cabello y su balanceo al andar, o el breve silencio antes de su risa. Quería memorizarlo entero y ya comenzaba a hacerlo.
-El perfume es bueno pero no me arriesgaré- bromeó mientras oía su risa, que le llenaba el alma entera. A decir verdad él había sido el de la idea de entregar los vestuarios como escenario de actos sexuales a los chicos, a pesar de nunca haber llevado a alguien allí. Sus novias iban a verle entrenar, pero él no dedicaba puntos ni gustaba de mezclar su lugar de relax con sus fugaces parejas. Por lo que el vestuario había sido siempre una especie de lugar de escape. El deporte le hacía desgastar energía y fuerza, y mantenerse fuerte, a la vez. Era parte suya, le hacía un poco menos violento, un poco más humano quizás. La diferencia era que tener a Sam a pocos metros y advertir que su mirada se tornaba algo provocativa le desquiciaba. Le vió morderse el labio y le reprendió enseguida. -No hagas eso, bloqueas todos mis pensamientos excepto uno…- Aseguró manteniendo sus ojos fijos en sus labios y llevando las yemas de sus dedos hasta la piel de la mano de Sam, para advertir que aquella sensual cercanía se disolvía rápidamente. Se quedó medio atontado después de sus palabras y fue entonces él quien mordió su labio y negó con la cabeza antes de desaparecer dentro de las duchas. -¿Eso fue una advertencia? ¿Vendrás a buscarme si me tardo?- Bromeó fingiendo tener una voz sensual, algo más grave, lo cual se hacía notar en él cada vez que sus hormonas se alteraban. Caminó un par de pasos perdiéndose de la vista del arcángel y por fin se quitó la ultima prenda, casi a la vez que abría uno de los grifos hasta regular la temperatura justa. Se inclinó bajo la lluvia y el agua ayudó a que sus músculos se relajaran un poco, aunque aquella idea continuaba rondando su cabeza. Sus labios, su roce, su voz. Sonrió al negar con la cabeza. Por supuesto que pretendía que la primera vez en la que sus cuerpos se encontraran fuera más romántica que eso, pero no podía evitar desearlo como a nadie más y los interminables sueños en los que era amo y esclavo comenzaron a tomar su mente una vez más. Tomó un par de sobres de espuma de baño y los hizo desaparecer en su cuerpo, formando una breve espuma antes de que la misma fuera arrastrada por el agua. “No te atrevas a venir a buscarme, soy muy malo con el autocontrol, Sam” clamó su mente mientras su mano se perdía bajo su cintura hasta que su mente se hacía consciente de ello.
Aquello se le antojó sumamente hilarante - Tal vez me gustaría conservar ése pensamiento tuyo ahí presente -. sonrió de manera pícara, siempre entretenido con las variadas reacciones que Jason tenía frente a él. Le gustaba descubrir qué clase de cosas podía hacerle sentir o decir. El contacto con la mano del chico le provocaba una sensación de cosquilleo en la piel. Pensó que era casi gracioso, porque seguramente los humanos también lo sentían así. Pero era mucho más que eso. Él era un ángel, tenía una visión apartada del resto. Y ninguna otra experiencia; terrenal o espiritual podía siquiera compararle al toque de su novio. Sonrió instantáneamente. Sí, ya podía llamarle suyo, su novio, su compañero, su alma.
Le observó partir, entretenido por sus reacciones y la manera en que se movía. - Lo haré - afirmó, aunque en ése instante solamente lo decía para regocijarse con el rubor de las orejas del chico y el saberse un tanto poderoso respecto a los deseos de éste. Sin embargo, una vez no lo tuvo enfrente y escuchó el agua caer, invariablemente se preguntó a sí mismo si realmente lo haría. Para Sam el sexo no resultaba un tema escandaloso. Siempre lo había visto como un acto magnífico y sumamente satisfactorio. Aún así, no estaba seguro que Jason hubiese intentado hacer algo con un hombre antes, si acaso le resultaría igual de placentero que a Sam, o si estaba listo ya para ello. Quizá el chico deseara un entorno diferente para experimentarlo. Se sintió confuso. Elevó ambas manos hasta su rostro, tomando asiento en una banquilla. Inhaló y exhaló varias veces, más por costumbre tranquilizadora que por que realmente lo necesitara. Su misma naturaleza le decía que apresurar las cosas era de humanos. Que sólo un humano sería impulsivo y no aguardaría a tener una conversación racional al respecto. Pero, ¿Acaso el amor era racional? Sam conocía bien el campo, y entendía muy bien que una buena parte del amor se debía a la convicción, no a a la elocuencia. Supo responder entonces la pregunta, cuya respuesta por supuesto era sí.
Dejó pasar entonces los minutos, hasta que supuso que ya habían pasado de diez. Se quitó el suéter y los zapatos antes de entrar adonde Jason estaba. Le observó unos segundos, él estaba de cara al agua con los ojos cerrados; una gran sonrisa recorrió los labios de Sam. ¿Y qué más daba si se dejaba llevar por un impulso? Lo amaba, y él lo amaba, y eso no iba a cambiar por el frenesí del cuerpo. Se le acercó con cuidado al oído. - Te has tardado, Jay -. murmuró, acariciando con ambas manos la superficie de la espalda del chico, como si le diera un masaje.
Odio que me llamen bajita.
No me gusta nada que me digan que soy bajita… ¡Sam! ¿Dónde has estado?
Eso puedo verlo... ¡Su! He estado dando clases, perdido de repente en la biblioteca, ¿notaste que la hicieron más grande?... ¿tú como has estado?
Odio que me llamen bajita.
Si, sonríe cerda, que a la próxima te haré tragar los dientes… —murmuró con una fingida sonrisa, observando a la dependienta de la tienda de ropa.—
Creo que por esta vez apruebo un poco de violencia, eso ha sido descortés de su parte...
Había olvidado lo buena que es la comida en ésta cafetería.
Pensé que ahora tus platillos favoritos involucraban almas perdidas.
Y aquí es cuando se dice...
Jajajaja sí, pero ya sabes, para los adolescentes todo es vergonzoso y más si se trata de sus padres y sí, ahora los chicos bailan muy extraño, aunque no quiero que ninguna de mis princesas baile de ese modo con alguien, mejor que sigan bailando frente al espejo. El tiempo para nosotros pasa de diferente forma, ¿No crees? Es bueno escucharlo, recuerdo que en los bailes de hace 5 años, las chicas se sentían muy bien si las invitabas a bailar. ¿Qué ha sido de tu vida?
Buen punto. No, ni pensarlo, a mí tampoco me gustaría ver a mi hija así, aunque tampoco puedo andar detrás de ella todo el tiempo, solo puedo confiar en su criterio, es ella quién tomará las decisiones. Bastante diferente, para nosotros la vida tiene un significado distinto gracias a ello. ¿De mi vida? Pues, entre libros y estudios como siempre. Jason y yo seguimos juntos, por supuesto. Y... no sé qué más decirte. Profesor de Autocuración... blah blah blah. ¿Qué hay de ti?