Todos los poemas perdidos en el bolsillo
Siempre estás en cada esquina, cada ciudad.
Que tu voz es pasajera, no se detiene en mi.
Atraviesa el mundo con sus tinieblas y virtualidades
Se reúne en las plazas con otras voces, en el rito,
Atraviesa catedrales en el grito.
Hay que oír, el impredecible instante que alguien
Nos corresponde del otro lado de la calle, de la vida
Con irremediable complicidad de compartir
El colectivo social, la vanguardia cultural naciente
Sobre un mañana que calma, que tu voz es pasajera....
Viaja ligera, como con ceguera sin detenerse
Y presté oído, corazón y ombligo a tu viaje
Que comenzó en aquella esquina, buen lugar para empezar
a cambiar el mundo, uno por uno.
Siempre estás en cada esquina, cada ciudad
Tanto así, te conviertes en el mito escrito de las paredes
En el fuego de las miradas que incendian los ayeres
En el abrazo que contiene, inflexible, un presente que cambia
Los héroes nocturnos, poetas vagabundos
Que en cada vereda ven el túnel y una rayuela
Cicatrices de la patria y una bandera.
Transformando voces y miradas en tiza o tinta.
Porque por cada gatillo fácil hay un latido eterno
Y es preciso corresponderle en el asfalto
Paso a paso, codo a codo, lágrima y viento.
Y es necesario sostenerle con lucha
Paso a paso, codo a codo, bravura y aliento.
Paisanos, luchadores, con el sol de abrigo
Enredados, entrometidos, sin olvido
Centavos de vida por cada taxi, por cada avenida
Cuanto lejos está el hogar
Cuanto cerca está la eternidad
Si somos capaces de barrer las penas en la ciudad
Marchando, nunca quietos, siempre nietos.
Si el colectivo se detiene cada tres cuadras
Cada cuatro recuerdo algo, tarde para bajarse.
Y es así la llaga irritada de la boca cerrada
Arde de nostalgia pero no arde de silencio.
De los paisajes urbanos me quedó el humo,
La niebla matutina, las escobas de las vecinas,
Las baldosas partidas, los diarios y los distraídos.
Que no son poca cosa, alcanza para despabilarse.
El barrio se quedó con tus mañanas
Y vos te quedaste con sus atardeceres.
Pero la noche es mía, a veces...
Y si llueve, necesito un timón para volver
Si el sol se empaca, se derrite tempranero,
Me deja a merced del cordón y del suelo
De las sombras y los perros.
Se encienden así las ventanas chismosas,
De simétrica curiosidad que espían mi regreso,
Retorno en diagonal a las bancas vacías
Que esperan nuestra pausa, si es que la hay