—Recibió tanto el puñetazo como las palabras, fuera de quicio— Yo sólo te advierto, imbécil, que si llegaran a hacerle algo, se den por muertos —se acercó, acorralándolo mientras tiraba del escaso cabello del cazador, y golpeando su cuello—. Recuerda mis palabras.
La única que quedará muerta es ella.












