Llegaste a sacudirlo todo y ni siquiera lo vi venir.
Llegaste a llenarlo todo, a reparar todo, a curar cachito a cachito, y sin avisar.
Y no te rendiste y dejaste claro que no había más, que era yo, suficiente, aunque muchas veces creo no serlo, y me quieres todo el tiempo, y no te cansas de hacerlo.
Y me eliges y te ríes y me muero de amor (y de miedo también).
Y nadie lo entiende, y muchos no lo aceptan, y me atormenta y luego no me importa, porque veo como tus ojos me miran, y veo cómo te importa poco lo que digan.
Y me haces reír. Y me duermo contigo aunque estemos bien lejos.
Y te extraño todo el tiempo, pero te llevo conmigo también. Y no pesas.
Y me siento contenta, y me siento asustada, porque a veces siento que tengo todo, y no puedo evitar pensar, qué pasaría si algún día me llego a quedar en la nada, atrapada, sin ti. Sin mi.
Pero me siento segura, y por primera vez, creo que es mejor arriesgarlo todo, saltarme al vacío sin paracaídas y esperar a que me caches, o que aunque sea lo intentes.
Y si no funciona, que dolor.
Llegaste a sacudirlo todo, sin sacudir nada, porque todo es paz contigo, espero y nunca te vayas.