Que él ya la estuviera alejando, era un golpe duro y certero para la castaña, era el golpe de realidad de sus palabras que no quería saborear hasta unos segundos después, quería disfrutar de esa necesidad de estar tan cerca y tocarlo por unos momentos más antes de que todo se fuera poco a poco destruyendo. Por un momento pensó que quizá el podría aceptar esto con madurez, con una vista alta a la situación y darle el punto de la razón a Mia, pero parecía como que eso no iba a suceder, a medida que Mia seguía hablando, veía como Julien cada vez se veía más mal y se odiaba por eso, se odiaba por estar negando al ser que más quería en ese momento, se odiaba porque quizá una oportunidad así no se daría en tanto tiempo, aunque bajo toda esa culpa, bajo toda esa capa de culpabilidades, de tristezas y de negaciones. Muy al fondo había una capa de inseguridad en el corazón de Mia, uno que la ha estado atormentando de pequeña y era esa base, esa tan endeble, la que hacía que todo esto no pudiera ver la luz. Escucho la voz grave de Julien y abrió los ojos cuando escucho el final. “No es estúpido, es todo menos estúpido. ¡Porque tengo miedo a siquiera destruir lo nuestro! ¡Porque quiero que funcione de verdad! Y sé que no tendrá el mejor comienzo cuando mujeres se te sirven en bandeja de plata, porqué incluso el más fiel de los hombres no podría resistirse” Exclamo la castaña con frustración toda una imagen del futuro se desplegó en su mente, vio una relación que no estaba lista, unas peleas sin fin y por ultimo a ambos llorando, veía todo como una tragedia todo por culpa de una inseguridad que le costaba admitir. De hecho, toda la situación la empequeñecía, sus hombros estaban abajo, su cabeza escondida, todo haciéndola lucir más pequeña de lo que ya era. “No me respondas así, Julien, estoy tratando de que no caguemos nuestra intimidad, la única y especial que tenemos.” Argumento, pero más que para que Julien le creyera, era para creerse a sí misma, quien cada vez más veía que la situación no era buena. Cuando lo escucho hablar de nuevo, los ojos de Mia ya estaban brillosos, se sentía culpable de sus acciones y no segura si en verdad era para el bien mayor como ella pensaba al comienzo. “Julien, no, no digas eso.” Mia se incorporó, un tono de desesperación corría por su voz, tomo su mano para que no se fuera y la mirara, no podía destruir la relación de ambos en un mismo día. “Cuando la gente se vuelve algo más que amigos, después de eso no hay un sano retorno, no se puede volver exactamente a lo que se era antes de eso y ocasionalmente…la mayoría de la veces, uno se termina alejando al punto para que no se vean más y yo no puedo tener eso contigo, Julien.” Al momento en que la castaña decía esas palabras, su mirada estaba gacha. “No manejo bien las situaciones cuando la gente se aleja de mí y no sabría qué hacer si termináramos apartados, no puedo dejar que te vayas” Todo esto era culpa de su padre, aquel imbécil que abandono a sus hermanos, a su madre y a ella por algo que ni siquiera lo valía, que ni siquiera era el equivalente, la dejo en un momento tan crucial de la vida de Mia, que Mia tuve que crecer con ese miedo al abandono, al despecho y al alejamiento de los que quería, sabía que era un problema suyo, pero un problema que la estaba afectando hasta el día de hoy.
Quizás las palabras que minutos atrás le había dedicado la castaña habían dolido, si, porque de alguna manera lo estaba alejando y no de una manera física, eso era casi imposible después de saber que serían compañeros de habitación, sin embargo la chica lo estaba alejando a nivel sentimental, algo que incluso dolía más, más de lo esperado. Jamás imaginó encontrarse en esa situación tan... vulnerable ante alguien y eso lo hacia sentir enojado, no con ella, sino consigo. Y ahí observando la tersidad de su piel mientras Mia le pedía no comenzar algo que podría acabar fatal, pero, ¿no era ese un buen riesgo con tal de poder estar juntos en otro nivel? Quizás jamás lo sabría, no iba a obligar algo que no tenía ni comienzo ni fin. Había tantas sensaciones encontradas provocando un terremoto dentro de él, pero no podía verla en aquella situación dónde parecía tan frágil, lo cual le obligó a recomponerse casi de manera inmediata, o al menos tratar. No sería él quien le haría daño. Acunó su delicado rostro entre sus manos, sus pulgares se encargaron de regalarle suaves caricias mientras sus orbes conectaban con aquella mirada dónde bien deseaba perderse. “Lo siento, ¿de acuerdo? Fui duro, yo... no quería hablarte de esa manera, sólo, no tengo ninguna excusa barata pero es que...” suspiró antes de liberar sus próximas palabras. “Se siente tan mal perderte incluso antes de tenerte. Tú y yo tenemos una conexión asombrosa, Mia.” su voz estaba más tranquila, él estaba más tranquilo, quizás asimilando la situación o quizás sin pensar en absoluto. “Los seres humanos estamos llenos de conexiones, no podríamos vivir sin ellas y los dos tenemos personas importantes en este lugar, ¿cierto?” una de esas personas era su amigo de la infancia, ¿cómo podría ignorar eso? “Sólo me queda decirte que disfrutes tu estadía en este lugar, yo me mantendré alejado al menos de la manera en la que me lo has pedido.” Sus manos buscaron las de su contraria donde dejó un par de garabatos trazados en su piel con tan sólo las yemas de sus dedos. “Nunca te voy a dejar Mia, no como amigo.” las palabras que realmente deseaba decirle estaban atoradas en su garganta, no podía liberarlas, no podía ser tan egoísta. Después de todo avanzar probablemente no era para ellos, sin mencionar que había personas importantes en el camino y tampoco deseaba lastimarlos.”Olvidemos toda esta situación incomoda, ¿de acuerdo?” trató de restar importancia a todo lo que estaba sucediendo y se acercó a la puerta para poder salir. “Ahora, iré a ver si puedo asaltar un poco la cocina.” no podía quedarse en ese lugar, al menos no en ese momento. “Te veo luego, ¿de acuerdo?” su casi imperceptible sonrisa hizo resaltar sus hoyuelos antes de que decidiera salir de la habitación.