Paseaba por los pasillos de la mansión con un libro en mano, centrada en la lectura y en no tropezar con nada a su alrededor, cuando comenzó a escuchar música que provocó que danzara a cada paso y sus pies la guiaran hasta que encontró de dónde provenía y se adentró en aquella habitación sin siquiera advertir si alguien se encontraba allí dentro. Con una sonrisa en la cara cruzó la puerta, dispuesta a abandonar la lectura y ponerse a bailar por cada rincón, pero no contaba con la presencia del rubio cuya voz supo reconocer de inmediato. “¿Demian? ¿Q-qué haces aquí?” Cuestionó confusa, siendo la impresión de encontrarse con él de nuevo la que se encargó de borrar la alegría que tenía. Tragó un poco de saliva y se cruzó de brazos, dejando encima de un mueble el libro. “¿P-por qué estás tú aquí? ¿Por qué yo no sabía que estabas aquí..?” Preguntó ahora, siendo la segunda interrogante para sí misma, y es que había revisado con detalle los perfiles de todos los habitantes de la mansión, sabía quien había llegado y quién se había ido, sabía sus nombres… ¿Por qué no sabía que él estaba allí? ¿Sería acaso una estrategia de su padre?, porque claro, él pudo creer que si ella se enteraba de la presencia del rubio en la casa podría no aceptar la misión que le habían encargado.
Una presión eln el pecho surgió de un segundo a otro. Infinitas veces se había imaginado cómo sería el reencuentro con la rubia, inclusive practicado en el espejo un par de veces las palabras exactas que diría una vez estuviese frente a ella. Claro que eso había sido mucho tiempo antes de que el joven se dispusiera a crear una nueva vida, encontrar la felicidad en una chica que nunca estuvo en sus planes, pero de pronto se había adueñado de todos ellos. El recuerdo de la mujer que ahora tenía al frente se desvanecía con el tiempo, dejaba, aunque con dificultad, de pensarla a cada minuto del día como lo hizo por largos meses. Dicen que cuando menos lo esperas, es cuando llega y efectivamente esa era la forma en la que la fémina ahora se proyectaba frente a sus orbes azules, dejándolo incrédulo, atónito, y un poco embobado por ese porcentaje de atractivo que de manera notoria había aumentado en ella, siendo ahora mucho más hermosa de lo que la recordaba, y con lo mismo, dañina para el estado psicológico y emocional por el que el rubio atravesaba. “Y-yo vivo aquí desde hace varios meses ya...y, bueno, yo tampoco sabía q-que estabas en la-- que estabas aquí.” Tartamudeó, víctima de ese incontrolable nerviosismo que surgía en él en momentos como ese, contando con una presencia que de una u otra forma lograba ser mayor de lo que él podría contener. “P-pero es muy lindo volver a verte.” Intervino, tratando de eliminar un poco de la tensión que inundaba el ambiente. Un verso de la canción volvió a captar su atención, haciéndolo esbozar una pequeña sonrisa ante la ironía del reencuentro con alguien con quien solía bailar frente a millones de personas en un pasado, alguien con quien compartía esa sensación que durante poco tiempo en su vida tuvo el honor de experimentar. “Y ahora que estás aquí, ¿t-te gustaría bailar conmigo? digo, si no q-quieres está bien, pero en verdad no quiero dejar pasar esa canción.”














