A veces me pregunto si las cosas realmente tienen que pasar como pasan y llevo años escuchando: «Eso era lo que tenía que pasar» o «Por algo Dios hace las cosas».
Y aunque Dios y yo no somos los mejores amigos desde siempre, no puedo negar que se ha vuelto indispensable en mi vida y últimamente siento que no, que no todo lo que pasa es porque Dios quería que así pasara.
Simplemente fuimos nosotros siendo lo que somos: humanos... estúpidos, pero humanos al final.
Llevaba demasiado tiempo sin escribir y creo que es porque ya no estoy quebrado, aunque es inminente el miedo y las dudas sobre si realmente estoy bien. Supongo que es muy humano querer buscar algo malo cuando todo está bien.
Mi punto es que no creo que Dios quisiera que alguien llorara hasta dormir. Dios no quería que les quitaran los derechos a las mujeres, Dios no quiere que alguien salga a la calle con miedo, Dios no quiere que alguien de buen corazón se drogue para olvidar y, si sigo, esto podría tomar una eternidad.
El punto es que tenemos la suerte de elegir por ahora, tenemos la suerte de poder hacer algo con todo lo que se nos cruce en la vida. No creo que importe la cantidad de veces que se intente, lo importante es la intención.
La vida es exactamente igual a todo lo que viene con ella, solo hay una, así que hay que tomar cada decisión con precaución, pero si se elige con el corazón no hay mucho que pensar sobre ello realmente.
Un buen amor, un buen amigo, una familia unida, un trabajo que me guste, buena salud y la fortuna de tener un corazón que habla sin miedo. Besarla bajo un puente, ir a la playa con mis amigos, ver a mami feliz y un día solo no tener nada que decir porque ya lo dije todo en el momento que lo sentí, sin arrepentimientos, solo momentos incómodos, pero también maravillosos.
Hay respuestas que nunca van a llegar porque nunca hubo preguntas que realizar, y eso está bien.
Hay algo bonito en tomar responsabilidad por todo lo que pasa en nuestra vida y alrededor, pero sobre todo por lo que pasa dentro de nosotros.







