El país que hereda Donald Trump
La tarea que tiene enfrente el próximo presidente de EEUU es titánica. Atrás han quedado las promesas y los ataques, y comienza el periodo de transición y acción rumbo al 20 de enero de 2017, cuando Barack Obama le entregará las riendas del gobierno.
Como estas singulares figuras de Lego frente a la Casa Blanca, el próximo gobierno de EEUU tendrá mucho por armar y desarmar en el país. (AP)
El primer y enorme reto será restañar las heridas que dejó la campaña y tratar de reconciliar a un país profundamente dividido. La victoria electoral debe dar paso al diálogo y la apertura, y tender puentes de colaboración y negociación con los rivales es crucial, tanto con los seguidores del bando derrotado como a escala del Congreso. Es clave para poder desarrollar los proyectos gubernativos y reconciliar a la sociedad en general.
El nivel de desconfianza y malestar que se registró en la campaña, y que ambas candidaturas sufrieron de modo considerable, vuelve esa tarea difícil. Pero Donald Trump deberá mostrar firmeza, generosidad y apertura. Es previsible, con todo, que haya tentaciones de emprender el camino extremo y represivo que proclamó en la campaña, pero el espíritu de negociación y reconciliación es de importancia sustantiva, empezando por el propio magnate.
La economía de Estados Unidos mejora aunque tiene retos, y Barack Obama heredará un país económicamente más sólido que el que él recibió. (Yahoo!)
En multitud de encuestas y estudios se identificó que la economía y el empleo son las principales prioridades de los estadounidenses.
De acuerdo a cifras oficiales citadas por CNN, el desempleo descendió a 4.9% en octubre de 2016 y los salarios crecieron en promedio 2.8% en comparación al nivel de octubre de 2015. Y el crecimiento del PIB, de acuerdo al Departamento de Comercio fue de 2.9% en el tercer trimestre del año, una cifra respetable.
Así, el panorama económico, sin ser ideal, es positivo (más allá de las alegaciones de campaña), sobre todo pensando en el estado de tremenda recesión y crisis que el gobierno de George W. Bush le heredó a Obama. Pero la nueva administración no estará en un lecho de rosas. Es indispensable elevar los salarios, crear más empleos mejor remunerados y reducir la enorme desigualdad económica que enfrenta el país. Según la iniciativa PovertyUSA, impulsada por la Iglesia católica, 46 millones de estadounidenses viven en la pobreza y 1 de cada 7 hogares sufren inseguridad alimentaria.
Fuerzas iraquíes atacan posiciones del Estado Islámico en Mosul, Irak. (AFP)
Terrorismo y seguridad nacional
Erradicar la amenaza del Estado Islámico (ISIS), y también la de otros grupos como Al Qaeda, es un imperativo, pero es un objetivo complejo y difícil. Parte tiene que ver con derrotar militarmente a ISIS en Irak y Siria, un objetivo que Estados Unidos no puede lograr en solitario, ni parece dispuesto a hacerlo solo (salvo un cambio radical en la estrategia al respecto de la Casa Blanca).
Por ello, la colaboración con el gobierno y el Ejército de Irak, con las milicias kurdas y con la coalición internacional es clave. Los avances recientes de las fuerzas de la coalición en Mosul son importantes, pero la batalla será al parecer larga. Y, en Siria, donde el régimen de Assad y Rusia tienen un peso inmenso, la situación es aún más incierta. Pero es claro que la derrota de ISIS y la eliminación de sus enclaves territoriales es una misión crucial del próximo gobierno estadounidense, tan ardua y complicada, o más, que lo que fue el combate y abatimiento de Bin Laden.
Además, está el aspecto del terrorismo dentro de Estados Unidos. Como lo han mostrado atentados como los de Boston, San Bernardino u Orlando, personas radicalizadas e inspiradas en el fundamentalismo terrorista de ISIS y Al Qaeda, incluso ciudadanos estadounidenses, pueden causar devastación y tragedias.
Con todo, la persecución y estigmatización de la comunidad musulmana en el país, más allá de toda la retórica de campaña, no solo no ayudaría a combatir el terrorismo sino que induciría nuevos estragos locales. Por ello, reforzar las actividades internas de inteligencia y vigilancia sin vulnerar las libertades civiles, establecer mayores controles de armas a individuos sospechosos de terrorismo y emprender una colaboración armoniosa en pro de la paz y la seguridad con las diversas comunidades en el país sería lo deseable y lo pertinente.
Millones de inmigrantes y sus familias aspiran a una reforma migratoria justa y que reconozca sus aportaciones a la nación. (Getty Images)
Fue uno de los asuntos más divisivos en la campaña electoral, pero la retórica de apertura por un lado y de cerrazón por el otro debe dar paso a una política justa, humana y realista. Por un lado, el discurso ofensivo que Trump y muchos republicanos desataron estigmatizando a los inmigrantes, exigiendo persecución y deportación en masa y levantar muros fronterizos debe extinguirse y dar paso a una actitud de transformación pro inmigrante en el nuevo gobierno, pese a que tras la elección persisten fuertes oposiciones en el Congreso, entre los republicanos y en la sociedad.
Por el otro, si bien el gobierno de Obama realizó esfuerzos como DACA (que debe preservarse) en beneficio de jóvenes indocumentados, también deportó a millones y rompió a miles de familias. Lo que la comunidad inmigrante y amplios grupos en el país esperan del gobierno federal es una reforma de inmigración con vía a la ciudadanía. Ciertamente, la Casa Blanca por sí sola no puede lograrlo, pero debe plantearlo de modo firme como prioridad de gobierno y trabajar en ello ante el Congreso, incluso pese a que Trump contendió con una plataforma antiinmigrante. Y, sobre todo, se necesita restañar las heridas que la confrontación por el tema migratorio dejó en la sociedad, explicitando las bondades y aportaciones de todos los inmigrantes a la nación. Trump debe recapacitar y reunir, no continuar su agreste arremetida.
Aunque polémico, Obamacare ha permitido a millones tener seguro de salud y prohibido negarlo por enfermedades preexistentes. (The Fiscal Times)
Cuidado de salud y seguro social
Al final de la campaña se reveló que las primas de los seguros de salud que se pueden comprar en los mercados de la Ley de Cuidado de Salud (Obamacare) subirán en 2017 más de 20% en promedio, con algunos estados registrando alzas aún mayores y con menos opciones disponibles. Esa circunstancia y sus posibles pero aún no claras repercusiones en otros esquemas de seguro médico (como los provistos por los empleadores y que pagan empresas y empleados) se suman para trazar la necesidad de ajustar o reformar el sistema de seguro médico en el país.
El alcance de esa transformación es importante, pues los demócratas optan por preservar lo mejor de Obamacare y llevar el modelo más allá (incluso a un esquema de cobertura general), mientras que los republicanos desean abolir por completo la ley, incluso a riesgo de desmantelar provisiones cruciales como la prohibición de negar cobertura por padecimientos preexistentes y de dejar de súbito a millones sin seguro. Será complicado lograr consensos legislativos en este asunto. Pero aunque el futuro de Obamacare está en vilo, la afirmación de Trump de no dar marcha atrás en la prohibición de negar cobertura por enfermedades preexistentes debe cumplirse.
Una reforma fiscal es necesaria, pero hay divergencia sobre el cómo. (Reuters)
Reducir la deuda pública y el déficit son medidas necesarias para propiciar un desarrollo económico y una mejora colectiva. Pero difícilmente podrá eso lograrse sin una reforma fiscal sustantiva. Las campañas ofrecieron, como en tantas otras cosas, visiones contrastadas y criticadas. Pero resulta evidente que simplificar el proceso de declaración fiscal, aumentar ciertas tasas a los más ricos a y las corporaciones y mantener y ampliar incentivos fiscales a los negocios y a las familias trabajadoras es el camino a seguir.
En ello, pese a sus confrontaciones, no existe necesariamente un antagonismo insalvable entre demócratas y republicanos, si bien entre los primeros se ha enunciado un interés de tasar con mayor fuerza a los más ricos y mantener el gasto social y desde los segundos un afán de bajar impuestos y el gasto público aunque eso (o quizá justamente para eso) se afecte severamente muchos programas gubernamentales. A diferencia de otros temas (como inmigración y Obamacare), es posible que en el tema fiscal haya mayor receptividad hacia el trabajo bipartidista, pero aún es pronto para saberlo. Y urge, pues los mercados financieros se han tomado muy mal la victoria de Trump.
La brutalidad policiaca y las tensiones raciales en Ferguson son muestras de la discriminación y el sentimiento de injusticia que persisten en EEUU. (AP)
Seguridad pública y tensiones raciales
El crimen en general ha descendido en Estados Unidos en las últimas décadas, pero la tasa de homicidios en varias grandes ciudades ha crecido en tiempos recientes y, en contrapartida, las relaciones de la comunidad, sobre todo de las minorías, con las policías se han deteriorado severamente a raíz de varios casos de brutalidad policiaca y por la percepción de que las autoridades no sancionan a los oficiales responsables con justicia.
La noción de que el racismo y la discriminación están arraigados profundamente en las fuerzas policiacas, y el reconocimiento y exaltación de los oficiales por el servicio que realizan para proteger a la comunidad han chocado en la opinión pública y encendido nuevos desencuentros. Ambas afirmaciones son ciertas y por ello requieren trabajo. El nuevo gobierno debe propiciar la transparencia y responsabilidad de los policías y potenciar la comprensión del trabajo policial entre los ciudadanos para crear relaciones armónicas entre ambos e incrementar los niveles de justicia y seguridad para todos. Mucho de ello pasa por la labor de gobiernos locales y no por el federal, pero la Casa Blanca puede sentar ejemplos y precedentes. También se requiere reformar el sistema penal, para evitar la encarcelación en masa, que afecta especialmente a las minorías, y establecer modelos más efectivos de reinserción social y justicia restaurativa.
La tragedia de Sandy Hook duele hondamente, pero no se han logrado aún avances para tener un mejor control de armas en EEUU. (Reuters)
Es un tema que ha dividido profundamente a Estados Unidos, pero en el que se debe avanzar. En primer término, más allá de las pugnas partidistas e ideológicas, hay consenso a escala nacional sobre la necesidad de ampliar las revisiones de antecedentes a todos los compradores de armas. Dar ese paso, que fue frenado durante el gobierno de Obama, sería significativo y probablemente lo más lejos, si acaso, que se podría llegar en el asunto (pese a que tiroteos han enlutado al país de modos trágicos) dada la tensión partidista actual y la preponderancia republicana en el Congreso. Pero todo dependerá de la receptividad de Trump y de su intención, o no, de negociarlo, lo que parece improbable.
Vladimir Putin ha sido una sombra durante la elección en EEUU. (Reuters)
¿Cuál es el camino tras una campaña en la que se clamó que Rusia, incluso el propio presidente Vladimir Putin, habría tratado de interferir en las elecciones estadounidenses? Más allá de la actitud que pueda tener la nueva administración federal hacia Moscú, parece claro que se requerirá un redoblado y firme esfuerzo diplomático ante Rusia, que es clave en el conflicto en Siria y la lucha contra ISIS y cuyos agresivos avances en Europa Oriental (Ucrania es un caso crítico) han consternado a muchos gobiernos de esa región. Rusia es también clave en la contención nuclear, léase Irán y Corea del Norte, y a la ecuación debe añadirse China, un poder creciente que también es clave en la cuestión norcoreana y, en general, en los nuevos balances geoestratégicos y económicos en el área Asia-Pacífico.
Finalmente, aunque fue poco lo que se habló de la relación de Estados Unidos con México y América Latina durante la campaña más allá de los arrebatos de Trump sobre el muro fronterizo, la estigmatización de los inmigrantes o las compañías que se llevan sus fábricas del otro lado de la frontera, lo cierto es que la nueva administración tendrá frente a sí importantes tareas: colaborar en una política de inmigración más humana y propositiva, ser un factor positivo y respetuoso en transformaciones como las que suceden en Cuba o Venezuela y propiciar una relación constructiva y propositiva con México, nación que no solo comparte una inmensa frontera sino que es uno de los mayores socios comerciales de México y con el que existen inmensos lazos económicos, sociales, culturales y estratégicos. Los muros y hostilidades no ayuda en ello.
En ese sentido, si bien hay un fuerte impulso en ambos partidos por renegociar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica y de rechazar el Acuerdo Transpacífico (ATP), ambos instrumentos tienen también apoyos en ambos partidos pero también oposiciones sustantivas, sobre todo entre las bases ciudadanas de ambos signos y, desde luego, en Trump. En todo caso, el tema estará previsiblemente, en uno u otro sentido, en la agenda de la próxima administración.
La capital francesa celebra que el Acuerdo de París, para contener el cambio climático, alcanzó ya el nivel de ley internacional. EEUU lo ratificó. (Reuters)
Cambio climático y energía
La discrepancia entre demócratas y republicanos en torno al cambio climático es singular, pues pese a que la ciencia tiene un sustantivo consenso sobre que la actividad humana es causante del calentamiento global, muchos aún lo niegan. El riesgo, con todo, es que el mundo enfrente transformaciones mayúsculas, muchas ellas destructivas para la civilización. El próximo gobierno debe, con todo, ir más allá de la pugna ideológica partidaria. Justo este 4 de noviembre el Acuerdo de París para frenar las emisiones de carbono y frenar el cambio climático alcanzó nivel de ley internacional, tras ser ratificado por un centenar de naciones, entre ellas Estados Unidos. Apartarse de esa vía no sólo resultaría dañino para las relaciones internacionales estadounidenses, sino que pondría en riesgo el mismo porvenir de las generaciones futuras, y hasta de las presentes. Propiciar energías limpias en el país es también una necesidad, si bien el grado en que los hidrocarburos pesarán en la ecuación puede variar. La evidencia científica y el sentido de futuro deben prevalecer en las políticas públicas.
La Corte Suprema de EEUU tiene actualmente una vacante que la mantiene en tenso empate 4-4 entre jueces liberales y conservadores. (Reuters)
Finalmente, llenar el puesto vacante en la Corte Suprema, y aquellos que se den en el futuro, es otro de los grandes retos. Actualmente, con un ‘empate’ entre 4 jueces liberales y 4 conservadores, por explicarlo de modo simplista, la capacidad del máximo tribunal es limitada, pero la mayoría republicana en el Senado se negó a considerar al nominado de Obama y al parecer sus miembros no están interesados a considerar a nadie que no sea plenamente compatible con su ideología (o cuya selección no parta de sus filas). Eso puede cambiar en función de la composición y la actitud del nuevo Senado, pero en todo caso la Corte Suprema tendrá en el futuro un papel singular y el talante de los jueces que se unan a ella en el futuro será previsiblemente crucial en temas como las tensiones entre la no discriminación y la libertad de creencias, la vigencia de derechos electorales de minorías, la financiación electoral y el equilibrio de poderes, los derechos reproductivos y el rechazo al aborto y la vigencia de la pena de muerte.
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