Y me dijo...
-Deja de pensarlo y hazlo...
Desde entonces la pasión fue cómplice de cada uno de mis pensamientos.
Se que todo debía ser estrictamente profesional.
Pero aquella tarde encontramos un noviembre acompañado de una primavera.
Cuando me abrazo encendio todo el fuego qué surgía de mi interior, el miedo desapareció, sentí una sensación intoxicante, él era como un veneno que me hacía adormecer, endiabladamente sexy, extremadamente seductor, cuando sus manos rozaron la piel qué escondi debajo de mi ropa desbordaron las ganas acumuladas durante todos estos años.
Sus besos saciaron mi sed, sentir su sexo duro entre mis piernas desencadenó un deseo profundo de fundirme con él, me sentí mojada, caliente, jadeante.
Cuando me quito la ropa, no me dejo decir una sola palabra, sus manos callaron mis labios, sus labios probaron el liquido bendito que mi cuerpo regaba y se introdujo dentro mi, duro, caliente, húmedo, no logré comprender si toque la gloria o el mismo infierno, cada embestida erradicaba en mi cualquier duda o sensación de querer huir, de mis incontables intentos de olvidarle por otoños prolongados.
En aquella habitación que él hizo oscurecer llena de gemidos y secretos, quedaron grabados mis pecados más grandes, esos pecados que el beso lleno de ganas de probar más, más que mi sexo, mis pies, más que mi piel o mis senos. Mi cuerpo siguió completamente su ritmo, fue lento, medio violento, como un tren sin frenos ni salidas de emergencia, endemoniadamente fuerte pero adictivo. No fui capaz de razonar, cerré los ojos y me dejé llevar cada vez más, fue la conexión más íntima qué he tenido, fue excitante, hizo con mi cuerpo lo que sus deseos indicaban, enredandose en el lienzo perdido de mi piel y despeinando mi cabello.
Ya habitaba en mis pensamientos, se adueñó de todos ellos como la luz del sol se cuela por las persianas, como las gotas lluvia que mojan lentamente cualquier superficie, despacio pero constante.
...Yo no quería escribirle, no quería que el supiera que había preparado mi cuerpo desde que hablamos, que había encendido mis ganas, que había abierto mi corazon... porque sabía que si lograba expresar todos los pensamientos que en mi mente no lograba procesar terminaría enamorándome. Entre risas, inquietud y soledad, siempre estuvo ahí, en mi lado izquierdo.
He quedado completamente expuesta....











