Pasión por la duda
Sorprenden las personas llenas de certezas. Solo abren la boca para predicar, y no acogen en su interior el menor asomo de vacilación. “Cosa de débiles”, parecen pensar. Todo lo tienen claro, y desde su atalaya de suficiencia sermonean sin piedad. No aciertan más que el resto en sus proyecciones, pero hasta en sus errores más sonados pontifican sin recato. La culpa (porque usan ese lenguaje) siempre es de otra persona. Ellos estaban en lo cierto.
Sin embargo, es en la duda donde anida cualquier posible saber. La incertidumbre ante una realidad cuya complejidad apenas entrevemos, y que no se deja apresar en postulados rígidos. La duda es el motor del conocimiento, el combustible de la curiosidad. Al margen de la duda solo hay arrogancia, anquilosamiento, dogmatismo. Sociopatía, en suma.
Dudo, luego existo, podría haber sentenciado el filósofo, y le habríamos aplaudido.












