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@joieve-blog
‘dance the night away’ ep.02
the prettiest chicks
“Closet” by Woshibai
Thanks to Orion for help with translation.@ Paradise Systems
(Source)
Like or reblog if you save, sweetheart x
art by heezey
© @clashpistols
I like smiles 🙂
Quit by Ariana Grande lockscreens (You can get your custom lockscreen!)
GIVE ME LOVE.
all my love is for you.
calm in chaos; 烧伤。
La luz lunar destaca por encima de la de numerosas estrellas. El cielo nocturno es una de las pocas cosas que relajan a Joieve, aunque el motivo es desconocido hasta para ella. La sensación era la misma cuando veía el mar. Quizás es que le gustan las cosas infinitas, que lucen pacíficas la mayor parte del tiempo, pero en cualquier momento pueden desatar el caos. El recuerdo de la discusión todavía la persigue, aunque ya han pasado dos horas. Los sentimientos le pesan, son muchos y están mezclados. Poco a poco la abandonan. Por ejemplo, la ira ya no está (del todo). Cuando se encerró en su habitación, tenía la intención de arrojar todo por la ventana (literalmente, y no habría sido la primera vez), sólo que fue imposible tocar algo, a menos que quisiera carbonizarlo. La chica deja de pensar en lo de hace horas y trae de regreso los recuerdos que ha conservado por años. Los primeros días en los que las llamas la consumían eran duros; la confusión y el temor lo eran todo. No entendía (ni entiende, ni entenderá) por qué pasaba. No era posible hablarlo con nadie, a menos que el manicomio estuviera en su lista de posibles lugares para mudarse. Temía cada vez que ocurría, pero ya ha aprendido a sacarle provecho y hasta se divierte. Cuando era más joven, creía que era un castigo por su mal genio. Joieve siempre ha sido muy complicada, un poco de todo y al mismo tiempo nada por completo. Por momentos está tranquila, y luego, de la nada le grita a todo lo que se mueva. Su ira es incontrolable, lo sabe. También sabe que es malo, pero no es su culpa sentirse enfadada por las cosas más pequeñas. No sabe de quién lo ha heredado, si su madre es una mujer extremadamente dulce y cuidadosa, además de empática. Su padre, por otro lado, es inteligente, respetuoso y muy simpático. Ninguno pierde fácilmente la paciencia, ni siquiera ante sus constantes berrinches injustificados. Joieve no tiene nada de eso. Es hostil, imprudente e intolerante. Sus únicas cualidades buenas salen a flote con sus padres, quienes entiende son los únicos merecedores de su templanza. Por eso hace -casi- todo lo que piden, si no va en contra de sus principios, y es que ella entiende que les debe todo. Lo ve desde la ventana. Su habitación está lejos de la entrada principal, por el gran tamaño de la casa, pero todavía puede distinguirlo por la estúpida forma de su cabeza. Siempre ha pensado que parece un platillo o una bola de fútbol americano. Se trata del idiota de su tío, al cual detesta con todo su ser. Desde antes de nacer. Cuando su padre conoció a su madre, su tío fue el único que se opuso a que se casaran, sólo porque ella no era coreana, sino francesa. Por ello amenazó con arrebatarle todo lo que le correspondía en la empresa que el abuelo de Joieve había construido. Ahora los visita de vez en cuando, como si nada hubiera pasado y sus padres lo han perdonado, pero ella no. Es un hipócrita y un entrometido. A pesar de todo, no parece haber aprendido la lección, porque sigue creyendo tener el derecho de decidir sobre la vida de los demás. Pero no con ella. Eso nunca. Entonces se le ocurre algo, porque no tiene suficiente con todas las palabras que le ha dicho. Es rencorosa y necesita despojarse por completo de los malos sentimientos. Está a punto de quemarle el hombro. El traje tan caro que viste es una tentación más. Su mano está encendida, su brazo puede confundirse con una antorcha y el pensamiento la hace reír. Está lista para disparar... pero el sonido de alguien llamando a la puerta la detiene. Su determinación se desvanece junto con las llamas. Se siente indignada, aunque sabe que la próxima vez logrará su cometido. No ha preparado excusas, porque no se arrepiente, y está lista para el sermón, así que los deja pasar.
begin; 開始.
Soojung observa las líneas de agua dulce expandirse entre la tierra y desaparecer en algún punto. Desde el avión, el azul se asemeja a las venas en su muñeca, las cuales mira para hacer una comparación justa. Está enfocándose en las cosas más pequeñas para cubrir el silencio. La realidad es, que tiene miedo, tanto como para que le tiemblen las piernas conforme los objetos en tierra se acercan. No quiere mirar más por la ventana, y es entonces cuando se pregunta en qué sitio tenía la cabeza cuando decidió no llevar algún libro en el bolso de mano. ¿Está haciendo lo correcto?, más vale que sí, porque no hay vuelta atrás. Lo sabe, y debe convencerse de que es lo mejor, pero las preocupaciones no la dejan. Está dejando todo lo que alguna vez conoció, para enfrentarse a cosas completamente nuevas. Aun conociendo el idioma, su pronunciación no es perfecta y se nota que no es de allí, a pesar de sus rasgos. Desde pequeña, Soojung se ha caracterizado por ser tímida. Solía esconderse detrás de su hermana mayor cuando un extraño aparecía. Los cumplidos llegaban sin parar mientras crecía, pero nunca ha logrado acostumbrarse; incluso lloraba al recibirlos en sus primeros años. A pesar de su indiferente apariencia, Soojung es tan frágil como el cristal. Ni siquiera nota que, al encontrarse neutral, su expresión la hace parecer enojada. La gente constantemente la bombardea con preguntas. “¿Estás bien?”, “¿Pasó algo?”. Se muestran preocupados, cuando la chica está en perfecto estado. Suele ensayar (secretamente) sus reacciones frente al espejo. No quiere preocupar a nadie, no quiere más preguntas y tampoco dar la imagen errónea, pero sin importar cuanto trate, verse al espejo no es igual que encarar el mundo real. Es costumbre quedarse observando un punto fijo en el espacio, a veces enfocándose en él, y otras no, sino más lejos. En un lugar donde el espacio no existe y la gente que lo ocupa tampoco. Ese era uno de esos momentos, por lo que cuando fue anunciado que el avión estaba a punto de aterrizar, fue devuelta a la realidad. Cada centímetro de su cuerpo permanece helado. Está temblando de nuevo, hecha un desastre por dentro y bastante segura de que por fuera luce normal. No puede creer que por fin está llevando a cabo lo que nació como un simple pensamiento, producto del enojo. Por fin se aleja de todo lo que alguna vez le hizo daño. Pasó los límites, finalmente está extendiendo los bordes. No tiene un mapa para indicarle qué camino seguir, ni siquiera tiene un plan. Sólo carga con el peso de su decisión, y eso es suficiente para seguir empujando hacia adelante.
单相思; why not me?
Adoraba observar paisajes, porque se sentía en contacto con la naturaleza, y además siempre le transmitían algo. Imaginaba todo tipo de situaciones que quizás nunca fueran a ocurrir, pero en su cabeza encontraban un refugio, y a veces, sólo necesitaba que permanecieran allí. Para su fortuna, la escena que vivía justo en ese instante no se comparaba con ninguna que pudiera imaginar. El cielo lucía precioso, tan inmenso y pacífico, con la cantidad perfecta de nubes, ¡y claro!, cabe mencionar que el sol no la cegaba. Sin embargo, había algo más destellante, y era su acompañante. Su cabeza justamente descansaba sobre el vientre de la mayor, ambas estaban tiradas en la grama, y podía sentir sus dedos moverse cerca de su brazo, en busca de hojas secas. —Soojung… —llamó su nombre, seguido de una pausa. Perfectamente podía creer que esperaba que le respondiera, pero conocía el tono, y era el que usaba cuando no estaba segura de decir algo, ya fuera por vergüenza o porque no sabía qué palabras utilizar— ¿te ha gustado alguien alguna vez? La sorpresa hizo que frunciera ligeramente el ceño, podía sentir el cambio de temperatura en su rostro, debido al rubor que se expandía por sus mejillas. Más que una respuesta, las preguntas la bombardeaban: «¿se habrá dado cuenta?», «¿por qué me pregunta eso?», «un momento… no me gusta, ¿cierto?». Optó por la respuesta más sencilla, tratando de controlarse para que no le temblara la voz. —No sé, creo que no. ¿A ti sí? Jinri empezó a soltar risas tontas, y cada vez que trataba de responder, allí aparecía la risa para impedírselo. No entendía qué le ocurría, pero también le causaba gracia. —¡Basta, dime! —estiró el brazo hasta su mejilla y la empujó con el índice. —Pues sí, me gusta alguien. No lo conoces, pero es encantador —sentía náuseas. Era completamente normal, siempre que estaba nerviosa, sorprendida o pasaba un mal rato se le revolvía el estómago. Allí descubrió que también le ocurría cuando estaba celosa, y peor aún, que todo eso podía ocurrir al mismo tiempo. Su amiga no paraba de describirlo, le contaba todas las cosas de él que le gustaban, y Soojung permanecía allí, quieta, rompiéndose por dentro. Se incorporó lentamente, tratando de controlar las arcadas, pero lo único que quería era largarse. ¿Por qué tenía que gustarle su mejor amiga? Nunca pensó en ser correspondida, pero tampoco estaba preparada para verla ilusionada por alguien más. No estaba lista para verla con esa sonrisa en el rostro, luciendo tan hermosa como siempre, y tampoco para que la imagen que más deseaba ver se convirtiera en la más desgarradora. La mayor también se incorporó y se sentó delante de ella. ¿Dolería menos si no fuera capaz de verla? No escuchaba una sola palabra, pero cada una la estaba cortando. Quería ir a casa. —¿Cómo se conocieron? Puedo ver que te gusta mucho, debe ser genial —pero Soojung era masoquista, aunque prefería decir que no era egoísta. No sabía hacer otra cosa que no fuera poner a los demás por encima de ella. Nunca había fingido, por lo menos no delante de Jinri, pero necesitaba sacar su mejor sonrisa. Después de todo, lo que le importaba era verla feliz.