Que dos de sus conclusiones hayan estado erradas le hace cuestionarse en qué punto de la comunicación entre ambos no está funcionando. Es casi como si estuviesen hablando idiomas diferentes.
"Ah. Ah—" hace una pausa, haciendo la anotación de que va volando y que, quizá, debería preguntar más que adelantarse a lo que la mujer intenta decir. "Vale, vale," accede cuando le exigen callar, queriendo comprobar con sus ojos lo que ha fallado en percatarse. De ese modo la sigue, indiferente a los que dejan atrás y sin hacer nuevos cuestionamientos. No termina de hacerse ninguna idea clara hasta que el letrero de la salida se abre frente a ellos. "¿Este es tu secreto?" Se aventura con diversión, porque aún si no lo ha catalogado como tal tampoco había visto a nadie colándose hasta allí, mucho menos hurgando detrás de ningún cartel o cuadro apoyado contra las paredes. Le gustaría saber si es algo que descubrió por su cuenta, quizá algo que uno de los sujetos de La Nueva Era había compartido con ella. Mientras tanto, la brisa temblada de otoño le acaricia la piel expuesta. Allí, se anima a avanzar hacia adelante.
Gabriel ha preferido la reclusión absoluta dentro del mall, no quiere aventurarse al exterior para evitar enfrentarse a los infectados y, supone, que es allí donde ella asumió que no estaría tan encantado de acompañarlo. ¿O quizá es por el clima que inevitablemente le abraza los huesos y dispara un escolofrío repentino?
"Ahora con más razón tendrás que ayudarme a entrar en calor," bromea, frunciendo el ceño a la par que una sonrisa se estira. Al llegar al borde del techo, no se preocupa mirar lo que había a los pies de la estructura sino más allá, entre el horizonte de edificios. Esa debía ser la primera vez que puede ver a Greenville sin el temor de un monstruo saltándole a la yugular. "¿Vienes seguido?" Consulta cuando le busca por encima del hombro. Tiene otro par de preguntas como: ¿Por qué ha querido ir hasta allá? ¿Por qué llevarlo?