‘ me gustaría hablar uno de estos días con tu hermana, y así sé en qué otro aspecto lo eres. ’ una sonrisa, que se muestra auténtica, adorna su fas. existe realidad / verdad tras los vocablos masculinos, sílabas que se hilan despreocupadas y en cotidianidad, se siente cómodo en compañía masculina aún cuando la inclemencia lo acorrala y la preocupación marca tonos violáceos bajo orbes. sin embargo, aquellos hombros descendidos y serenidad en rostro sólo se transforman en tensión de músculos, en molestia naciente y en reproche que quema en cuerdas vocales. ve en desmedro de sus habilidades, las propias, ya poseyendo demasiados demonios para agregar al portador del título de la ira ( qué irónico ) entre ellos. noches en vela, caída en los ranking y del propio grupo, se lástima su orgullo y se pregunta a sí mismo si necesita más entrenamiento o un menor peso del poseído. quizás alguna cirugía, un cambio de color de cabello, algo que lo aleje del inevitable olvido; que lo vuelva especial, sí como lo es quien se enfrenta a sus orbes en su mente. ‘ si tú eres malo, ¿qué somos el resto que está bajo el cinco? ’ interroga, voz suena ausente y pie marca distancia entre ambos, no anhela cercanía ni tacto, no busca lástima, sólo que por un segundo se observa desde la posición de quien nuevamente se encuentra al borde del abismo. pierde todo, no vale nada; sólo es ego y orgullo, quién diría que escenarios como aquel serían necesarios para aterrizar pecadora soberbia. ‘ no lo mereces — ’ sorna aparece en rostro, quién diría que en un instante ilusión de encontrarlo se transformase en lápida, agradeciendo el mantener obsequios en secreto y posteriormente en basura. ‘ ¿no te cansas de autolamentarte, hyunmin-ah? ’ se olvida del honorifico, de los límites, es él desde su posición de fracasado por culpa de los malos movimientos del otro, nuevamente el rencor surge en entrañas, se vuelve realidad y orbes hacen frente al pelinegro. lo detesta. ‘ toda tu promoción lo hiciste y fuimos el resto el que pagó por eso. ’ la elección de un mal concepto para él mismo, coronado como un príncipe encantador que sólo es capaz de cantar y correr con sus dígitos sobre piano, un llamado completamente contrario al de su interlocutor. ‘ no tienes que pedirme disculpas a mí, pidete disculpas a ti. ’ sentencia, así como él mismo debía culparse por sus errores, por ser tan irrelevante como es y rendirse, quizás, así como tantos nombres lo habían hecho a lo largo del avance del programa. entonces, mano se aventura en bolsillo, figura de ninja de rubia cabellera y chocolate a punto de comenzar el derretimiento, chocan contra pecho impropio; manteniéndose aún sostenidos por dígitos ‘ y empieza a valorar lo que tienes, o lo perderás todo. ’ finaliza con tensión en mandíbula y, por primera vez, profundidades café enfrentando las suyas.
quizás en la inocente cualidad perdida de la conversación podría encontrar algo para examinar, en ese deseo inicial, casi iluso, de hacer caso a divagaciones ajenas y presentarle a través de la pantalla del móvil a quien representa parte más importante, más íntima. lo pensó, ahí cuando aun era sonrisa la que gobernaba conversación, y estuvo a punto de formular una promesa que, ahora nota, no habría podido cumplir. tal vez es lo mejor. no hay nada que deteste más que una oferta sin intenciones de ser completada. “ ¿yo como voy a saberlo? no controlo las posiciones. unos suben, caen, vuelven a subir— sabes bien a lo que me refiero. ” hay frustración alzándose en su voz, en la línea de desconcierto entre sus cejas, y es la primera vez en toda la competencia que va dirigida a alguien que no fuese la imagen que ve reflejada contra el espejo. piensa, fugazmente, frenéticamente, que tal vez aquellos seleccionando cualidades dentro del grupo otorgado no estaban tan equivocados, después de todo. podría ser solo una mala interpretación: la ira que representa no es aquella mostrada en propias acciones, sino la despertada / llamada en otros. desde aquel punto de vista ya no parece tan extraño; este escenario lo ha visto repetido en pasado, aunque nunca antes tan claro. porque cree entender por fin la pieza del misterio que antes no parecía encajar, que había delegado ante la desaparición de su influencia, y qué tonto, olvidarse por completo de su intuición. “ ¿hace cuánto tiempo me vienes culpando por tu fracaso? ” ignora la insolencia de prosas pasadas, el nombre personal fabricado especialmente para herir, y la expresión morfa de confusión a hielo. no lo cree equivocado, es aquel un fantasma del que ha sido víctima en cada uno de sus desvelos, mas es la revelación de aquello que por fin le sabe a verdad lo que le arrincona a una reacción antaño predilecta, paredes erigidas con una cualidad casi invisible, esas extremidades que minutos antes buscaban cercanía otorgando ahora mucho más espacio entre ambos. no es suficiente para evitar el contacto, la mano que choca suave contra pecho, y aunque atención se enfoca breve en el movimiento, es la mirada que le dedica, y sus palabras, donde ojos de enfocan. siente la repetición de las mismas palabras en voces diferentes, tonalidades distintas, de preocupación a hostilidad a burla, y no le encuentra el sentido a quedarse allí para observar la reiteración de lo mismo. resopla, y con un paso en retroceso final corta el vínculo físico. “ gracias por el consejo, y la sinceridad. han sido esclarecedores. ” rompe contacto visual, recoge la mochila que en algún momento ha terminado sobre el suelo, y se da la vuelta para alejarse, sin ganas ni intenciones de esperar respuestas.