Nada destruye más al hombre que él mismo; él es capaz de segregar su propio veneno, quien se atormenta a sí mismo. Su exterior puede ser fúnebre, pero solo él decide cómo es afectado en el interior, pues cualquiera puede arremeter en contra de su integridad, pero solo él, y nadie más, decide cómo a su espíritu encadenar.
~Josan








