Haber llegado hasta el refugio fue, definitivamente, toda una hazaña. Prueba de ello se manifestaba en el intenso malestar corporal que comenzó a sentir desde que pisaron el lugar y sus emisiones de adrenalina comenzaron a disminuir. Pensaba, incluso, en la posibilidad de que su cuerpo ya no pudiera seguir produciendo dicha... ¿hormona? ¿sustancia? ¿será una reserva limitada? ¿podría ser que llegue una notificación que lo advierta, como las alarmas del móvil?. Sacudió su cabeza y respiró profundamente, como alguna vez alguna de sus terapeutas le enseñó, acción que logró detener levemente su tren de pensamiento, mas por el cuestionamiento de Yebin, tal vez no se traducía en su expresión. Abrió ligeramente uno de sus ojos para asegurarse de que era realmente ella quien lo acompañaba, sólo para volver a cerrarlo una vez confirmada la impresión. —Definamos "bien" —suspiró. —Estamos vivos, supongo. Y ahora al fin hay un capítulo interesante en mi lore, así que eso es una victoria, si me lo preguntas —sentenció, abriendo nuevamente uno de sus ojos, para observar la reacción de la mujer.