—Limpió con su pulgar algo de sangre que tenía el lobo en el labio—. Deberías hacerme caso de vez en cuando.
Debes saber que no estoy acostumbrado a matar gente.
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—Limpió con su pulgar algo de sangre que tenía el lobo en el labio—. Deberías hacerme caso de vez en cuando.
Debes saber que no estoy acostumbrado a matar gente.
¿Por qué dices eso? ¿acaso me viste morir? —arqueó una ceja—.
Vale, te lo explicaré. ¿Recuerdas aquella reunión en la que la humana se volvió completamente loca?
Ajá.
¿Pueden dejar de hacer tanto ruido?
¿Sabes curar un trauma post muerte? —ladeó la cabeza—.
—pensó unos segundos— No, no sé. Pero ya se acabo ese problema con el brujo, no te volverá a molestar.
—Relamió sus labios—. Todo.
Pues dime tú opinión respecto a eso.
No, Jankiel, soy tu tatarabuela, Petunia Quinta de la Rosa Reseca —añadió con sarcasmo—.
Sigo confundido, ¿No estabas muerta?
¿Pueden dejar de hacer tanto ruido?
Calmado, Jankiel —rió levemente—. No, no estoy muy bien que digamos. Pero mejor que antes sí. Y no gracias, no necesito nada.
¿Puedo hacer algo para qué te sientas mejor? —pregunto preocupado—.
Como verás no te hice caso —sonrió de lado—.
¡Qué rudeza! —sonrío sarcástico—, ¿Has visto algo?
¿Qué va mal?
¿Caroline?
Ni que fuera tan fea —rodó los ojos y tomó los brazos del cazador, arrastrándolo hasta el océano—.
No lo eres —tomo las piernas del muchacho, arrastrándolo y tirándolo al mar—, ¿No dije qué te quedaras en la cabaña?
¿Pueden dejar de hacer tanto ruido?
Me duele la cabeza.
¡Aquí estás! —corrió para abrazarla—. ¿Te encuentras bien? —se separo de ella y la vio de pies a cabeza— ¿Necesitas algo? ¿Qué necesitas? Dime y lo traeré.
Te reto a tí a que pases tanto tiempo fingiendo ser otra persona —rió, orgullosa—.
...
—De las cenizas, se formuló un remolino, que desapareció sin más, dejando a la mujer nuevamente en su forma real— Vaya, vaya, se siente bien estar de vuelta.
¿Pero qué...?
Tirarlo al océano.
¡Ah! —grito asustado—, ¡Dios! Me asustaste —puso una de sus manos en su pecho—, Tómalo de los brazos y yo de las piernas.
¡Es que me encanta arruinar vidas! Es muy divertido —rió, respirando con dificultad a causa del agarre del lobo—.
¿Enserio? —rió—, Tenemos eso en común, pero la diferencia es que a mi me gusta terminar con las vidas —dijo poniendo ambas manos alrededor de su cabeza, girando su cuello con fuerza, quebrándose—. Bien...¿Qué hago con esto? —se pregunto a si mismo cuando vio el cadáver en el suelo—.
—se libró del agarre del lobo y comenzó a devolverle los golpes que le había dado—. ¿Ah sí? ¿sabes todo? —lo empujó contra una pared, mientras lo agarraba por el cuello de la camiseta—, entonces sabrás que no soy el único cazador que anda suelto, así que te recomiendo que vayas cuidando a tu novia y a la ninfa.
—se separo rápidamente del agarre del brujo. Lo tomo de su cuello, esperando dejarlo sin aire— ¡Deja de meterlas en la conversación solo para verme débil!, Solo eres un idiota patético, que cómo no era nada en este mundo se fue con los malditos humanos, porque son iguales que tú. Tratan de encajar y no pueden porque saben que no son nada, y cómo no tienen una vida propia vienen a arruinar la mía y la de todos.
A ver, cabrones
¿Mencioné que no irás solo a buscar a ese cazador? Te hará daño, Jankiel.
Solo lo matare, vamos, vete.
Me arrugas la camiseta, imbécil.
Lo dices cómo si me importara —dijo dándole un puñetazo—, Realmente no puedes conmigo, yo sé todo lo que tu no sabes ¡Todo! —rió desesperado, golpeándolo cada vez más fuerte—. Así que no intentes nada.