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Bobbyyyyyyyyyyyyyyyyyy QAQ!!!!!

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genjou-destruction ha respondido a tu publicación:Psss, te veo 8D (?)
Bobbyyyyyyyyyyyyyyyyyy QAQ!!!!!
Psss, te veo 8D (?)
*gasp*
Bad Timing - {itwasme-dio}
La cosa iba bastante bien, no entendía por qué de repente la conversación dio esa clase de giro. Es decir, el maldito mocoso era solo un informante, carajo, ¿por qué de repente se metía en asuntos que no tenían nada que ver con él?
Y por el demonio, ya le había pagado. Si creía que podía sacar dividendos extra por hacerse el inteligente, se estaba equivocando bastante.
—Eh, qué te has creído para mandonearme, travesti de cuarta sin encanto. —dijo con desprecio—. Por si se te olvida, esto no tiene nada que ver contigo.
No, en serio, ¿por qué no lo había matado ya? Quizás si lo hacía ahora… No, esperen, aún podía conseguirle más datos. Tch.
—Has lo que quieras, feucho. —se encogió de hombros—. Pero si tu trasero está en peligro, dejaré que te metan algunas balas. Esto es un asunto turbio, por si lo olvidaste.
No costaba demasiado sacar a la luz el carácter retorcido y despiadado de Markus; tampoco es que lo escondiese, a decir verdad. Así era como había conseguido labrarse aquella reputación de matón implacable y un tanto sádico que todos en los bajos fondos temían y adoraban al mismo tiempo.
—Esto tiene que ver conmigo desde el momento en que has decidido contactarme, sádico asqueroso. —Le espetó desde la entrada, el rostro contraído en una mueca irritada. Ugh, aquel tipo siempre conseguía sacarle de sus casillas más rápido que el resto de inútiles con los que trataba a diario. Apretó los dientes. La palabra travesit sonaba sucia en sus labios.
Sin esperarle, bajó hasta la calle y sacó su teléfono móvil. No iba a subirse en el mismo coche que aquel hombre ni drogado.
—Y no soy una princesa en apuros. —dijo mientras esperaba impaciente a que alguien respondiese al otro lado de la línea.— Estos asuntos turbios me dan de comer, ¿sabes? —le brindó una sonrisa algo pretenciosa y confiada.
Le daba igual si estaba hablando con Markus o con el jodido papa de Roma. No le gustaba que la gente le hablase de ese modo y si alguien le atacaba, él sacaba los colmillos.
—Joder, ¿qué coño pasa? ¿por qué nadie responde? —le gritó a su teléfono.
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Mind wounds
¿Dónde quedaba la privacidad si esas paredes era tan delgadas que escucha absolutamente todo de sus vecinos? No le gustó que las escaleras crujieran, menos que en la habitación de al lado tuviera una mujer gimiendo, odió en su totalidad que hasta se oyeran algunas palabras que mejor no oír nunca más. Diez minutos más en ese sitio y vomitaría toda la bilis.
Al entrar en su habitación la inspeccionó con ojo crítico — el único que tenía —. No estaba mal, podría ser peor, la cama parecía apetecible pero ya la probaría en otro momento. Lo único que tenía encima era su ropa y el abrigo por lo que no dejó nada allí, salió tal cual entró.
Pero, volvió a entrar cuando escuchó la voz del agónico Faith, tomó una almohada con sus manos y con calma avanzó hasta la cercana habitación.
Al estar dentro se quedó mirando al muchacho, solo unas milésimas de segundo porque le tiró la mortal arma que llevaba entre las manos en la cara— ¿Qué se supone que estás haciendo? — volvió a meter las manos en los bolsillos, una pequeña sonrisa pasó por sus labios, un efímero momento que duró un parpadeo.
Fue imposible no observar la habitación del mercenario, era parecida a la que le tocó a él pero probablemente más limpia, más ordenada, más… más algo. También parecía más llena, la suya era vacía, quizá porque llevaba muchas horas en compañía de ese chico.
— Vamos a desayunar, deja de morirte, todavía es pronto para ello — volvió a alejarse, esta vez apoyó el hombro en el marco de la puerta.
Arrugó la nariz al ser golpeado por la almohada, apoyó la barbilla sobre el mullido borde y se encogió de hombros. ¿Qué qué hacía? No tenía ni idea. La mayor parte del tiempo ni siquiera él sabía por qué hacía las cosas. Una especie de instinto primario lo arrastraba de aquí para allá y aprovechaba su ingenuidad y su falta de preguntas para hacer con él lo que le placía.
Y Faith simplemente se dejaba llevar. Porque si en veinte años había conseguido sobrevivir sin demasiadas visitas al hospital —solo una pierna rota y dos o tres fracturas sin importancia— aquel instinto que guiaba sus pasos no podía ser tan malo.
—Tienes razón, todavía es pronto para morir... aún no es el momento. —Dijo, pasando por su lado y dándole suavemente con la almohada en la cabeza, ocultando tras ella una mueca indescifrable.— ¿Crees que tendrán tortitas aquí? —Empezó a andar hacia las escaleras, bajando los peldaños perezosamente; sin darle tiempo a responder añadió.— Seguro que el café está asqueroso.—Era extraño en él hablar tantísimo, casi sin respirar, las palabras saliendo casi a borbotones de sus labios, como si le quemasen en la lengua. Los nervios se le enredaban en la voz.. — Pediré agua... o no, seguro que también está sucia.
No estaba acostumbrado a los nervios, y por tanto, tampoco a disimularlos. Pocas cosas, a decir verdad, le ponían nervioso en la monotonía de su nada ajetreada existencia. Las ratas, los payasos y los asuntos sin resolver. Y tenía un par de ellos a sus espaldas, no de ratas ni de payasos, claro, sino de asuntos que dejó atrás, de los que comenzó a huir hacía demasiado tiempo y de los que aún continuaba huyendo, dejándose llevar por ese instinto primario, protector, que le decía cuando y hacia donde debía correr.
Y eso hacía, correr. Era lo único que sabía hacer. Quizá tan sólo estaba arrastrando egoístamente a Abi en su huída desesperada de aquello que lo perseguía, quizá ni siquiera lo estaba ayudando.
¿Qué cojones estaba haciendo?
A veces eso de no hacerse preguntas resultaba bastante problemático cuando se buscaban respuestas.
No, ya, en serio. Alguien por favor que le aclarara de dónde carajos sacaba esa mocosa tanto cinismo. ¿Se lo enseñaban en la escuela? Ah, no, con lo tonta que era, de seguro nunca fue. Debía ser cosa de familia, ya lo veía claro.
—Tus halagos me hacen querer colgarte.
Si no se callaba pronto le iba a pegar un tiro él mismo
—Pero como dije, no tengo por qué gastar un solo centavo en ti. Sin embargo creo que podemos llegar a un acuerdo —sonríe bajo la sobra de su sombrero—. No veo muchas opciones para ti, pero ¿qué hacer un par de trabajitos para tu buen amigo Markus?
Un... ¿trabajo? Soltó su corbata y se alejó un poco de él, como si temiese que le mordiese de un momento a otro.
Si por algo era conocido Markus era por sus negocios turbios, sus métodos nada sutiles y su cuenta bancaria llena de ceros. Era un bastardo, sí, pero sabía moverse tanto por las altas esferas como por las alcantarillas, no le importaba ensuciarse las manos y todo lo que no conseguía su labia lo hacía su billetera o su pistola.
Trabajar para él sería como ponerse una soga al cuello. Y aún así lo consideró.
—¿Qué tipo de trabajo? —Se cruzó de brazos y le miró con el ceño fruncido.— Y no eres mi amigo, cabrón. Habla antes de que te escupa.
Dejó de lado las sutilezas y la falsa inocencia; sus encantos y sus mentiras no funcionaban con Markus. A decir verdad, no tenía ni idea de lo que funcionaba con aquel psicópata.
Mind wounds
Bien, el menor tenía un punto con ello de que nadie por esos lares iría a un motel de mala muerte a perder su tiempo, debías de ser un desesperado para confiar en cualquier local de las zonas más bajas de la ciudad. Lo que Abi deseaba era que por lo menos el colchón no tuviera bichos o que estuviera limpio, ¿eso sería mucho pedir?
Procuró ignorar deliberadamente lo que había cerca del sitio, ya se empezaba a imaginar a qué se dedicaba el negocio, suponía que se habían acostumbrado a los clientes que solo se quedaban una noche, sea porque contrataron los servicios de una prostituta o bien conocieron a alguien en el club.
Ese pensamiento no le tranquilizó, las camas podrían tener cualquier cosa asquerosa. Se estremeció repugnado.
Una vez en el interior, se dedicó a mirar hasta el mínimo milímetro.
— No seas desconsiderado, esto es un auténtico palacio — sus orbes ojerosas echaron el último vistazo— Para las ratas — añadió.
Observó hacia delante, ahí estaba el mostrador con un encargado el cual obviamente, había escuchado todas las palabras de los dos visitantes. Abi le contestó con el silencio, no le apetecía más socializar aunque su compañero parecía desearlo menos. Cuanto antes, mejor.
Se acercó hacia delante— ¿Tienes dos habitaciones libres? Solo para una noche — podría haber pedido una con dos camas pero prefería tener su propio espacio. El turco dio su parte de dinero para pagar su estancia.
— El comedor está avanzando por ese pasillo de allí, ahora aún sigue abierto por el desayuno y para comer está de 13:30 a 15:30. Cenar es de 20:30 a 22:00 — informó mientras le entregaba una llave al traficante, la otra se la daría a Faith cuando pagara— Las habitaciones son la 14 y la 15 del primer piso.
El pelinegro se hizo a un lado mientras se guardaba lo adquirido en uno de sus bolsillos.
Se quedó unos pasos más atrás mientras Abi pedía dos habitaciones separadas; incluso para una noche, el turco prefería mantener las distancias, poner una pared entre los dos, aunque hubiesen convivido algún tiempo bajo el mismo techo.
Le observó con los ojos entrecerrados subir las escaleras sin esperarle, la espalda erguida y el paso firme y orgulloso, y se preguntó si alguna vez le permitiría acercarse un poco más, apoyar la cabeza en el muro infranqueable que los mantenía alejados a pesar de estar en la misma habitación.
Sin molestarse en entablar una conversación incómoda e insustancial, cogió la llave, pagó con la tarjeta y firmó con el nombre falso que su jefe le proporcionó. Agachó la cabeza, como agradeciéndole en silencio al recepcionista su comprensión y su falta de palabras, y andó tras los pasos de Abi.
Los pasillos de aquel motel eran estrechos, apenas iluminados por unas bombillas amarillentas y parpadeantes. Todas las puertas estaban cerradas y, tras algunas de ellas, se oían gemidos ahogados, golpes secos, orgasmos fugaces. Al parecer, las mujeres del club subían a los clientes allí para vaciarles los bolsillos.
Arrugó la nariz al pensar qué tipo de habitación le habia tocado. Sorprendemente, un gran ventanal iluminaba el colchón recién vestido con sábanas que olían a limpio —lo único limpio, quizá, de todo el lugar—. Dejó su mochila en una silla y se dejó caer sobre la cama.
Estaba hambriento. Cansado. Y, aunque no sabía reconocer aquella sensación porque pocas veces la había experimentado, un poco solo, también.
—Abi. —le llamó en voz alta; sabía que estaba cerca, o bien en el pasillo, o bien junto a la puerta sin saber si entrar o no.— Abi, me voy a morir. —No añadió nada más, precisamente porque quería hacerlo venir.— Ay, que me muero. —No le salía más que un dramatismo neutro y nada creíble. Eso de actuar era más difícil de lo que imaginaba.
genjou-destruction ha respondido a tu publicación:online
Estás vivaaaaaaaaaaaa QAQ!!!!! -le lanza un mueble- avisa si vas a oferte, carajo >:’c
akjdskls siento no haber avisado pero las cadenas no pueden atar al vienot libre (?) No, en serio, te dejo pegarme con el mueble, me lo merezco ;//;
Rols y borradores
Después de un hiatus tengo que organizarme o acabaré ahogada en post sin responder. Y mi memoria, que es una mala bitch, me falla a menudo y estoy segurísima de que me faltan algunos borradores ;/;
Odio pedir esto, porque se que es una pesadilla y no tenéis que responderme por mi falta de memoria ni por mi ausencia, pero si tengo algún rol pendiente y que no recuerde (y que queráis continuar), por favor, avisadmelo. Os recompensaré con chocolate, galletas y abrazos :____)
Debo cositas a redphilanthropy, genjou-destruction, worldxdreams kaellumm (tengo un borrador del anterior tumblr, i think!), xasteroidb612 y sé que hay más por allí, pero la última vez que lo revisé no había respuesta, so si se me olvida alguien, pls recordadmelo!
online
Las estrellas, los astros, los proyectos acabados al fin y la inspiración se han alineado y me han hecho volver antes de lo que pensaba. Siento haber aparecido y desaparecido y akajfes pero a veces la real life es complicada.
Pienso estar onfire, de verdad. Vuelvo con muchas ganas y coy a colgar este cartel para no olvidarme de lo que estoy diciendo:
Easily the prettiest picture ever of Emma Watson.
Él seguía limpiando el cristal de sus gafas cuando el joven se acercó otro poco mas a él. Parecía interesarle la propuesta, aunque no esperó que le contara mas de la cuenta, así de la nada. Quizá es porque se estaba viendo tan confiable, que hasta el mas desconfiado podría acabar creyendo en él.
—— Algo por el estilo —dijo una vez poniéndose las gafas. No diría mas por ahora, no deseaba interrumpirlo. Por mientras acomodó los antebrazos en la mesa y los deslizó por encima de ella para acercarse otro poco mas.
Pero en vez de parecer tomarse las cosas seriamente, no podía evitar mostrar una expresión mas divertida y maliciosa de la que debería. También para hacerle creer que él era su aliado, su cómplice. Alguien que comprendía sus malestares y que podía ayudarle a deshacerse de ellos.
—— Sé de quien hablas. Fue maestro de un familiar mío hace pocos años. —mintió—. Sus métodos son despreciables. Y no concibo como es que sigue enseñando en una escuela tan prestigiosa como ésta. Creo que deberían darle una lección. —asumió, imaginando múltiples torturas que podía causarle si el muchacho de enfrente se lo pidiera.
—— ¿A qué hora es el examen? —preguntó.
Se estiró, perezoso, en su asiento. A su alrededor, la biblioteca estaba sumida en un silencio extraño, más pesado y denso de lo habitual. Las pocas personas que se habían saltado clases para estudiar tenían la vista fija en sus libros, pero algo flotaba en el ambiente, una especie de sopor que hacía que todos se moviesen más lento hasta detenerse. Era algo tan sutil ukas no se percató de ello.
—Mañana a las nueve en punto. —Hizo una mueca de disgusto, odiaba madrugar. Echó un vistazo a sus apuntes esparcidos sobre la mesa y, mientras los recogía con desgana, se preguntó de qué tipo de lección hablaba aquel desconocido.
No quería sonar desagradecido, mucho menos maleducado. Aquel joven estaba escuchando sus ridículos problemas de adolescente adinerado y caprichoso sin pedir nada a cambio, le ofrecía palabras comprensivas con una bonita sonrisa y comprendía sus preocupaciones. Pero una extraña sensación le recorrió el dorso de la columna, se le erizó el vello, cuando le vio cambiar su sonrisa educada por una más retorcida durante un segundo. Fue tan breve que ni siquiera pudo pensar.
Habrá sido mi imaginación, pensó. Movió la cabeza y esbozó una mueca divertida.
—¿Y qué vas a hacer, si se puede saber? Ve con cuidado, ese viejo tiene influencia en el consejo. No creo que sea bueno meterse en problemas con él.
Mind wounds
Ahora que tuvo la libertad de hacerlo, se levantó y estiró las piernas. Había permanecido agarrado a la moto como si la vida le fuera en ello por lo que ahora le dolían un poco las extremidades, se le pasaría en un rato, esperaba. La noticia que le dio Faith era buena, ninguno de los dos acabó herido así que de momento estaban sobreviviendo bien al primer día.
— Eh, ¿cómo que motorista? Al parecer quieres dar otra vuelta — dijo con cierto tono irónico, sonrió levemente preguntándose que tan mejor conduciría el mercenario, no le tenía mucha fe.
Dio unos cuantos pasos hacia delante, su único ojo buscaba alguna señal donde indicara que había un hostal— Vamos a buscar.
No tenía pensado volver a montar en ese vehículo, sería peligroso dado que probablemente en breves empezarían a buscar la moto por la matricula, eso dificultaría sus intentos de desaparecer del mapa para que la banda dejara de cazarles. Que poco le gustaba la situación, bueno, ¿a quién le gustaría?
Aunque era una calle solitaria, justó vio como un hombre anciano giraba y caminaba hacia ellos con tranquilidad, traía un pequeño perro a su lado. A Abi le desagradaba acercarse a cualquier persona, aún así suspiró y tras pensarlo unos segundos, se dirigió hacia él— Perdona, ¿sabe usted donde hay un motel? u hostal, algo barato y cerca — al principio lo que le dijo fue incomprensible, por lo menos consiguió captar las direcciones.
Rápidamente se acercó al de cabello violáceos que ya caminaba— Tenemos que girar a mano derecha y pasar dos calles — se había dado cuenta del tiempo con el que el cielo amenazaba, le estaba incomodando y por dentro deseaba que ningún trueno sonara— ¿Pagamos a mitades la estancia? — para algo se guardó dinero, tenía todo en metálico o en billetes, eso de tener tarjeta de crédito aún no le hacía gracia, tampoco podría con el trabajo que tenía— Si es que hay habitaciones.
Alcanzó al turco en un par de zancadas, justo cuando se despedía del anciano al que le había pedido indicaciones con el rostro serio y la voz exigente. No se le daba demasiado bien pedir favores, ni sonreír ni... bueno, nada que tuviese que ver con acercarse a gente nueva.
Faith sentía que, a medida que pasaba el tiempo y los días junto a él, los muros de hielo y granito del traficante se volvían más duros, más altos, apenas dejando pasar la luz del sol.
—El jefe me dio una tarjeta llena, así que supongo que no habrá problema con el dinero. —Por mucho aprecio que su jefe Jo le tuviese, el mercenario sentía una especie de recelo paranoico a que le hubiese permitido marchar tan fácilmente, ofreciéndole dinero y recursos sin hacer más preguntas de las necesarias. Le extrañó que no le interrogase sobre Abi, como hacía con cualquiera que se le aproximaba demasiado y le distraía del trabajo. Y es que al ser de naturaleza perezosa, el mercenario se dejaba arrastrar por cualquier novedad sin cuestionarla. No ofrecía resistencia a nada ni a nadie, dejándoles entrar en su vida y salir cuando les apetecía.
Quizá porque no sentía la necesidad de atar a nadie, porque nadie era lo suficientemente interesante como para involucrarse.
—Claro que habrá habitaciones, ¿quién vendría a dormir a un sitio tan cutre en medio de la nada? —se encogió de hombros y echó a andar, siguiendo a Abi, que llevaba la delantera. En pocos minutos vislumbraron el edificio, pequeño y algo ennegrecido, pegado a una gasolinera y a un club de stripteasse que parecía aún más sucio que el propio motel. Había dos camiones y un par de coches viejos y oxidados aparcados frente al parking del restaurante.
—Precioso. —Murmuró en voz baja, al comprobar que por dentro, el lugar era tan horrible como dejaba adivinar a simple vista. La moqueta estaba mal adherida al suelo y el papel de las paredes había adquirido un tono amarillento.
Y mejor no mencionar el olor.
eres una bitch y lo sabes (ʘ‿ʘ✿)